Misiles en la playa, por Aldo Schiappacasse

Misiles en la playa, por Aldo Schiappacasse

Las playas en Río de Janeiro van de menos a más. Botafogo, la más antigua y cercana al centro de la ciudad, ya no es cotizada. Copacabana vivió años mejores, Ipanema fue un paraíso, Leblón todavía la lleva, pero la moda hoy está en Barra da Tijuca. En ese movimiento inevitable de las ciudades grandes, los que tienen más dinero se van mudando para alejarse de la gente y rodearse sólo de los suyos.

Por eso Ricardo Bizarelo, un vecino de Barra, que asegura tener más de veinte años morando frente a la playa, está tan enojado. Su edificio en la Rua Maxwell ha sido elegido por los organismos de seguridad de Brasil para instalar una de las misileras disuasivas preparadas para la Copa del Mundo. El objetivo, según han explicado las autoridades, es usarlas los días que se suspenda el tráfico aéreo, es decir, cuando se jueguen partidos en el Maracaná.

La idea no es nueva –se hizo en Londres para los Juegos Olímpicos- y la polémica tampoco.75 mil efectivos del ejército salieron hoy a las calles para controlar los puntos neurálgicos de la ciudad, en un operativo que le dejará a la policía el control de las protestas y de las delegaciones asistentes.

Sobre el edificio de la calle Maxwell hay radares y misiles, preparados para repeler cualquier ataque de perfil cinematográfico, aunque -en rigor- la información parece sólo eso: una medida disuasiva.

En el bunker de Belo Horizonte, mientras tanto, Arturo Vidal está en cuenta regresiva. Se sabe que el plazo fatal para ser remplazado es el próximo jueves. Mientras, el nivel de secretismo linda en lo absurdo. Los médicos, directivos y responsables de las comunicaciones -que se unen generosamente a las labores de contra y recontraespionaje- deberían pronunciarse para saber si el volante estará o no en esta Copa del Mundo.

Si hubiéramos seguido el ejemplo de Diego Costa habríamos encargado placenta de yegua a Rumania para acelerar el proceso. O simplemente no lo hubiéramos arriesgado ante Irlanda del Norte para garantizar los tiempos clínicos.

Igual, puede ser otra estrategia de Sampaoli. O bien esos minutos en Valparaíso fueron un test osadamente realista para observar si aguantaba el rigor. Aunque suene cruel, el casildense pudo haberlo probado en cancha, y por eso le dijo a Millar que estuviera atento hasta el jueves, que parara sus vacaciones familiares y que se quedara atento, al aguaite, por si las moscas.

Como los misiles de Barra da Tijuca. 

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