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Los "antihéroes" en la historia de Juegos Olímpicos: "Lo importante es participar"

El registro de deportistas que participaron únicamente por invitación con marcas y resultados alejados de un atleta de élite.

Crédito: AFP
Antihéroes en la historia olímpica: "lo importante es participar"

A años luz de la lucha por las medallas y el halo de los grandes campeones, los Juegos Olímpicos también han incluido ejemplos de deportistas que participaron únicamente por invitación o por cuota de país, con marcas y resultados alejados de un atleta de élite.

El nadador ecuatoguineano Eric Moussambani o el equipo de bobsleigh jamaicano forman parte de esa "otra historia" olímpica, encarnando también el espíritu de los Juegos, pese a que ciertos críticos estiman que su participación no es justa y desvirtúa la competición deportiva.

Encantadores perdedores, sus carismas de antihéroes desataron pasión entre los seguidores de las competiciones y su principal capital fue mostrarse como la antítesis del lema olímpico "Citius, Altius, Fortius (más rápido, más alto, más fuerte), pues en sus salidas fueron los "más lentos, más bajos y más débiles".

Ejemplos hay por doquier: la nadadora de Guinea Ecuatorial Paula Barila Bolopa (peor tiempo de la historia de los 50 m con 1:03.97), el maratoniano afgano Abdul Baser Wasiqi (último en Atlanta 1996 con un crono enorme de 4hr 24min 17seg), el fondista haitiano Charles Olemus (tiempo de los 10.000 metros en Montreal 1976 con más de 42 minutos).

Antihéroes en la historia olímpica: "lo importante es participar"
La nadadora de Guinea Ecuatorial Paula Barila Bolopa, el peor tiempo de la historia de los 50 m con 1:03.97. (Foto: AFP)

En el debate, sus defensores se apoyaban en el argumento de que cumplían al pie de la letra el eslogan impulsado por el fundador de los Juegos modernos, el francés Pierre de Coubertin: "Lo importante no es ganar, sino competir".

El sistema de invitaciones cubre el cupo de verdaderos amantes del deporte por encima de los registros, que sigue vigente en Río 2016.

Moussambani, de Guinea Ecuatorial, continúa teniendo el más alto perfil de los perdedores adorables tras su paso por la piscina de Sídney 2000.

Alentado por una multitud rugiente y supervisado de cerca por socorristas, Moussambani nadó como pudo los 100 metros estilo libre, con un tiempo exorbitante de 1:52.72, un minuto más lento que otros corredores.

Más tarde reveló que había aprendido a nadar sólo meses antes de los Juegos y que nunca antes había estado en una piscina de 50 metros.

Antihéroes en la historia olímpica: "lo importante es participar"
Otro ejemplo es el nadador ecuatoguineano Eric Moussambani. (Foto: AFP)

De todos modos, Moussambani se convirtió en una celebridad del deporte en esos casi dos minutos, en los que eclipsó a otros nadadores de mejor rendimiento y se ganó el auspicio de un fabricante de trajes de baño.

Algo similar sucedió tras los Juegos de Invierno de Calgary con el carismático equipo de bobsleigh de Jamaica, que luego dio lugar a una película hollywoodiense.

Entre los enemigos de este tipo de espectáculo se mostró en ocasiones el ex presidente del COI, Jacques Rogge, quien señaló ya en 2003 que le gustaría deshacerse de las invitaciones para apagar la fama de esos héroes por accidente.

"Queremos evitar lo que ocurrió en la natación en Sídney", dijo Rogge en aquel entonces. "Al público le encantó, pero a mí no. Los Juegos Olímpicos son una mezcla de pura calidad – los mejores atletas del mundo – y, al mismo tiempo, atletas de menor calidad que logran la universalidad", acotó.

Independientemente del punto de vista de Rogge, el sistema de invitaciones permite levantar el nivel de naciones en desarrollo.

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