Las extrañas historias de las camisetas mundialistas

Distintas anécdotas han marcado a las camisetas y a la indumentaria de los equipos a lo largo de los campeonatos mundiales.

Las extrañas historias de las camisetas mundialistas

Por Rodrigo Eyzaguirre

Hoy el Mundial de Fútbol es una fiesta deportiva y también comercial, especialmente para las marcas de ropa que aprovechan el evento para renovar y exhibir nueva indumentaria. Nada queda al azar, y es por eso que durante este año los 32 equipos que animarán Brasil 2014 han venido presentando los uniformes, titulares y de recambio, que lucirán en el máximo torneo de fútbol.

Sin embargo, no siempre fue así. Ahora es un tema prioritario, pero la historia de los mundiales está llena de anécdotas de equipos que tuvieron que buscar de urgencia un uniforme alternativo o de otros, como el afamado seleccionado argentino campeón en México 86, que tuvieron que ir a comprar camisetas a tiendas deportivas apenas días antes de un partido.

El saludo boliviano

Para el primer Mundial, disputado en Brasil en 1930, cada selección se las arreglaba como podía para vestirse. Algunas, como Chile y Brasil, jugaban entonces de blanco como uniforme oficial. Ni siquiera existían los números. Pero no por eso no había ingenio y lo demostró la selección de Bolivia que no encontró mejor idea que saludar al país organizador vistiendo cada jugador las 11 letras de la frase “viva Uruguay” en el debut ante Yugoslavia, con camiseta blanca y letras negras.

Para el segundo duelo, ante Brasil, ambos equipos vestían de blanco, por lo que distintas versiones apuntan a que la selección de Bolivia tuvo que solicitarle el uniforme celeste a Uruguay.

Camisetas prestadas

Casos como el de Bolivia, de utilizar un uniforme prestado para diferenciarse del cuadro contrario, se siguieron repitiendo en los Mundiales. Por ejemplo, en el Mundial de 1934, en la definición por el tercer lugar, Alemania y Austria salieron a la cancha vistiendo un uniforme el blanco. Como se jugaba en Nápoles, los austríacos usaron las camisetas celestes del equipo local.

Algo similar le pasó a México en 1950. Entonces no utilizaba una camiseta verde, sino una granate, que se veía muy similar al rojo de Suiza, el rival de turno en un partido de primera ronda. El árbitro detuvo el partido por 20 minutos hasta que apareció la solución: los aztecas tuvieron que utilizar una casaquilla blanca, de líneas verticales azules, que pertenecían al local Cruzeiro de Porto Alegre.

Por esos años, no era común tener un uniforme alternativo. Eso le pasó la cuenta a Argentina en el Mundial de 1958 disputado en Suecia, ya que en el debut ante Alemania debió pedir prestadas las camisetas del IFK Malmo...que eran amarillas.

Situaciones como esas eran parte de un fútbol que todavía convivía con ciertos niveles de amauterismo. Pero ya en 1978 las marcas habían entrado con peso en los mundiales y todos los equipos llegaban a la Copa con un uniforme titular y otro alternativo. Por eso llama mucho la atención que en el duelo entre

Francia y Hungría, disputado en Mar del Plata, los galos tuvieran que utilizar las ajustadas y antiguas camisetas albiverdes del Kimberley, un cuadro local. Sucede que ambos cuadros estaban concentrados en Buenos Aires y por un problema de coordinación llegaron al estadio marplatense con uniformes blancos, el de alternativa de las dos selecciones.

Las mañas de Bilardo

Argentina jugó de azul su partido de octavos de final ante Uruguay en el Mundial de 1986. Y ocupó el mismo uniforme en la ronda siguiente para eliminar a Inglaterra con los dos goles más famosos de Diego Maradona. Todos han vistos esas imágenes que son parte de cualquier resumen de la historia de la Copa del Mundo, ¿cierto? Sin embargo, hay un pequeño detalle: el color era el mismo, pero las camisetas no.

