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La vulnerabilidad del Bayern

El Gladbach demostró que el Bayern no es invencible y que tiene problemas cuando no puede dominar.

Crédito: DW
El Gladbach demostró que el Bayern no es invencible y que tiene problemas cuando no puede dominar.

La victoria del Gladbach (3-1) le mostró al mundo y a la Bundesliga que el Bayern no es invencible, y que por bueno que sea el equipo de Pep Guardiola, este también tiene debilidades que los rivales pueden aprovechar.

Hay verdades fundamentales que ni siquiera una contundente derrota puede echar abajo. Por ejemplo: el Bayern es el principal candidato a (volver) ganar la Bundesliga esta temporada; el Bayern es actualmente quizás el mejor equipo del mundo; el planteamiento táctico del entrenador Pep Guardiola es hoy por hoy ejemplar para el fútbol internacional por su flexibilidad, variabilidad y riqueza de recursos.

Lo que una derrota 1-3 sí logra poner en entredicho es la vulnerabilidad de un equipo que hasta hace apenas unos días era considerado prácticamente invencible, y ante el cual los rivales llegaban casi que doblegados de antemano. Al Bayern hasta ahora se le encaraba con una predisposición a la rendición pues se tenía al frente a una potencia que sin reparos -partido tras partido- no escatimaba esfuerzos para exhibir e imponer su superioridad.

El fin de un mito

La creencia popular en Alemania era que al Bayern solo se le podía vencer cuando el equipo de Pep Guardiola tuviera un día muy desafortunado, o cuando sus jugadores se desentendieran del partido por considerarlo irrelevante, innecesario, o superfluo. En otras palabras: al Bayern no se le ganaba, el Bayern perdía por su propia cuenta.

El Gladbach, sin embargo, acabó con ese mito. “El Bayern sigue siendo el mejor equipo del mundo, de eso no hay duda, pero nosotros demostramos que incluso al mejor se le puede ganar sin depender solo de la suerte” le dijo a Deutsche Welle Raffael, la estrella latinoamericana del Gladbach, equipo que en 14 minutos develó todas las debilidades bávaras, que no son muchas, pero si suficientes como para sacarles provecho y transformarlas en buenos resultados.

El entrenador Andre Schubert, al igual que en su momento Jürgen Klopp con el Dortmund, entendió que el primer paso para enfrentar con éxito a Pep Guardiola es no sucumbir por adelantado a la presión sicológica de su equipo. El Bayern se ha acostumbrado a ejercer un abrumador dominio desde el principio de cada partido, robándole así la confianza en si mismos a los rivales, que minuto a minuto ven como son arrollados sin que sus esfuerzos sean recompensados.

El Gladbach sorteó con coraje ese primer reto, y no solo aguantó sino que encaró de tú a tú al Bayern, al que en vez de esperar, salió a buscar. “El secreto fue atacar bien adelante en sus líneas”, describió Raffael la clave del triunfo de su equipo, que además buscó constantemente los duelos hombre a hombre que le permitieron en el peor de los casos estorbar la fluidez del juego bávaro, y en el mejor recuperar el balón en zonas desde las cuales les fue posible crear acciones de peligro.

El trabajo que le espera a Guardiola

Una vez el Gladbach se apoderó de la pelota desnudó el talón de Aquiles del Bayern. Cuando un rival que enfrenta al equipo de Pep Guardiola logra pasar con velocidad de defensa a ataque posicionando detrás de la muy adelantada línea de defensa bávara un receptor para los pases, la opción de gol es automática.

Internacionalmente son pocos los equipos que han alcanzado esa meta. Pero los que lo han hecho le han causado mucho daño al Bayern: Real Madrid y Barcelona, ambos eliminando al club alemán de la Champions League en las dos últimas semifinales de la competición. En la Bundesliga hasta ahora solo el Wolfsburgo –la temporada pasada-, el Dortmund (en las Supercopas alemanas del 2013 y 2014), y en esta ocasión el Gladbach, le han sacado provecho a ese vacío táctico en el sistema de Guardiola.

En los próximos meses al entrenador del Bayern le tocará buscar alternativas de solución a esa “falla del sistema” distintas a las del simple dominio opresor con el que hasta ahora ha logrado encubrirla. Además, Guardiola tiene otra tarea importante por cumplir si quiere evitar que la segunda parte de la temporada se le convierta en un gran problema: la estabilidad del equipo cuando va en desventaja.

Mientras el Bayern marca el ritmo del juego, la propuesta de Guardiola funciona como una maquinaria perfecta. Otra cosa sucede cuando el rival también propone, y aún más complicado se pone el panorama bávaro cuando a ello se le suma un gol en contra. El Bayern de Guardiola está hecho para dominar y los que se rebelan con argumentos le dificultan la vida.

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