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Los inversionistas asustados vuelven a comprar oro como seguro

El petróleo cayó a sus niveles más bajos en cinco años, mientras el cobre resiste en torno a los US$2,90 la libra.

El oro recuperó ayer la estima de los inversionistas que lo utilizan como un refugio en épocas de crisis. Así sucedió durante la crisis subprime, luego durante la inestabilidad de la zona euro y ahora que los mercados vuelven a caer movidos por el miedo a un menor crecimiento de China, a una desaceleración europea y al comienzo de un alza de tasas en Estados Unidos.

Ayer el precio del oro subió US$ 27 situándose en US$1.231 la onza. En noviembre, sin embargo, había alcanzado su precio más bajo en cuatro años y desde ese minuto a esta parte acumula un aumento de 7%. Algo similar ocurre con la plata.

Un camino en la dirección contraria tomó el petróleo WTI que cayó ayer a US$63,21 el barril, siendo el precio más barato de los últimos cinco años. Los analistas sostienen que los inversionistas recién están internalizando el efecto que tendrá la decisión de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) de mantener la oferta, aunque las cotizaciones bajen. Esta es la vía que tienen para dejar fuera de mercado a los productores de shale gas que se suponía que debajo de US$ 100 dejaban de ser rentables, sin embargo a US$70 han continuado produciendo. Aunque ya hay señales de que el golpe les ha pegado fuerte.

Un pozo de shale gas sólo demora 30 días en ponerse en producción a diferencia que uno de petróleo toma alrededor de 10 años en comenzar a operar. En noviembre, ya los especialistas detectaron una baja en el número de permisos para perforar shale gas en EE.UU. debido a que el financiamiento ya no es tan fácil de obtener cuando el precio del petróleo baja de los US$70 y el negocio se vuelve más riesgoso.

La baja en el valor de petróleo que llegó a valer US$120 el barril en 2011 es el símbolo más fuerte de la caída del precio de los recursos naturales, principalmente los mineros y en menor grado los agrícolas. Sea cual sea su origen, los mayores afectados son las economías emergentes como Brasil, Argentina, Rusia, Perú, Venezuela, Australia, Colombia y Chile.

El nerviosismo ha cundido frente a la duda de si estos países podrán hacer frente a un ciclo de menores ingresos luego del boom que vivieron desde 2001.  Por eso, los inversionistas deciden salir de estos mercados en busca de rentabilidades mayores ya sea en activos fijos o en otras bolsas más prometedoras.

China es determinante

América Latina fue una de las grandes beneficiadas con este período de bonanza, en tanto que Asia tuvo que aumentar la productividad de su industria que vio crecer fuertemente el costo de sus materias primas, las cuales salía a comprar fuera de sus fronteras.

Pero no todos miran con pesimismo estos ciclos de baja. El director mundial de investigación sobre materias primas de Goldman Sachs, Jeff Currie, dijo en la conferencia que organizó el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Santiago que tras estas bajas siempre los ingenieros se ponen más ingeniosos y logran mejoras tecnológicas que posibilitaban producir a más bajo costo.

Pese a este convencimiento, todos saben que habrá un lapso de tiempo marcado por la volatilidad, el temor y el énfasis en las malas noticias. Uno de los focos de atención es China que tenía acostumbrado a los mercados a mostrar crecimientos en torno a 10%, pero este año sólo logrará poco más del 7%. En parte, esto se debe a que ha pasado de una economía centrada en la inversión en infraestructura e inmobiliaria a privilegiar el consumo.

Con un PIB per cápita de US$7.000 y 18 millones de chinos moviéndose todos los años del campo a la ciudad, hay un poder de compra que recién está despertando. El director gerente de China International Capital Corporation, Huang Haizhou, lo explicó claramente en el seminario del FMI: “Para mantener este crecimiento, hay que estabilizar la inversión entre 15 y 18% del PIB. Llegamos a tener entre 25 y 30%. Cuando hablamos de un nuevo modelo de crecimiento, China ya casi está lográndolo. La cuenta corriente llegó a 10% de superávit del PIB y el país ha entrado a una senda de crecimiento normal donde el consumo es más importante que la inversión”.

Tanto Currie como Huang señalaron que China continuará necesitando alimentos, cobre y petróleo.

La mirada de Currie es tranquilizadora para los intereses de Chile, que de US$ 4 que exporta, US$ 1 lo embarca a China, siendo el grueso cobre. Según él, Pekín logró cierta independencia en metales, tal como Estados Unidos alcanzó autonomía respecto al petróleo. Sus necesidades de crudo podría satisfacerlas si explota las reservas de shale gas que se encuentran dentro de sus fronteras, pero lo que no tiene es cobre.

De ahí que Currie aconseje a los países productores de cobre a mantenerse en alerta frente a un posible desarrollo del aluminio como conductor de electricidad y a ponerse el objetivo de bajar la curva de costos para poder competir en cualquier escenario posible.

El más probable hasta ahora es que el cobre se mantenga a la baja –ayer cerró en US$ 2,90 la libra- y el Banco Central de Chile incluso baraja la posibilidad de que caiga más debido a que dentro de los metales ha sido el más resistente. El cobre lleva una baja de 13,48% de enero a esta parte del año, frente al petróleo WTI que arroja un descenso de 35,35%.

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