Por la razón o la fuerza, por Aldo Schiappacasse

Por la razón o la fuerza, por Aldo Schiappacasse

El lema del escudo fue repetido mil veces en los accesos al Maracaná. Los hinchas chilenos que llegaron sin entradas creyeron que esto era el Far West y quisieron entrar de manera irregular, violenta y delictiva para ver el partido. Botaron una reja, irrumpieron en el centro de prensa y dejaron herida levemente a una periodista turca.

Chile es el país que más hinchas trajo a Brasil: 35 mil. Más que los 30 mil  argentinos (de acuerdo a las cifras oficiales), que también habían irrumpido en el estadio el día del duelo con Bosnia. Y habían protagonizado ya dos hechos que alertaron a la FIFA. Detonaron bombas de ruido en Cuiabá - lo que significó la apertura de un expediente contra la Federación - y se detectaron treinta credenciales falsificadas el día del pleito con España.

En lo concreto, los 88 detenidos y deportados - entre ellos había un ciudadano argentino - detonaron un conflicto entre la FIFA y el Comité Organizador Local (COL), porque la seguridad está en manos del organismo internacional, que recurrió a empresas privadas para tal misión. En Maracaná era Sunset, sin experiencia en estas lides y que además contrató el número mínimo de guardias - 1200 - en lugar del máximo exigido, que son 1800. Problemas que ya se habían  detectado en Fortaleza con otra empresa, Gassa, que no cumplió con  los estándares mínimos para el enfrentamiento entre Brasil y México. En Brasil alegaron que se debió apelar a la experticia local, lo que abre dudas para lado y lado. Nadie está libre de la corrupción.

La situación derivó en una reunión friccionada entre las partes donde los reproches fueron mutuos. Blatter y compañía exigieron refuerzos en la custodia de los recintos en la eventualidad de que los manifestantes sociales intentaran interrumpir alguno de los pleitos de la Copa, pero fue el ímpetu vandálico de "los sin entrada" lo que complicó las cosas.

La figura legal aplicada a los hinchas chilenos para expulsarlos del país es el artículo 41-B del Estatuto del Hincha, que sanciona el "promover desorden, practicar o incitar la violencia o invadir locales de competición del evento". Como se les explicó a los vándalos, la medida aplicada era la más conveniente para sus intereses, pues de otra manera habrían pasado a la justicia militar.

La jornada, que estuvo marcada por la irrupción milagrosa de Luisito Suárez para mantener con vida a los uruguayos, que le ganaron por dos a cero a Inglaterra, devolvió la calma a Río porque llovió todo el día, aplacando los ánimos de los fanáticos locales, que se han convertido en un dolor de cabeza para las autoridades y provocaron, de paso, un nuevo conflicto entre los brasileños y los jerarcas de la FIFA.

Por aplicar el lema, que tanto nos cuestionamos: Por la razón o la fuerza.

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