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Río 2016: por qué las piscinas olímpicas son mucho más rápidas que las otras piscinas

La consistencia del agua es crucial para lograr nadar más rápido. Para que una piscina sea "rápida" debe tratar de reducir al máximo la turbulencia y resistencia del agua.

Río 2016: por qué las piscinas olímpicas son mucho más rápidas que las otras piscinas

La piscina del Estadio Acuático Olímpico en Río de Janeiro ha sido escenario hasta ahora de 19 récords, seis de ellos mundiales, una cifra que ratifica la tendencia que en las Olimpiadas los nadadores suelen nadar más rápido.

Y la verdad es que asombra la cantidad de marcas que se superan cada cuatro años, por lo que surge la pregunta de qué tienen de especial las piscinas olímpicas si a fin de cuenta están llenas de agua como cualquier otra.

Pero lo cierto es que el líquido no es igual al que encontramos en una piscina tradicional o al de la mayoría de los centros de natación en el mundo.

La consistencia del agua es crucial para lograr nadar más rápido.

En 2013, el jefe de entrenadores de la Federación Británica de Natación, Bill Furniss, se quejó públicamente de la "rapidez" de la piscina que se estaba utilizando para entrenar al equipo nacional.

"Parece que tiene la perfecta profundidad, porque todo depende de la resistencia del agua", le explicó Furniss a la BBC en ese momento.

"También es con la consistencia. Debido a que tiene ozono y oxígeno ahí, (la piscina) es muy 'flotante', lo que permite a las persona nadar más rápido".

La profundidad a la que se refiere Furniss es tres metros, medida recomendada por la Federación Internacional de Natación (FINA) para todas las piscinas olímpicas o de alta competición desde los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008.

Las otras dimensiones estándar son 50 metros de largo y 25 metros de ancho.

Cuando se implementaron estas especificaciones en la capital china el resultado fue categórico: se establecieron 65 nuevos récords entre mundiales y olímpicos.

Si bien en aquellos Juegos Olímpicos la principal razón para que se lograran tantas marcas fueron los polémicos trajes de baño de poliuretano, que posteriormente fueron prohibidos, las dimensiones y características de la piscina también tuvieron su parte de responsabilidad.

De ahí que en Londres 2012, con 25 récords, y Río 2016, con 19, se ha mantenido la progresión de las nuevas marcas.

Al tener tres metros de profundidad, las piscinas olímpicas permiten a los nadadores una mayor flotación, al tiempo que reducen las turbulencias que generan sus movimientos debido a que las ondas se demoran más en llegar hasta el fondo y por ende se demoran más en regresar a la superficie.

Otros elementos que han ido evolucionando con la tecnología son las líneas de separación, los carriles de amortiguación y el drenaje.

En Río 2016, la piscina es de diez carriles, pero se utilizan sólo los ocho del medio. Los dos exteriores sirven para amortiguar las ondas de agua que se generan en cada serie y no perjudicar a los nadadores que están más cerca de las orillas.

Las líneas de separación también son más absorbentes de los movimientos y el drenaje se ha diseñado cuidadosamente para evitar que las ondas regresen al centro de la piscina.

La temperatura también se ha tomado en cuenta, ya que al estar entre 25ºC y 28ºC favorece a que los músculos estén en su punto de mejor rendimiento.

Asimismo, desde Londres se introdujo una nueva plataforma de salida que permite a los nadadores impulsarse con más fuerza y recorrer más distancia.

Todos son factores que en teoría permiten al nadador mejorar sus tiempos, pero no son garantías que eso ocurra.

A fin de cuentas hay otros elementos que son igual o más importantes, como la evolución del propio deportista y el estímulo que tenga.

Una diferencia clara se observa en Río 2016. Mientras en la competición masculina sólo se han logrado cuatro récords, en la femenina ya se han batido 15, incluyendo el de la estadounidense Katie Ledecky.

Ledecky logró un nuevo récord mundial en los 400 metros estilo libre con un tiempo de 3:56,46, casi siete segundos por debajo de la marca de la británica Becky Adlington en 2008, lo que refleja que el margen de mejora en la natación femenina es mayor que en la masculina.

Pero la clave para Ledecky es más sencilla: "Todos siempre quieren nadar lo más rápido que pueden en los Juegos Olímpicos".

 

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