Se puede afirmar que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, es difícil de predecir cuando se desata una crisis.

Fue él quien se apresuró a expresar su furia ante Turquía por el derribo del bombardero ruso el 24 de noviembre.

Sin embargo, a veces se toma su tiempo o reacciona en formas inesperadas ante situaciones difíciles.

Sólo horas después de que el Su-24 ruso fue derribado, Putin dijo que aquello había sido una "puñalada por la espalda" a cargo de los "cómplices de los terroristas".

También advirtió de las "graves consecuencias" para las relaciones de Moscú con Ankara.

La retórica de Putin resultaba al tiempo explosiva pero expresada con conciencia de estar conteniéndose.

Algo parecido al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, quien parecía tender la mano a Moscú cuando dijo el jueves: "Si hubiéramos sabido que era un avión ruso, tal vez habríamos advertido de manera diferente".

Mientras el viernes cambió totalmente de tono y acusó a Putin de "jugar con fuego" y "mentir", eso sí, sin dejar de reiterar su oferta de reunirse con Putin la semana que viene.

El presidente ruso ya dejó claro que quiere una disculpa antes de cualquier encuentro, pero al igual que su contendor verbal, parece consciente de que debe moderar el discurso.

¿Cómo entender las señales pasivo-agresivas que lanza Putin?

Mirada de hielo

La experiencia sugiere que Putin no suele ser tan rápido a la hora de pronunciarse ante los ataques contra Rusia.

Después de los atentados que produjeron más de 30 muertes en Volgogrado, en diciembre de 2013, esperó dos días antes de romper el silencio.

Después prometió que los "terroristas serán destruidos".

Hubo una reacción tardía similar después del derribo del avión comercial de Metrojet en Egipto, en el que 224 personas murieron.

La tragedia ocurrió el 31 de octubre, pero no fue hasta el 2 de noviembre que Putin apareció en televisión para expresar sus condolencias a las familias y amigos de las víctimas.

De hecho, el anuncio oficial de que el avión fue destruido por una bomba fue administrado cuidadosamente por Putin y sus asesores de comunicación.

En la cumbre del G-20 en Turquía, el 16 de noviembre, periodistas le pidieron comentar sobre la investigación y Putin se limitó a decir que era demasiado temprano para tener conclusiones.

Lo dijo sereno, visiblemente calmado.

Horas más tarde, sin embargo, en una reunión en el Kremlin en la que se confirmó la causa del desastre, su actitud cambió por completo...

Mirando fijamente a la cámara y haciendo una pausa entre las frases, Putin dijo que los "criminales" que consumaron el ataque contra el avión serían perseguidos y castigados "dondequiera que estuvieran".

Ellos deben entender que "el castigo es inevitable", añadió con mirada gélida.

"Contra las cuerdas"

Lo anterior en apariencia contrasta con una declaración de Putin hecha un par de días después de la voladura del avión de pasajeros MH17 de Malasia sobre el este de Ucrania, el 17 de julio de 2014.

Putin apareció de la nada en televisión poco después de medianoche aquella vez para decir que nadie tiene el derecho de utilizar la "tragedia" para sus propios fines políticos "egoístas" y que no debe "dividir, sino unir gente".

Extrañamente, el presidente de Rusia se veía cansado.

Tenía ojeras y su piel lucía más pálida.

Parecía que "no durmió durante varios días y estaba claramente nervioso", dijo el analista político Stanislav Belkovsky aquella vez.

Nadie diría eso ahora sobre sus apariciones después de derribo del Su-24 ruso de Turquía.

Sin embargo, Belkovsky resultó ser más astuto cuando interpretó la psicología de Putin después de lo sucedido con el MH17.

"El presidente puede parecer contra las cuerdas, se dijo julio de 2014, pero esto no quiere decir que va a dar marcha atrás", hizo notar.

Ahora, el comportamiento y el lenguaje de Putin en el caso del Su-24 también sugieren que es muy poco probable que vaya a dar marcha atrás.

 

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