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Bosman: El jugador que hizo multimillonarios a los futbolistas pero a cambio quedó en la ruina

El polaco Robert Lewandowski aprovechó de la ley Bosman para dejar el Borussia Dortmund y fichar por el Bayern Múnich.

Bosman: El jugador que hizo multimillonarios a los futbolistas pero a cambio quedó en la ruina

Un jugador vale US$90 millones aquí, otro ficha por US$65 millones allá... en total, el pasado mercado de transferencias en el fútbol europeo movilizó la cifra récord de más de US$3.000 millones.

Pero ni uno de esos dólares fue a parar a la persona que hace 20 años transformó el mundo del balompié y permitió el libre tránsito laboral de los futbolistas. Sus colegas se beneficiaron de su lucha, él no.

Incluso su nombre, Jean-Marc Bosman, no suele ser reconocido por las nuevas generaciones de aficionados, desconocedoras de que fue él quien ayudó a darle forma al fútbol moderno.

Fue un 15 de diciembre de 1995, cuando Bosman salió del Tribunal de Justicia de la Unión Europea con una victoria que convirtió a las principales ligas de fútbol del viejo continente en un mundo multicultural y que agregó un nuevo sustantivo al léxico deportivo: "un Bosman".

Fue un triunfo que benefició a los jugadores que finalizaban sus contratos, quienes a partir de entonces ya que no necesitaron de la autorización de sus clubes para negociar jugosos acuerdos con otros equipos y decidir el destino de sus carreras.

Esto cambió la balanza de poder y terminó disparando el valor de los jugadores en el mercado.

Pero para Bosman se trató de una lucha que acabó con su carrera como jugador y estuvo cerca arruinar con su vida.

Cinco años

"Hubo muchos problemas, pero estoy mejor ahora", le contó Bosman a la BBC tras ser consultado sobre su período en prisión, bancarrota y alcoholismo.

"Mi vida ha comenzado de nuevo. He recobrado la fuerza y me siento motivado", dijo.

"No ha sido fácil conseguir trabajo después del veredicto, pero no me quejo. El túnel está cerca del final".

Bosman entró en ese túnel en 1990 cuando su contrato con el club belga RFC Lieja finalizó. El equipo quiso renovarlo, pero como tenía problemas económicos sólo le ofrecieron un 25% de su salario.

Fue cuando apareció el Dunquerque del fútbol francés, que mostró interés en comprar a un jugador que había sido internacional con Bélgica en las selecciones inferiores. El Lieja aceptó, pero sólo a cambio de recibir cuatro veces lo que había pagado por el futbolista.

"Era ilógico", dijo Bosman, explicando el momento en el que decidió luchar por la "libertad de los futbolistas" al demandar a club, la federación belga y la UEFA por impedir su libre tránsito laboral como cualquier ciudadano de la Unión Europea.

Sus abogados pensaron que el proceso duraría dos semanas, pero se extendió durante cinco años.

"Excepto yo"

Sin poder jugar en Bélgica, Bosman trató de revivir su carrera pero fue evidente que su implicación en el proceso judicial lo hizo una persona poco atractiva para los dueños de los clubes.

Sin una alternativa clara, cansado, sin dinero y fuera de forma, aceptó 350.000 francos suizos (unos US$350.000) en daños y perjuicios en su victoria en los tribunales.

A partir de allí comenzó un nuevo calvario.

Le fue mal en un negocio de camisetas (esperaba que iba a tener respuesta de sus colegas de profesión como un gesto de agradecimiento, pero sólo el hijo de su abogado compró una) y tuvo problemas de impuestos.

En 2011 fue condenado por agredir a su novia y sentenciado a un año de prisión en 2013. Fue cuando apareció el sindicato de futbolistas profesionales, Fifpro, para ayudarlo.

"La mayoría de los jugadores no serían capaces de reconocerme pero todavía se sigue hablando de mi caso. Creo que eso es positivo", resaltó Bosman.

"Tal vez yo no esté en 20 años, pero si para entonces alguien se acuerda de mí le daré los datos de mi cuenta bancaria. Todos se han beneficiado de la ley Bosman excepto yo", dijo.

La lucha continúa

El exjugador belga es ahora un portavoz de Fifpro en la campaña que lleva adelante el sindicato para abolir completamente el pago por el fichaje de jugadores, una batalla de más de 125 años entre los clubes y los futbolistas.

El eterno tira y encoje ha tenido nuevos episodios en los últimos años y según Fifpro los clubes, con ayuda de los organismos reguladores como la UEFA y la FIFA, han recuperado el control sobre los futbolistas.

"Nosotros no estamos tratando de matar a los clubes más grandes ni las ligas", dijo el secretario general del sindicato, Theo van Seggelen.

"El deporte es inusual, pero debe ser razonable. Es una actividad económica, un negocio y debe respetar las leyes", dijo el dirigente.

Es por eso que para Bosman su lucha no ha terminado.

"En mi época los clubes vendían gallinas, caballos, mulas y cerdos, pero no humanos".

"Los jugadores deben ser considerados como trabajadores, punto. De eso se trata la ley Bosman, y debemos regresar allí", aseguró.

 

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