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La infraestructura de Estados Unidos está deteriorada y en el olvido

La infraestructura de EE. UU. se halla en crisis. Las calles y las vías ferroviarias son viejas, peligrosas y frenan el crecimiento económico. Trump quiere cambiar esta situación motivando a los inversores privados.

Crédito: DW
La infraestructura de EE. UU.: deteriorada y en el olvido

La ciudad de Nueva York se enfrenta a partir de este lunes a un "verano infernal". Por la Penn Station pasan cada día 600.000 personas para dirigirse a su trabajo en Manhattan. Son más personas que en los tres aeropuertos de Nueva York juntos.

Precisamente en este importante punto neurálgico de la ciudad, este lunes quedarán fuera de servicio varias vías ferroviarias para ser reparadas, hecho que podría originar una reacción en cadena y llevar al sistema de transportes de Nueva York al borde de un ataque de nervios, dijo Andrew Cuomo, gobernador del Estado de Nueva York.

Viejo y sobrecargado

El transporte ferroviario en Nueva York está crónicamente sobrecargado, tiene más de 120 años. Las calles están llenas de baches. Los túneles están deteriorados y los puentes y sistemas de canalización en ruinas.

La red eléctrica, los gasoductos, los puertos, el transporte de cargas y la ampliación del acceso a Internet de banda ancha salen mejor parados, porque pertenecen al sector privado, dice Ingo Walter, excatedrático de finanzas en la Universidad de Nueva York.

El resto de la infraestructura se está desintegrando notablemente. La Asociación de Ingenieros Industriales de Estados Unidos concede notas a las vías de tráfico, al suministro de agua y electricidad cada cuatro años. Nueva York obtuvo un suficiente en 2017; todo el país la nota deficiente.

2.000 presas podrían romperse, 56.000 puentes al igual que dos de cada diez calles están en mal estado. Para cada hogar estadounidense los costes de los baches, las desviaciones, las obras y los costes por trenes que no funcionan, ascienden a 3.400 dólares anuales, dice Brian Pallasch.

Debido a todas estas deficiencias, las pérdidas ascenderían a 4.000 mil millones de dólares en el resultado económico hasta 2025, según dicha asociación. Esta es justo la cifra necesaria para sacar adelante a la infraestructura estadounidense.

Más dinero, ¿pero de dónde?

La infraestructura deteriorada fue uno de los temas en la campaña electoral de Donald Trump. Este prometió 1.000 millones de dólares a los estadounidenses.

En esta primavera, la Casa Blanca publicó un documento de seis páginas en el que se podía entrever que el Estado se retirará, en parte, en el futuro con respecto a la financiación de la infraestructura. Esto se demuestra en el presupuesto: el Gobierno solo invertirá 200 mil millones de dólares en el paquete de infraestructura prometido. Los restantes 800 mil millones procederán de los estados y las comunas, lo que suponen muchos problemas, sobre todo para las zonas rurales.

Además, Trump pretende animar a los inversores privados a que financien proyectos de infraestructura públicos a través de créditos favorables y desgravaciones fiscales.

"Regalo para Wall Street"

Sin embargo, las empresas privadas podrían aplicar tasas adicionales, como un peaje por el uso de las calles, para lograr una rentabilidad más atractiva, dice John Rennie Short, catedrático de Adminstración Pública en la Universidad de Maryland. Los ciudadanos se verían al fin y al cabo sobrecargados, además de los impuestos ya existentes.

Short cree que el plan de Trump es "un regalo para Wall Street". Los inversores privados solo mostrarían interés por proyectos con una pronta rentabilidad. Las zonas rurales, donde no existe ningún tipo de rentabilidad, se verían perjudicadas. Por ello, Short cree que el plan de Trump reforzaría la desigualdad.

Década sin hacer nada

Pero, ¿por qué se ha abandonado el sistema de infraestructura de Estados Unidos? "El Congreso no cuidó de la infraestructura y ahora estamos viendo las consecuencias", dice Pallasch. Al mismo tiempo, la responsabilidad financiera se la han pasado de Washington a los estados y viceversa, añade Ingo Walter.

John Short resume que tiene que suceder una catástrofe para que se actúe. Las señales de advertencia, sin embargo, siguen aumentando.

 

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