Sucede que en el duelo ante los “charrúas”, jugado en Puebla, los jugadores transandinos no se sintieron cómodos por el calor. Si bien la marca Le Coq Sportif había diseñado una casaquilla de alta tecnología, esta comodidad sólo estaba disponible en el uniforme albiceleste, mientras que el de recambio azul era de algodón y se hacía pesado con la transpiración de los jugadores. El sorteo para el duelo de cuartos de final arrojó que Inglaterra era el local y por lo tanto, Argentina debía utilizar nuevamente el uniforme alternativo. Ante esto, y como el partido ante los ingleses estaba programado para el mediodía en la altura de Ciudad de México, el técnico Carlos Salvador Bilardo le ordenó a un empleado de la AFA salir de compras por el D.F. hasta encontrar una camiseta azul ligera y de la marca gala.

El funcionario encontró dos diseños que llevó para que Bilardo eligiera. En medio de la reunión decisiva pasó Maradona, le gustó uno de los modelos y dijo: “Con esta le ganamos a los ingleses”. Se mandaron a comprar 38 camisetas, una para cada tiempo, y hasta 24 horas antes del histórico duelo unas bordadoras mexicanas cosían los escudos y pegaban los números, con dos pequeñas salvedades: el escudo diseñado de urgencia no tenía los laureles bajo la sigla AFA como el original y los números eran unos grises de fútbol americano.

De las dos camisetas azules que usó ese día, el “Pelusa” conserva la del primer tiempo, pero la más importante, la de la segunda fracción en que anotó los dos goles, quedó en manos del jugador inglés Steve Hodge, quien hasta escribió un libro titulado... “El Hombre con la Camiseta de Maradona”. Aquella casaquilla, comprada de emergencia en una tienda de la capital mexican, hoy está avaluada en unos US$ 350 mil.

El celeste inglés

El calor de México no sólo le causó problemas a Argentina en 1986, también a Inglaterra, que preocupados por las altas temperaturas llevaron tres indumentarias para dicha Copa del Mundo: blanca, la alternativa roja y una tercera opción celeste, que supuestamente ayudaba a combatir el calor del país azteca en verano. En los cinco partidos de ese Mundial los ingleses siempre vistieron de blanco, pero en el famoso duelo ante Argentina, utilizaron pantalones y medias celestes.

De todas maneras, esta idea no era nada nuevo para los ingleses: ya la habían implementado para el Mundial de 1970, que también se disputó en México. En ese torneo, de hecho, jugaron vestidos completamente de celeste ante Checoslovaquia, en Guadalajara, pero el mismo técnico Alf Ramsey lo consideró un error ya que con el brillo del sol no podía distinguir entre jugadores propios y ajenos, que vestían de blanco.

Amarillo, el color de los títulos

Brasil y su selección de fútbol. El equipo más poderoso en la historia de los mundiales. La “Canarinha”.

La verdeamarela.... El tema que no siempre fue así: hubo un tiempo en que los brasileños no eran los dominadores de la cita futbolística planetaria y tampoco jugaban de amarillo, el color por el que se les reconoce en cualquier lugar del mundo y por el cual la compañía que los viste factura millones de dólares.

El punto de inflexión en la historia de la selección brasileña es el Mundial de 1950 y el “Maracanazo”.

Hasta ese torneo, Brasil siempre utilizaba una camiseta blanca como su uniforme titular (algunas veces con pantalones azules y medias negras). Sin embargo, luego de esa derrota ante Uruguay por 2-1, los brasileños decidieron deshacerse de la casaquilla alba y para el Mundial de 1954, disputado en Suiza, debutaron en Ginebra goleando a México por 5-0 con una camiseta amarilla de cuello verde, pantalones azules y medias blancas. Aquella apabullante victoria fue el mejor signo de lo que vino en las siguientes seis décadas, con cinco títulos mundiales y el dominio absoluto del deporte más popular del planeta.

El fracaso de 1950 también trajo drásticos cambios a nivel del plantel brasileño, ya que figuras como Ademir y Zizinho no estuvieron en el equipo de la Copa del Mundo de 1954, mientras que el torneo de Suiza fue el primer paso de la renovación con futbolistas que luego serían clave en las victorias de Suecia 1958 y Chile 1962, como Djalma Santos y Didí.

El Mundial de 1950 también fue histórico para los colores de la selección chilena, ya que ese fue el primer torneo planetario en que al equipo nacional se le vio de rojo, con pantalones azules y medias blancas. En su anterior aparición, en la Copa del Mundo de 1930, la vestimenta oficial de Chile fue con camiseta blanca, pantalones azules y medias negras.

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