La gran operación
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La gran operación

Hace justo un mes, un grupo conformado por consejeros y abogados se transformó en el “comando” de Bernardo Larraín Matte, en su carrera por la Sofofa. A su cargo estuvo la construcción de un relato, el “puerta a puerta” y una estrategia que terminó con la renuncia de Rodrigo Álvarez, su contendor, esta semana.

Por Paula Comandari

Hace un mes los vientos no corrían a favor de Bernardo Larraín Matte en su carrera por presidir la Sofofa. El fantasma de la colusión en Tissue -filial de CMPC-, empresa de la que su familia es la principal dueña y donde Larraín tuvo un rol como director, no terminaba por convencer a la mayor parte de los consejeros de que “Manano”, como le dicen sus cercanos, era la carta más indicada para representar al gremio de los industriales.

Con ese escenario adverso, hace un mes, Larraín convocó a un equipo de cinco consejeros, entre ellos Patricio Jottar y Gonzalo Said; tres abogados y un periodista, que terminaron cambiando la balanza a su favor. Como cualquier campaña política, el primer acometido de este “comando” fue crear un relato. La idea era persuadir a los consejeros de que, si bien Larraín había experimentado en carne propia las acusaciones por colusión, él había sacado lecciones, y por tanto, era la mejor persona para vigilar que este tipo de actuaciones no volvieran a ocurrir en ninguna de las empresas que conforman la Sofofa.

Ese mensaje se transmitió a través de cartas, mensajes y declaraciones.

El trabajo no era sencillo: había que convencer al máximo de los 116 consejeros que votan, y sus calculadoras indicaban que un 60% se había cuadrado con el ex ministro Rodrigo Alvarez, su contendor en estas elecciones. “Esto fue al más puro estilo del comité central del PS, en el sentido de cómo bajaron a Ricardo Lagos, que era lógicamente el candidato de ese partido, que terminó finalmente apoyando a Alejandro Guillier. Aquí pasó exactamente lo mismo”, recalcan varios de los integrantes de este pequeño grupo, que durante las últimas semanas se dedicó a hablar personalmente con cada uno de los consejeros, algo que ellos mismos llamaron el trabajo de “puerta a puerta”.  

Dicen que en esta procesión fue esencial la participación de Jottar, porque a través de sus gestiones logró que muchos de los que se habían alineado detrás de Alvarez terminaran por convencerse de que Larraín era mejor candidato, y que en tiempos de desconfianza hacia el empresariado, las compañías tenían que ser representadas por un empresario de tomo y lomo, que conoce de gestión, tiene contactos en ese mundo y la capacidad para influir en el debate público.

El hito lo marcaron cuando consejeros que abiertamente habían mostrado su inclinación por Alvarez, salieron a apoyar públicamente a Larraín. Como el caso de Hermann Chadwick, de Enel; Carmen Román, de Wallmart; o Fernán Gazmuri, de Citroen. El desistimiento de este último fue “muy doloroso” para Herman Von Mullhenbrock, el actual presidente de los industriales, pues Gazmuri había trabajado con el grupo que buscaba un candidato que representara la continuidad, donde su nombre también estuvo sobre la mesa. “Fue considerado una traición”, dice un consejero de la Sofofa.

Pero los que han participado del proceso de elecciones en el gremio saben que ésta es una campaña política, que funciona con lógicas y códigos políticos, y donde también juega un rol importante esto de que al final “la política es sin llorar”.

Jaque mate

En la vereda de enfrente, Alvarez movía sus fichas para convencer a los consejeros de que una persona con experiencia en políticas públicas era clave en el futuro de la Sofofa. Y que por trayectoria, él era mejor candidato que Larraín. Pero el camino se le puso duro, cuando públicamente sus contrincantes comenzaron a recibir apoyos por medio de la prensa, y en su cancha pocos se cuadraban abiertamente con él. Aunque contaba con el respaldo, pero a puertas cerradas, del grupo Angelini y del empresario Juan Eduardo Errázuriz.  

Lo que probablemente no sabía el ex ministro de Piñera, era que el “comando” de Larraín había hecho un trabajo de contención con el grupo dueño de Copec y Celulosa Arauco, y también con Errázuriz, en el sentido que los habían persuadido de “no salir a hablar”, hasta que estuviese más pavimentado el camino, y siempre teniendo la consigna de que era importante escuchar a todos los consejeros y hacerlos sentir que sus opiniones eran consideradas. Y ellos no eran la excepción. 

Los cercanos a Alvarez privadamente acusaban que en estas elecciones había demasiada presión entre los consejeros, y que se había transformado en una campaña más acorde a las campañas políticas que a los supuestos códigos en los que se mueven los empresarios. Mientras tanto, el team que respaldaba a Larraín fue diseñando una estrategia comunicacional, que generara la imagen de que el director de Colbún era una mejor alternativa para presidir el gremio. Y entre las razones que pusieron sobre la mesa era que para Larraín ganar la elección era una cosa de “vida o muerte”. “Lejos el desafío más importante que tiene por delante”, dice una persona que lo conoce bien.

La manera de resaltar esa idea fue convenciéndolo de que era importante renunciar a la presidencia de Colbún, aun cuando al final terminara perdiendo las elecciones en Sofofa. Fue difícil persuadirlo, aunque finalmente siguió los consejos de sus asesores. “Fue un golpe comunicacional importante, se generó la sensación de que sus ganas por presidir el gremio eran demasiado grandes como para negarle esa oportunidad”, agrega un consejero.

La estocada final había que darla en los gremios. Era una tarea compleja, porque en ese terreno, Alvarez llevaba la delantera por lejos. De hecho, no sólo participaba de varios comités en la Sofofa, sino que había liderado Copsa, y hoy encabezaba la Asociación de Alimentos y Bebidas. Para todos era de total lógica que allí los votos eran seguros para el ex diputado, tal como lo era en las generadoras, el respaldo hacia Larraín.   

Pero el plan fue precisamente ese: lograr cambiar lo que a luces de todos era simplemente imposible. Conseguir el apoyo de los gremios que había liderado Alvarez. Sabían que una noticia como ésa iba a significar su jaque mate. Y por eso desplegaron todos sus esfuerzos.

En el directorio del sector de alimentos y bebidas, el miércoles pasado, el tema de las elecciones en Sofofa ni siquiera estaba en tabla. Pero los cinco directores y varios socios que estuvieron en esa mesa, esperaron que Alvarez se retirara, y coincidieron en la idea de que era importante hablar de lo que se venía en el gremio de los industriales. De los 12 participantes, la mitad estuvo a favor de respaldar al ex ministro. Pero al final se decidió que sólo el directorio, o sea, cinco de los participantes, iban a dirimir el asunto, porque éste “era un tema de directorio y no de asamblea”, dijeron algunos de los participantes, causando molestia entre los que consideraban que este era un tema de estatutos, y que por lo tanto todos debían votar.

Al final, la victoria fue para Larraín con 3 de los 5 votos a su favor. Hubo críticas abiertas de que esta decisión era “una traición hacia una persona que se había dedicado durante varios años al sector, y que era la mejor alternativa para dirigir Sofofa”.

La “gran operación” marcó la renuncia definitiva de Alvarez a la carrera por la Sofofa, que quedó despejada para Bernardo Larraín Matte. Aunque él y su equipo siguen trabajando, pues levantar otra alternativa está abierta hasta el día de la elección, el 31 de mayo. Y ellos prefieren tener alineados los astros.