El gambiano y el Mineraizazo, por Aldo Schiappacasse

El gambiano y el Mineraizazo, por Aldo Schiappacasse

Es tarde y aún suenas los petardos. Es Brasil que festeja su paso a cuartos y haber eludido a los holandeses, lo que estuvo en peligro hasta bien entrado el partido frente a Camerún. En la televisión repiten las declaraciones de un radiante Scolari y repiten los goles de Neymar, que se encamina a ser la figura del Mundial.

Chile hace rato dejó Sao Paulo rumbo a Belo Horizonte, de donde no se mueve hasta el sábado, cuando deba medirse contra los dueños de casa. No habrá más entradas para los chilenos, porque nadie en este país –paralizado durante todo el día por la víspera del encuentro- querrá perderse el duelo. Por alguna razón, acá a Camerún se le dice Camarones, y hoy se los sirvieron sin apuro, disfrutándolo, como si cada bocado fuera una delicia para paladares exquisitos.

Mientras estén en la fiesta, los brasileños postergarán las manifestaciones anunciadas, se sumarán a una fiesta que –ya ahondaremos en eso- ha tenido más color y menos problemas de los imaginados.

Me crucé con centenares de chilenos hoy por la tarde y el diálogo siempre conducía a lo mismo. Primero, el arbitraje. Honestamente, había que estudiar las estadísticas de la FIFA para entender que los holandeses son el equipo que más faltas comete en esta Copa del Mundo. Las utiliza como elemento del juego, como estrategia defensiva, y el principal reproche para el juez de Gambia (¿cuál es el gentilicio? gambiano, parece) es que no mostró amarillas a tiempo para Blind, Kuyt y De Jong, los que más golpearon. No me parecieron penales los que se discuten y el resto es sello de fábrica del equipo de Van Gaal. Las figuras de Chile fueron sus defensores más que los atacantes y eso nos dice que pese a tener la pelota carecimos de profundidad y movilidad para superar el muro que propusieron.

A propósito del técnico, calificó el planteamiento de su equipo como “astuto”. El empate los favorecía, le regaló la pelota y el terreno a Chile y nos cazó de contragolpe en el cuarto de hora final. Aquí viene la segunda discusión con los hinchas, que consideraron ratón el planteamiento de los naranjas.

Resulta que Van Gaal es citado por Guardiola en su ideario. Con el Ayax y Barcelona patentó un estilo flexible de juego del cual se nutrió, entre otros, Marcelo Bielsa. Pero también es mentor de Mourinho, un pragmático. Y ayer demostró que no tiene asco a la hora de transar conceptos básicos a la hora del resultado. La estrategia le salió perfecta, por más que nos duela.

Acostumbrados como estamos a atacar sin parar, a ser protagonistas, a no guardarnos, nos hemos convertido en un ave raris del fútbol mundial. Nadie juega tan osadamente como Chile, y eso sabe a miel cuando se gana, pero no admite, en el análisis, un contrincante más flexible, defensivo o pragmático en la derrota. De cara a Brasil, Scolari no se irá tan atrás, tendrá que buscar, y en ese sentido soy optimista: creo que la Roja tiene opciones de hacerle un partido cerrado a los locales. Complicarlos e incluso ganarles, porque no perdimos jugadores, porque estará Vidal desde el primer minuto y todos plenamente disponibles.

La confianza del rival –que sigue festejando el cruce con nosotros- y la fe de los jugadores hacen posible la ilusión. Se juega en el Mineirao, lo que hará difícil bautizar la hazaña si ésta se produce. Será raro, como el gentilicio de Gambia. ¿Haremos un gran Mineraizazo?

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