La película de los Oscar que el gobierno de Putin no quiere que vea Occidente

Integrantes de la administración rusa y representantes de la iglesia ortodoxa creen que “Leviatán” es antirrusa.

La película de los Oscar que el gobierno de Putin no quiere que vea Occidente

El gobierno de Moscú otorgó subvenciones para que la película "Leviathan" ("Leviatán", en español) pudiera rodarse y un comité nacional de cineastas la seleccionó para que representara a Rusia en los premios de la Academia de Hollywood.

Pese a ello, la cinta del director siberiano Andréi Zviáguintsev, que este domingo aspira a llevarse el Oscar al mejor filme de habla no inglesa, ha desatado una gran controversia en su país de origen.

Altos funcionarios de la administración de Vladimir Putin y representantes de la iglesia ortodoxa han asegurado que se trata de una película "antirrusa".

En contraposición, desde su estreno el pasado mayo en el Festival de Cannes -donde ganó el premio al mejor guión- en Occidente "Leviatán" ha recibido excelentes críticas.

El filme, que hace unas semanas obtuvo el Globo de Oro a la mejor película extranjera, retrata la historia de un hombre que vive con su familia en un pequeño pueblo a orillas del mar de Barents (norte de Rusia), que debe hacer frente a la corrupción de las autoridades locales, que quieren quitarle sus propiedades con el beneplácito de los representantes eclesiásticos del lugar.

El ministro de Cultura ruso, Vladímir Medinski, aseguró que la única motivación de Andréi Zviagíntsev son "las estatuillas doradas y las alfombras rojas" y acusó al realizador de hacer una película que explota los tópicos sobre Rusia que gustan en Europa y Estados Unidos, presentando una realidad "deprimente" y "falta de sentido".

Mientras, un portavoz de la iglesia ortodoxa rusa dijo que no le sorprende el éxito de la película en el extranjero porque presenta mitos que suelen asociarse a Rusia como "el vodka, el libertinaje, un sistema estatal terrible y una iglesia igual de mala".

En la ciudad de Samara, representantes políticos y religiosos pidieron a los responsables de cultura provinciales que despidieran a Valeri Grishko, el director del teatro local, por interpretar el papel de cura ortodoxo en "Leviatán".

Éxito entre los rusos

Ante el revuelo que su película ha desatado en Rusia, el director Andréi Zviagíntsev, quien se dio a conocer internacionalmente en el Festival Venecia de 2003 con "The Return" ("El regreso"), ha defendido su derecho a relatar "sus observaciones y experiencias", asegurando que la historia que cuenta "podría pasar en cualquier parte del mundo".

Hace unas semanas el cineasta animó a sus compatriotas a que vieran la copia ilegal que circulaba de su filme en internet, ya que la versión que llegó a principios de febrero a más de 600 salas de cine de toda Rusia lo hizo mutilada, debido a una ley de 2014 que prohíbe las palabras malsonantes en las películas.

El interés de los rusos por "Leviatán" quedó demostrado en las cientos de miles de descargas que se hicieron de la cinta.

Según escribía recientemente la periodista Natalia Antonova en un artículo publicado en el diario The Moscow Times, en algunos sectores en Rusia es muy popular la teoría que sostiene que "a Occidente le gusta premiar el arte que denigra a Rusia".

Antonova señalaba que los documentalistas que hacen filmes sobre las personas marginadas de la sociedad "han sido acusados de venderse a los jurados de los festivales que tienen ganas de dañar la imagen de Rusia".

El ministerio de Cultura ruso parece estar de acuerdo con estas afirmaciones, ya que anunció que adoptará nuevas leyes para denegar las licencias de distribución a las películas que "ensucien" la cultura nacional o sean "una amenaza para la unidad nacional".

Cultura politizada

"La cultura está muy politizada, particularmente ahora con las tensiones entre Rusia y Occidente por Ucrania. Es por eso que algunos políticos, como el ministro ruso de Cultura, han presentado 'Leviatán' como una conspiración de Europa y EE.UU.", señala en conversación con BBC Mundo Eugene Levin, editor del diario en ruso Panorama, con base en Los Ángeles, California.

Levin cree que es cierto "que a los rusos en Hollywood se los presenta a menudo con muchos estereotipos, apareciendo como los malos de la película con personajes que son espías o miembros del crimen organizado".

Pese a ello, Levin señala que la imagen que "Leviatán" da de Rusia "es una alegoría del país" y de la realidad que viven muchos de sus compatriotas.

"Lo que no le gusta al gobierno de Moscú es que se muestre en Occidente cómo es la vida para muchos rusos: una existencia deprimente en un lugar donde impera la corrupción".

Según Levin, la victoria en los Globos de Oro y la nominación a los Oscar debe ser considerada como "un gran éxito".

"Los rusos en EE.UU. se sienten muy orgullosos del esta película, que al final enseña lo importante que es la cultura".

Jeremy Kay, periodista de la publicación especializada en cine Screen International, dice que no le sorprende la polémica que ha desatado "Leviatán" ya que su argumento "presenta a un hombre enfrentado a la corrupción y al sistema", por lo que "no es difícil encontrar paralelismos con la realidad".

"Se trata de una crítica sutil a las dificultades por las que tienen que atravesar muchos rusos en un país en el que no siempre hay libertad para hacer todo lo que uno quiera y en el que existe un control gubernamental férreo".

Kay cree que es posible que la película refuerce los estereotipos que se tienen en Occidente sobre Rusia, aunque señala que pese a ello su mensaje "sigue siendo muy relevante y atemporal".

En opinión del editor de Screen International, la mayoría de las películas nominadas este año al Oscar al mejor filme de lengua extranjera "reflejan el estado actual del mundo y han sido hechas por cineastas que quieren mostrar las realidades de sus países".

El domingo sabremos si el mensaje de "Leviatán", como sucedió en los Globos de Oro, también ha convencido a los miembros de la Academia de Hollywood. Deberá para ello medirse conla polaca "Ida", con "Tangerines", de Estonia, y "Timbuktu", de Mauritania, además de la argentina "Relatos salvajes".

 

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