La Sodamanía de los 80 y la rivalidad con Los Prisioneros

Llegaron con sus peinados raros y de colores a un Chile de los 80 que se escandalizaba con cualquier cosa que los sacara del molde.

Soda Stereo
Por Hugo Infante

Soda Stereo aterrizó en 1986 en Santiago en medio de una gira latinoamericana que los había llevado Colombia y Perú precedidos por el éxito de su album debut Nada Personal.

El Estadio Chile (ahora Víctor Jara) fue el lugar donde realizaron un concierto auspiciado por la bebida cola Free. Realizaron tres recitales más en Santiago y otro en Valparaíso.

La Sodamanía ya estaba instalada en Chile y explotaría aún más con su presentación en el Festival de Viña del Mar de 1987. No había vereda en el centro de Viña del Mar y Santiago que no vendiera poleras de la banda argentina del momento.

Soda Stereo pegó tan fuerte en Chile que pronto comenzó a rivalizar con otra banda que también se tomaba las radios y cuyo discurso era más político: Los Prisioneros.

En las revistas, copaban las portadas de Vea, Super Rock y TV Grama.

La pelea se trasladó hasta los programas radiales populares de la época, como Usted lo pidió de Radio Galaxia, conducido por Juan Carlos Gil y que iba de 9 a 11 y de 13 a 15 horas. Ahí se disputaban voto a voto las preferencias de los auditores.

En 1987, Soda Stereo estuvo en el Festival del Viña del Mar, pero Los Prisioneros no fueron invitados. Estuvo GIT (Argentina) y entre los artistas nacionales que se pararon en la Quinta Vergara estaba Irene Llano, Luis Dimas, UPA, Luis Jara y Cinema.

Los Prisioneros se dedicaron a hablar pestes de Soda Stereo en los 80. Claudio Narea dijo que eran "un grupo argentino con peinados raros que sólo saben cantarle canciones a las telarañas o cosas así". Incluso, se habla en círculos musicales que Jorge González le dedicó El es Mi Idolo (La Cultura de la Basura) a Cerati.

Años después, Jorge González reconocería en el libro Maldito Sudaca (2005) de Emiliano Aguayo que la mala onda con la banda argentina ocultaba una admiración: "Yo siempre admiré a Gustavo Cerati, a Charly Alberti y a Zeta Bossio, porque eran unos capos. Lo que pasa es que les teníamos envidia, porque ellos nos volaron la raja. Ellos fueron famosos en toda Sudamérica y nosotros queríamos ser eso y no lo fuimos. [...] sencillamente nos volaron la raja, porque eran mejores que nosotros”.

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