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Mujeres Bacanas: Elena Poniatowska, la narradora de México

Ha trabajado como periodista y cronista, se ha paseado por varios géneros literarios, y sus temas revolotean alrededor de los sin voz, de las injusticias sociales, de la lucha de las mujeres y de historias de su país

Crédito: AFP
Elena Poniatowska

Nació y pasó su infancia en Francia, pero hoy es conocida como una de las plumas y mentes más destacadas de México, donde su familia volvió –habían salido tras la revolución-, cuando Elena tenía diez años. Ha trabajado como periodista y cronista, se ha paseado por varios géneros literarios, y sus temas revolotean alrededor de los sin voz, de las injusticias sociales, de la lucha de las mujeres y de historias de su país. Es la cuarta mujer en ganar el Premio Cervantes, uno de los honores más grandes de la literatura hispanoamericana.

Elena Poniatowska no fue a la universidad; tras el colegio, se puso a trabajar de inmediato en el periódico Excelsior. Comenzó haciendo una entrevista al día a diferentes personajes; a medida que pasaban los años, Elena comenzaba a encauzar sus notas a las temáticas sociales que le interesaban, aunque fuera poco común para las mujeres de la época trabajando en periodismo. En los 60 comienza a publicar sus primeras obras de ficción, de cuentos a novelas. Y en 1964 publica Hasta no verte Jesús mío, donde la protagonista Jesusa Palancares, inspirada en una conocida real de Poniatowska llamada Josefina Bórquez, hace un paseo al lector y a la autora por el mundo mexicano obrero y pobre; el personaje aparecería también en escritos posteriores de la autora, y se convertiría en uno de los más conocidos en la literatura del país.

Elena Poniatowska

Entre sus muchas crónicas periodísticas destacan La noche de Tlatelolco (1971), donde revive la matanza de estudiantes en Ciudad de México en 1968; recoge testimonios de testigos, sobrevivientes, detractores y más, y los traspasa con maestría literaria a las páginas. Otro libro aplaudido internacionalmente es Nada, nadie, las voces del temblor (1988), reviviendo el terremoto de 1985 en la ciudad, sus víctimas y protagonistas. Y está también, entre muchos otros, Las soldaderas: las mujeres de la revolución mexicana (1999), que mezcla texto y fotos.

Cuando ganó el Premio Cervantes en 2013, destacó a las mujeres que lo habían ganado antes que ella, y también paseó por la biografía de varias mujeres de la historia. Luego finalizó explicando por qué una aristócrata como ella, terminó trabajando toda su vida por la lucha de los derechos civiles, a través de sus páginas. “Niños, mujeres, ancianos, presos, dolientes y estudiantes caminan al lado de esta reportera que busca, como lo pedía María Zambrano, “ir más allá de la propia vida, estar en las otras vidas”. Por todas estas razones, el premio resulta más sorprendente y por lo tanto es más grande la razón para agradecerlo. El poder financiero manda no sólo en México sino en el mundo. Los que lo resisten, montados en Rocinante y seguidos por Sancho Panza son cada vez menos. Me enorgullece caminar al lado de los ilusos, los destartalados, los candorosos”.

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