Llegó simplemente como el amigo de gran peso político que necesitaba Hamid Baghaei para registrarse a las elecciones, pero el expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad tenía guardada la sorpresa.

En un momento inesperado, sacó sus documentos y los entregó a los funcionarios electorales que quedaron "aturdidos" por el inusual movimiento político de quien fuera presidente entre 2005 y 2013.

Y es que desde septiembre pasado, el ayatolá Ali Jameni, el líder supremo de Irán, había dicho que un regreso a la política de Ahmadinejad "no iría ni en su bien, ni en el del país".

Y la nación teocrática de Medio Oriente, las opiniones del ayatolá no suelen pasarse por alto.

"Ahmadinejad y sus aliados han desafiado un entorno polarizado", explica a BBC Mundo el profesor Arang Keshavarzian, del Departamento para el Medio Oriente y Estudios Islámicos de la Universidad de Nueva York.

"Hay una narrativa de que esta elección presidencial de 2017 enfrentará a un conservador de línea dura cercano al líder supremo contra el titular reformista moderado", el presidente Hassan Rohani que busca la reelección, explica el profesor.

Pero Ahmadinejad no es el más cercano al ayatolá, ¿por qué el desafío de su postulación?

El proceso de sucesión

Para las elecciones de mayo se han registrado más de 120 aspirantes, incluidas seis mujeres, pero en Irán es el Consejo de Guardianes hace la selección final, usualmente de menos de 10 candidaturas.

Se esperaba el registro de Hamid Baghaei, quien fue vicepresidente de Ahmadinejad, al ser una de las figuras del conservadurismo vigente.

Y este miércoles, al presentarse ante la oficina electoral, el propio expresidente dijo que iba a apoyarlo.

"Me he registrado simplemente para apoyar a Baghaei y voy a actuar de acuerdo con el consejo de líderes. Voy a estar apoyando a Baghaei con todas mis fuerzas", dijo Ahmadinejad.

Aun así, dejó abierta la posibilidad de su propia candidatura al dar una interpretación de la recomendación que hizo en septiembre Alí Jameni sobre su postulación.

"Algunas personas dicen que la recomendación indicaba que estaba vetado, pero lo que hizo el líder supremo fue solo aconsejar", declaró el expresidente.

El 27 de abril es cuando el Consejo de Guardianes emite la lista de candidatos seleccionados y generalmente no aprueba a disidentes ni mujeres.

¿Ahmadinejad tiene posibilidades?

Para la mayoría de los analistas, Ahmadinejad no tiene posibilidades de pasar esa selección que iría por encima de la recomendación del ayatolá.

En cambio, ven la postulación del expresidente como un movimiento para hacer pesar su influencia política a favor de Baghaei o de otro de sus aliados, Esfandiar Rahim Mashaei.

"Quizás (Ahmadinejad) está especulando que sería difícil para el Consejo de Guardianes descalificarlos a los tres", dice a la BBC Karim Sajidpour, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

Por su parte, Keshavarzian cree que aún "no está claro si Ahmadinejad o su aliado Baghai pasarán el proceso selección de candidatos, pero si uno de ellos lo logra, entonces ofrecen una alternativa a los cuatro años más de Rohani".

"Las elecciones son apenas libres, pero la competencia entre los candidatos es real y el 'establishment' político no puede inferir en los resultados", añade el investigador.


El efecto de Ahmadinejad, por Jamshid Barzegar de BBC Persa

La decisión de Mahmoud Ahmadinejad de inscribirse es la mayor sorpresa hasta ahora en la elección presidencial.

El Ayatola Jamenei había indicado que no quería que Ahmadinejad participara y es inusual que cualquier persona en la clase política vaya en contra de los deseos del líder supremo. Los que lo hacen tienden a pagar por ello.

La línea dura del gobierno ha dejado claro que están molestos y decepcionados. Algunos han llamado al movimiento de Ahmadinejad "inaceptable" y dijeron que va a significar el fin de su carrera política.

Todos los candidatos potenciales tienen que ser aprobados por el Consejo de Guardianes y muchos observadores creen que Ahmadinejad no va a pasar este obstáculo.

Pero si lo hace, su entrada en la carrera es probable que le robe algo de brillo al candidato preferido de la línea dura, Ebrahim Raisi.

También será perjudicial para el presidente Rohani, especialmente con los votantes más pobres que aún tienen que sentir los efectos de las mejoras económicas prometidas tras el acuerdo nuclear, y podrían ser influidos por la retórica populista de Ahmadinejad que promete recuperar los subsidios para ayudar a las personas a lidiar con la inflación.


La disputada reelección de Ahmadinejad en 2009 desencadenó las mayores protestas en Irán desde la revolución islámica de 1979.

A pesar de que millones de personas exigieron una repetición, el líder supremo insistió en que el resultado fue válido y hubo una persecución de la disidencia con muertos y miles de detenidos.

Algunos analistas creen que la reaparición de Ahmadinejad puede convulsionar la votación de mayo.

El atractivo de Ahmadinejad

La elección de mayo es vista como un referendo al acuerdo nuclear que firmó el gobierno de Rohani con EE.UU.

El pacto vino alivió las duras sanciones económicas que EE.UU. y otras naciones occidentales impusieron a Irán por el programa nuclear impulsado por Ahmadinejad, el cual el expresidente siempre dijo que era con fines energéticos y no armamentistas, como lo acusaban.

Sin embargo, los iraníes aún no perciben que su situación económica sea favorable, y la propuesta política de Ahmadinejad hace eco del malestar.

"Hay desilusión en Irán sobre las expectativas que generó el acuerdo nuclear", explica el profesor Sajidpour, quien compara el "populismo" de Ahmadinejad con la pasada elección presidencial de EE.UU.

"Es un político muy astuto y sospecho que cuando vio la elección de Donald Trump en EE.UU. él pensó para sí mismo 'inventé el populismo, fui la cabeza en su tiempo y hay desilusión económica en Irán, es el momento'", dijo Sajidpour a la BBC.

Para el profesor Keshavarzian, hay un cierto paralelismo entre Trump y Ahmadinejad "como figuras anti-establishment sin estar realmente separados de los centros de poder", pero cree que las realidades de sus países son muy diferentes.

Sin embargo, los analistas coinciden en que, ya sea por sí mismo, o apoyando a otro candidato de su línea dura, el peso de Ahmadinejad ya se ha dejado sentir en estas elecciones.

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