Rambo. El remake, por Aldo Schiappacasse

Rambo. El remake, por Aldo Schiappacasse

Que Van Gaal tiene nervios de acero lo demostró al hacer el cambio de arquero cuando quedaban segundos para el final del tiempo suplementario. Cuando sacó a Cillessen para meter a Tim Krul -el portero del Newcastle- se estaba jugando una carta estratégica que para el holandés debe haber sido una apuesta pragmática. Y le resultó.

Al suplente –según Wikipedia- le dicen Goyco, lo que debe tener algún asidero en su prontuario, porque demostró ser especialista en penales. Pero deberían decirle “Rambo”, porque aunque Goycoechea comenzó como suplente el Mundial del 90, se ganó el arco por la lesión de Pumpido, y no como parte de una estrategia de juego como en el caso del colocolino, a quien Mirko Jozic mandó a la cancha en Kobe en esa célebre definición de la Recopa contra el Cruceiro que definió Jaime Pizarro con un tiro mordido para darle el segundo trofeo internacional en la historia de los albos.

Siempre me pregunté que había sentido Morón –que penales no atajaba- con el cambio, pero ese día se mostró feliz y orgulloso con su medalla al pecho. Lo mismo que Cillessen, que festejó como ninguno la clasificación ganada por su compañero, aunque el puso lo suyo con una tapada notable a poco del final.

Nadie se puede ir más conforme de Brasil que Costa Rica. Los ticos ratificaron su cartel de sorpresa y se alzaron como el cuadro que seguramente más valorización ganará al final del torneo. Keylor Navas irá a un equipo grande, Bryan Ruiz está siendo cotizado por el Real Madrid, Yeltsin (¿de dónde vendrá ese nombre?) Tejeda dejará el Saprissa y Campbell por fin puede tener su opción en el Arsenal. Serán héroes, recorrerán las calles de San José y serán abrazados por el Presidente del país, en una constante que el Mundial nos entrega.

En medio del partido, la CBF subió la imagen de Neymar ya en su casa, diciendo que seguirá creyendo en ser campeón del mundo, pese a que no podrá jugar. Algo que, con honestidad, pocos brasileños creen por estos días, donde los locales sufren de desconfianza hacia el equipo. Los diarios se ensañaron con el pobre Juan Zúñiga, un muchacho de origen humilde que fue tratado de “maldito” por los diarios locales por haber fracturado a su ídolo. Y más de alguno festejó la lesión de Angel Di María, porque empareja un poco las cosas, dicen.

Son las pasiones encendidas de una Copa que no da tregua, y sigue regalando postales inolvidables. Como la del Rambo holandés, con el perdón de Goyco.

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