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Mujeres Bacanas: Khalida Popal, la futbolista de Afganistán

Desde pequeña se apasionó por el deporte y llegó a ser su niña símbolo en Afganistán, convirtiéndose en la capitana del equipo de fútbol femenino del país.

Crédito: AFP
Khalida Popal

Tenía 16 años cuando comenzó a jugar fútbol; su madre le habían enseñado, ya que era profesora de educación física. Pero tanto el fútbol como el deporte se encontraban prohibidos: Khalida Popal es afgana, y el régimen talibán había prohibido los deportes para las mujeres o ir a los estadios. Así que junto a sus amigas comenzó a jugar en secreto, pateando pelotas en un patio escondido; eventualmente les prestaron una cancha en un campamento de la OTAN.

Khalida Popal se apasionó por el deporte y comenzó a ser su niña símbolo en Afganistán, convirtiéndose en la capitana del equipo de fútbol femenino del país. Las amenazas no se hicieron esperar, desde los talibanes y quienes consideraban que lo deportivo no es territorio de mujeres. “Mi problema no eran los talibanes con pistolas, sino que los talibanes con corbata, traje y botas, personas con la mentalidad de los talibanes que estaban en contra de las mujeres y su voz”, ha contado ella.

Khalida Popal

Khalida Popal recibió amenazas de muerte, persecusión, le tiraron basura en la calle y más. Temiendo por su vida y la de su familia, la joven tuvo que huir a India, donde estuvo dos meses escondida, y luego logró encontrar asilo en Dinamarca, donde llegó a vivir a un centro de refugiados, sin saber bien qué pasaría con ella. Ahí, la distancia con su país, el trauma de lo vivido y la lejanía de sus seres queridos tuvo un costo y Popal se hundió en una depresión. Su carrera futbolística también se vio truncada por una lesión de rodilla. “De repente perdí todo. Perdí mi país, mi identidad, estaba en un centro de refugiados, perdí mi familia y no podía jugar. Me sentía como una muñeca colgando en el aire. No podía volar pero tampoco podía llegar al suelo”, recuerda ella.

Lentamente comenzó a hacer bicicleta, a nadar, y a ayudar a otras mujeres a sentirse mejor a través del fútbol y el deporte. También se trató la depresión y creó su propia fundación llamada Girl Power, que busca empoderar a través del deporte, generar lazos entre mujeres y fortalecer la vida comunitaria entre refugiadas y danesas. Khalida comenzó a reclutar jugadoras y a convencer a entrenadores para trabajar en conjunto.

Khalida Popal

Ahora ya tiene una nueva vida en Dinamarca, hasta donde se pudieron trasladar también sus padres, y no ha parado con proyectos, más allá de su fundación: crear un velos para mujeres jugadoras de fútbol con la marca de ropa deportiva; comenzará a estudiar para ser dirigente, y ya tiene sus ojos puestos en la FIFA, a donde le gustaría llegar para llevar más paridad de género. También es directora del comité para el avance del fútbol femenino de Afganistán. Continúa abogando por la importancia del deporte y el fútbol para su país, como método de empoderamiento y de libertad, esperando algún día poder volver. “Sé que algún día volveré y podré hacer mucho allá, pero hasta entonces apoyo a mi país desde el extranjero y hago todo lo que se necesite”. 

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