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Novak Djokovic: la ambición sin límites del niño de Belgrado

Tuvo un año de ensueño en 2015, en el que únicamente se le escapó Roland Garros, el único Grand Slam que no ha conquistado.

Crédito: Reuters
Novak Djokovic: la ambición sin límites del niño de Belgrado

AFP

A la edad de 7 años Novak Djokovic decía en la televisión serbia que quería ser el número 1 mundial: Con 11 títulos de Grand Slam en el bolsillo, el campeón ha superado sus sueños de infancia y con 28 años está en condiciones de convertirse en el mejor tenista de siempre.

Marcar la historia de su deporte es "un imperativo", dijo Djokovic en la víspera de su sexta victoria en el Abierto de Australia, que le sirve para alcanzar en el palmarés histórico de Grand Slam a las leyendas Rod Laver y Bjorn Borg.

Todavía le quedan tres para alcanzar a Rafael Nadal y seis para igualar a Roger Federer, los dos hombres a los que ha sometido en los últimos años.

"Estúpida", dijo Federer acerca de la pregunta de un periodista, que quería saber si consideraba que el dominio de Djokovic se podría extender varios años debido a la debilidad de la nueva generación.

Esta reacción es una muestra de la frustración de la leyenda suiza, incapaz de encontrar el antídoto ante el serbio, como se vio en la semifinal que disputaron el jueves en Melbourne.

¿Quién iba a decir en la temporada 2011 que Djokovic se encontraría en esta posición cinco años más tarde?

Hasta ese año el jugador tenía un bonito palmarés desde su llegada al circuito en 2003: 18 títulos, un Grand Slam (Australia 2008) y un Masters, además del número 2 mundial. Buen trabajo, pero lejos de cualquier leyenda del tenis.

Marcado por la guerra

El serbio visitó nuestro país en 2013. Agencia Uno

Si hay alguien que no se sorprendería del salto cualitativo del serbio sería Jelena Gencic

También en el origen de la carrera de Monica Seles, fue la entrenadora que descubrió al pequeño Djokovic, entonces con 5 años y medio, en la estación de esquí de Kopaonik, donde su padre, Srdjan, tenía una pizzería cerca de una pista de tenis.

Gencic, fallecida en 2013, le enseñaría los fundamentos del tenis. Pero también enriquecería personalidad, haciéndole escuchar música clásica y leer poemas de Pushkin.

Más tarde la familia Djokovic se mudó a Belgrado y como las estructuras del club Partizan no eran suficientes, hizo un esfuerzo por enviar al talento a una academia en Alemania. Quedaban tres años para que debutara como profesional.

Antes, la experiencia de la guerra de Kosovo en 1999 marcó profundamente al joven Djokovic. A los 12 años, para protegerse de los bombardeos de la OTAN sobre la capital serbia, dormiría dos meses y medio en los refugios antiaéreos. Los días los pasaba en una cancha de tenis porque los colegios estaban cerrados.

Muy patriota, aunque vive en Montecarlo, Djokovic siempre ha sostenido la causa serbia, pero ha intentado corregir la negativa imagen que dejó Slobodan Milosevic.

Fue de hecho la victoria en la Copa Davis 2010 "su mayor emoción en una cancha de tenis", un triunfo que le sirvió para dar el paso definitivo en su carrera.

Marido y padre

Djokovic en la final del Abierto de Australia ante Andy Murray. Reuters

Convertido en un fenómeno físico, según él después de empezar a seguir un régimen sin gluten, y más constante en su concentración, Djokovic ganó en 2011 el Abierto de Australia, Wimbledon, US Open y el Masters

Sólido en las tres temporadas siguientes, tuvo un año de ensueño en 2015, en el que únicamente se le escapó Roland Garros, el único grande que no ha levantado.

Espectacular en defensa con sus rápidas y elásticas piernas, cuenta con un gran servicio y es considerado el mejor restador del circuito. Djokovic no tiene un juego tan espectacular como el de Federer, pero alcanza un nivel de perfección nunca antes visto.

Fuera de las canchas también parece haber encontrado el equilibrio perfecto. En 2014 se casó con la mujer con la que comparte su vida en la última década y es padre de un niño de 15 meses.

"Intentar tener una mirada positiva sobre la existencia guardando una sonrisa en los labios", es una de sus frases de cabecera.

Culto, políglota, humilde en la victoria y en la derrota, siempre respetuoso con sus adversarios, Djokovic parece haber cambiado la imagen de "enfant terrible" que tuvo durante sus primeros años en el circuito.

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