Con fecha del 17 de junio de 2014 estaba el escrito de Hiller a sus compañeros de directorio mostrando su descontento con la llegada del ex Unión Española al cuadro laico.

En el texto afirmaba lo siguiente: “encuentro que tener un costo de US$ 100.000 al mes por 24 meses por un jugador viejo, con una rodilla para la miseria, poco goleador si no tomamos en cuenta los penales convertidos, suspendido en Argentina por doping, es una locura. Estoy seguro que en ninguna empresa un hecho como este sería posible”.

Además, cuándo Hiller comenzó a sacar cuentas con las platas de la U, escribió que “su costo representa un 24% del total de nuestra plantilla en el último campeonato. Siendo que de por sí es un mal elemento para el camarín, ¿hay alguien que crea que cuando se sepa su costo y remuneración, esto va a mejorar el ambiente entre los jugadores? (...) estamos actuando en base a calenturas y expectativas exageradas. Todos sabemos que no podrá estar presente, en el mejor de los casos, en algunos o varios partidos porque su físico se lo va a impedir. ¿Cuáles serán esos partidos? ¿Los sin “sin importancia” o los “clásicos” ¿Seriamente, me van a decir que no existe un centrodelantero que nos cueste US$ 3.600.000 por tres años y que además podríamos vender después?” .

Ahora bien, el estadio es prioridad en los azules, pero no aparecerá sin contar con el dinero para solventarlo, por lo mismo el ingeniero comercial dijo que “Si a esto le sumo el Estadio, que ya parte con un déficit de 20 millones de dólares, todo se encadena en una fiesta del despilfarro que el club no tiene. Decir que no importa, porque haremos un aumento de capital es volver a la época de los mecenas en el fútbol. ¿Cómo quedará la caja después de todos los finiquitos, venta y contrataciones que estamos haciendo? Hace nada teníamos un superávit de 15 millones de dólares. ¿Cuánto nos queda? ¿Cómo cubriremos el déficit que tendremos este año?…”.

Claro, Canales la temporada pasada anotó nueve goles en 15 partidos. Números que rompen con la idea de “jugador viejo” que tiene Hiller. ¿Seguirá pensando lo mismo el empresario?

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