El papa Francisco le hablará el jueves a una América Latina fracturada por la crítica situación en Venezuela y convulsionada por un fenómeno migratorio sin precedentes, que castiga especialmente a los jóvenes.

Será el primer mensaje del pontífice tras su llegada a Panamá para encabezar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que coincidió con un momento delicado en la recrudecida crisis venezolana: el líder opositor Juan Guaidó se autoproclamó presidente de Venezuela con el reconocimiento de Estados Unidos y otros gobiernos de la región como Brasil y Argentina.

México, a contracorriente, dio respaldo al gobierno de Nicolás Maduro.

La rápida escalada mientras Francisco volaba desde Roma hasta Ciudad de Panamá, donde aterrizó el miércoles, continuó con el anuncio de Maduro de la ruptura de relaciones entre Caracas y Washington, entre protestas callejeras que dejan al menos 13 muertos.

Así, el inicio de la visita de cinco días del papa argentino, de 82 años, se vio inevitablemente marcado por el caso venezolano.

Con una bandera de Venezuela entre las manos, un joven evadió el cordón de seguridad en el primer recorrido de Francisco y corrió hacia el vehículo que trasladaba al pontífice. 

El auto zigzagueó para evitar al hombre antes de retomar su camino, en un fugaz incidente que no pasó a mayores.

Y entre las decenas de miles de personas que acompañaron la ruta, un peregrino alzó un cartel en el que se leía "Ora por Venezuela".

 Consuelo para los jóvenes migrantes

La agenda oficial del jueves del papa Francisco se abrirá con reuniones con el presidente panameño, Juan Carlos Varela, en el Palacio de las Garzas y autoridades del cuerpo diplomático en el Palacio Bolívar.

Posteriormente, en una iglesia del Siglo XVII, se encontrará con 70 obispos de América Central.

Antes del terremoto político de Venezuela se esperaba que el jefe de la Iglesia católica, en su primer viaje a Latinoamérica desde el año pasado, hiciese especial énfasis en sus mensajes en la ola migratoria de la región, con hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, nicaragüenses y venezolanos cruzando fronteras en masa.

Hijo de inmigrantes italianos, Francisco no perdería la ocasión para apoyar a la juventud forzada a salir de sus países de origen para buscar mejores condiciones de vida, huyendo de conflictos políticos, violencia de pandillas y penurias económicas.

"Es el miedo lo que nos vuelve locos", comentó Francisco en el vuelo que lo llevó a Panamá, al responder a un periodista que calificó de "locura" la promesa de Trump de construir un muro en la frontera con México.

Al final del día, Francisco dará su primera misa multitudinaria en Panamá, en la famosa Cinta Costera de la capital del país.

"Hacer más" 

Pero muchos tendrán un ojo en la posibilidad de que Francisco pueda dedicar unas palabras a la crisis venezolana.

"Venezuela en estos momentos está pasando por una situación muy fuerte, muy crítica (...), creo que lo que el papa debería hacer es llamar a la unión en Venezuela (...). Debería hacer más", dijo a la AFP John Gallego, un venezolano de 31 años que viajó desde Colombia para el encuentro con el papa.

En diciembre pasado, Francisco deseó que Venezuela pudiese "encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población".

Aunque el papa ha evitado confrontación directa con el gobierno de Maduro, la cúpula de la Iglesia católica venezolana ha sido dura crítica del cuestionado mandatario y su antecesor, el fallecido Hugo Chávez (1999-2013). 

Francisco envió un emisario al país petrolero para acompañar un diálogo entre gobierno y oposición a finales de 2016, negociaciones que fracasaron entre mutuas acusaciones de incumplimiento de acuerdos.

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