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Mujeres Bacanas: Maryam Mirzakhani, la ama de las matemáticas

Nacida en Irán, es la primera mujer en obtener la medalla Fields, una especie de Premio Nobel de las matemáticas.

Mujeres Bacanas: Maryam Mirzakhani, la ama de las matemáticas

Esta matemática iraní es la primera mujer en ganar la medalla Fields, que es algo así como el máximo honor en el mundo de los números, una especie de premio Nobel que se entrega en un congreso que sucede cada cuatro años, y se otorga a menores de 40 años. La Fields medal se entregó por primera vez en 1936.

Maryam Mirzakhani nació en Teherán, y desde pequeña fue una alumna destacada. Aunque al principio pensó en ser escritora, ya que amaba leer, en los últimos años de colegio se interesó por la ciencia, y se fascinó con cómo se encontraban soluciones a problemas numéricos. Comenzó a ir a olimpiadas matemáticas, y a ganar medallas –siendo una de las pocas mujeres de su país destacando en el área a su edad-. “Mientras más pasaba tiempo con las matemáticas, más me emocionaban”, contó ella a The Guardian. Estudió en la Universidad Sharif de Tecnología en su ciudad natal, y luego fue a Estados Unidos a hacer un PHD en Harvard; ahí conoció a su colaborador y mentor, Curtis McCullen, quien también tiene hoy una Fields Medal.

La especialidad de Mirzakhani son los problemas de estructuras geométricas, y de las llamadas superficies de Riemann y sus deformaciones. En particular, busca entender las superficies hiperbólicas. Es por estos aportes que, en 2014, se le otorgó la medalla Fields, siendo la primera mujer en tener ese honor. Aunque su trabajo es en su mayoría teórico, sí tiene ramificaciones en la física. Maryam resolvió problemas que llevaban décadas de estudio, aplicando una visión creativa a los números. Ella describe así la parte más emocionante de estos complejos problemas y soluciones: “La parte más reconfortante es el ‘momento ajá’, la emoción del descubrimiento y el deleite de entender algo nuevo; es como la sensación de estar arriba de un cerro y tener la vista limpia hacia delante”.

Hoy Maryam enseña en Stanford, y está casada y tiene una hija. Su mayor consejo es no desanimarse frente a las matemáticas, ya que para ella fue cuestión de tiempo. “Puedo entender que sin la emoción las matemáticas se pueden ver sin sentido y frías. La belleza de las matemáticas sólo se muestra a sus seguidores más pacientes”.

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