Los niños de la guerra, por Aldo Schiappacasse

Los niños de la guerra, por Aldo Schiappacasse

Estuve en el Maracaná para ver ganar a los argentinos con una genialidad de Messi que duró 17 segundos. Eso es todo. El primer gol había sido un desgraciado autogol de los bosnios y Alejandro Sabella tuvo que desarmar su opaco dibujo táctico en el entretiempo para acompañar más eficientemente a su crack.

Fue entonces cuando Susic, el entrenador de los bosnios, se decidió a mandar a la cancha a Vedad Ibiševi?, el delantero que le dio la clasificación a su país con un dramático gol frente a Lituania. "Un gol para nosotros es mucho más que un gol", dijo exultante después del partido, "porque le damos alegría a nuestro pueblo". El mismo que fue arrasado durante la Guerra de los Balcanes y que sufrió uno de los genocidios más espantosos que recuerda la era moderna.

Ibiševi? perdió a su padre y a su tío, vio cómo su barrio era arrasado, huyó como refugiado y sobrevivió a duras penas los primeros años de su vida. Por eso la dedicatoria y el abrazo emocionado de Edin Dzeko, la estrella del Manchester City quien vivió un drama parecido. Oriundo de Sarajevo, vivió los horrores de la guerra de manera cercana. Mil doscientos niños murieron allí durante el conflicto, y para mantenerse con vida, se encerró en una pieza de 35 metros cuadrados con otras quince personas.

Lo crió su abuelo y su único consuelo era ver en la muralla el póster de su ídolo, el ucraniano Andriy Shevchenko. "Mi infancia fue una mierda", respondió en una entrevista, dejando en claro que cada gol que celebró en su vida, primero en Alemania y ahora en Manchester, era una venganza con el destino.

Cuando ambos se juntaron estuvieron cerca del empate, que pudo ser un justo premio, porque complicaron a Argentina, uno de los favoritos del certamen que se equivocó en la táctica pero que tiene un genio al que le bastan 17 segundos para decirle a todos que aspira a ser el Rey.

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