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Cómo Argentina sacudió a Irlanda y a la élite del rugby europeo

Los Pumas conquistaron a los especialistas y aficionados por su manera "alegre y audaz" de jugar al rugby, un estilo que, como comenta el Blog de Lalo, supuso un cambio radical de la cultura de su juego.

Crédito: BBC Mundo
Juan Martín Fernández Lobbe celebra junto a su hijo al final del partido que clasificó a Argentina por segunda vez a la semifinales de un Mundial de Rugby.

La aplastante victoria de Argentina ante Irlanda (43-20) en cuartos de final del Campeonato Mundial de Rugby es uno de los resultados más impactantes en la historia de este deporte y confirma la hegemonía de las potencias del Hemisferio Sur, ya que los otros semifinalistas serán Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica.

El comentarista irlandés Liam Toland, del Irish Times, señaló, sin asomo de ironía, que el equipo del trébol, bicampeón de las 6 naciones (es decir, el mejor equipo europeo) "sufrió con y sin la pelota" ante el equipo supuestamente menos poderoso de "las naciones (más fuertes) del Sur".

Ben Dirs, destacado comentarista de BBC Sport, quedó tan impresionado que el primer párrafo de su crónica podría ser firmado por algún colega argentino en un rapto de entusiasmo:

Juan Imhoff se lanza con toda la fuerza de los Pumas para apoyar el ensayo que sentenció la victoria sobre Irlanda.

"Tome nota, Stuart Lancaster (el entrenador de Inglaterra): eso es cultura. Ambición, estilo, habilidad, crueldad y alegría combinadas. No nacieron de dictados de preceptores escolares, sino que surgieron del corazón. Lancaster tuvo cuatro años mientras que Argentina creó una nueva cultura en tres".

Dirs y otros analistas de distintas nacionalidades coinciden en saludar la irrupción de una nueva forma argentina de jugar al rugby, más completa y flexible, que en vez de escudarse en el arrollador andar de sus delanteros, tan buenos en las melés o scrums, agrega un contraataque mortífero.

Los Pumas ya no van tanto al choque; ahora buscan el espacio, los pases, las combinaciones, con mayor participación de una zaga temible (un comentarista delTimes, Stuart Barnes, compara al wing Juan Imhoff con el neozelandés Julian Savea), un estilo que hace al juego más atractivo y también más eficaz.

Las cuatro naciones

Al hablar de una evolución madurada en tres años, Dirs se refiere a la participación del seleccionado argentino en el Rugby Championship, torneo anual de las principales potencias del Hemisferio Sur, que desde 2012 incluye a los Pumas, además de los All Blacks, los Wallabies y los Springboks.

Los primeros años fueron aparentemente decepcionantes, debido en gran parte a que la mayoría de los jugadores argentinos actuaban en clubes europeos, con el consiguiente desfasaje temporal y también táctico.

Argentina aprovechó su participación en el rugby Championship para cambiar su estilo de rugby.

Los Pumas consiguieron su primera victoria en 2014, ante Australia, en Mendoza, y este año superaron a Sudáfrica en Durban, mostrando ya claros signos de su remozada personalidad deportiva.

Agustín Pichot, excapitán de los Pumas, que ha tenido un papel protagónico en el ingreso de Argentina a "Las 4 Naciones" del Sur y en los planes para el desarrollo futuro del rugby en su país, le dijo a Dirs que la semilla de la transformación fue sembrada en una charla con el técnico Graham Henry.

"¿Cómo podemos ser más exitosos", preguntó el argentino.

"Ustedes tienen que marcar más ensayos", replicó el neozelandés, que entonces se desempeñaba como asesor técnico de los Pumas.

No llega al nivel del fútbol en cuanto a popularidad, pero Los Pumas cuenta con el apoyo de una apasionada afición.

Esto suena a simplificación, a anécdota conveniente para explicar un proceso complicado, pero su eficacia se debe a que, en el fondo, es así de simple.

Una de las razones por las que Argentina no marcaba tantos ensayos como las otras tres potencias del Sur era que la mayoría de sus hombres jugaba profesionalmente en clubes europeos, muchos de ellos en Francia e Inglaterra.

Y los equipos europeos comparten una predilección por el juego de choque, los melés, los placajes. Así como en el sur se juega un rugby más aventurero, más audaz, arriesgando más con pases, aprovechando la habilidad técnica de los jugadores, los europeos insisten en concentrarse en movimientos básicos.

En el Sur expanden el juego, lo abren, arriesgan; en el norte cierran las escotillas, comprimen el juego, se busca el choque como primer recurso.

Evolución

La necesidad es la madre de la invención, es lo que quiere decir Pichot: si Argentina no transformaba su juego no podría beneficiarse de su participación en el Rugby Championship del Hemisferio Sur.

Nicolás Sánchez es una de las figuras de la selección.

Y esa transformación, demostrada en el Estadio Millenium de Cardiff, se profundizará a partir del año que viene, cuando un equipo argentino profesional, formado por internacionales que vuelven al país, participará en el torneo de clubes del Hemisferio Sur.

Los profesionales argentinos que sigan jugando en clubes europeos no serán llamados por los Pumas. Este es otro de los riesgos calculados por los dirigentes argentinos, que hasta hace poco se contaban entre los más conservadores del mundo.

Muchos volverán y seguirán absorbiendo la nueva mentalidad de juego. El proceso es fascinante.

Todo esto dará a los Pumas una mayor compenetración con el espíritu de aventura y el juego más espectacular que caracteriza a los grandes equipos del Hemisferio Sur.

Rechazo

Es irónico comprobar que esta evolución, que tanto impresiona en el ámbito del rugby, haya sido posible por el rechazo de los dirigentes europeos a la antigua aspiración argentina de participar en el torneo anual de las principales naciones rugbísticas del continente.

Los argentinos y sus aliados proponían que los Pumas participaran en ese torneo, que se llamaría entonces "de las 7 naciones", jugando en Europa tanto los partidos de "visitante" como los de "local".

Para Argentina fue positivo que las potencias del rugby europeo le cerraron la puerta y pudo medirse contra Nueva Zelanda y Australia.

Esto fue rechazado tras el Mundial de 2007, alegándose razones de organización y coherencia geográfica, pero en el fondo porque la participación argentina no resultaba económicamente atractiva: la TV argentina no podría pagar mucho y los aficionados argentinos en Europa no son muy numerosos.

La salida más razonable era la participación en el torneo de las potencias del sur, aunque estas también se resistían por razones económicas.

Ben Dirs dice que si Argentina hubiera sido aceptada en el ámbito europeo, su juego tendría muchos de los defectos de equipos como Francia, Gales e Inglaterra, en vez de adaptar con un enfoque latino la convicción de las potencias del sur: "el éxito surge del juego en todo el campo, a través de recursos técnicos aplicados con precisión y rapidez y buscando espacio en vez de choque".

Suena fácil. O por lo menos así les parece a Agustín Pichot y a esta nueva generación de Pumas.

 

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