Hubo que esperar ocho años para volver a ver a Juan Martín del Potro y Roger Federer en la cancha principal del Abierto de Estados Unidos.

Y como sucedió en 2009, el tenista argentino salió airoso de su duelo contra el maestro del tenis.

Pero si aquella victoria significó su primer título en un Grand Slam, siendo el único en interrumpir el dominio de casi 10 años de los llamados cuatro fantásticos del tenis -Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray- lo vivido este miércoles en la cancha Arthur Ashe de Nueva York tuvo un valor aún más especial.

"Lo que he logrado es difícil explicarlo en palabras. Lo que sentí adentro de la cancha es un poco lo que vivieron afuera. Ha sido un show maravilloso", comentó Del Potro tras vencer a Federer 7-5, 3-6, 7-6 (10-8) y 6-4 y avanzar a semifinales donde enfrentará a Nadal.

"No me puedo creer que esté en semifinales después de todas mis operaciones", reconoció sorprendido luego de protagonizar otra gesta inolvidable.

Hace dos días había logrado lo imposible al remontar dos sets y tres puntos de partido para vencer en cinco sets al austriaco Dominic Thiem y ahora está a un paso de regresar a la final de un Gran Slam por primera vez desde aquella noche mágica que vivió cuando tenía tan sólo 20 años.

Ahora, a los 28, pensaba que nunca volvería a tener esa oportunidad.

Su grandeza

De caminar pausado y hablar suave, con tono grave y palabras comedidas, la aparente figura inofensiva de Juan Martín del Potro contrasta con la fiereza con la que le pega a la pelota.

Ni lo imponente de su físico, de 198 centímetros y 97 kilogramos, da muestras del inmenso motor de voluntad que esconde en su interior.

No se entiende de otra forma cómo la "Torre de Tandil", como se le conoce en su tierra, pudo sobrevivir deportivamente a la pesadilla que tuvo que atravesar, período en el que estuvo más cerca de dejar la raqueta que volver a una cancha.

Fueron más de 300 días de calvario, afectado por la fragilidad de sus muñecas (se sometió a una operación en su muñeca derecha y a tres en su izquierda), que comenzó en marzo de 2014.

Antes, en 2010, ya había sufrido una ausencia importante del circuito profesional por la misma razón que a la larga se convirtió en una experiencia invaluable para hacer frente a cada una de las recaídas que fue sufriendo.

De poco importó bajar hasta el puesto 1.045 del ranking en febrero de 2016, una semana antes de reaparecer en el circuito profesional.

Durante su proceso de rehabilitación todo había adquirido una nueva perspectiva por lo que el simple hecho de saltar a la cancha en el torneo de Delray Beach, en Florida, fue uno de sus mejores triunfos.

Logró avanzar hasta semifinales en lo que fue el preámbulo de un año inolvidable.

Entre lágrimas

Fue un proceso lento, en el que combinó triunfos importantes con derrotas inesperadas, pero en el que siempre fue escalando en la clasificación.

Así fue que regresó a disputar un Grand Slam, en Wimbledon, donde venció al suizo Stan Wawrinka en segunda ronda y sorprendió a todos en una semana mágica en las Olimpiadas de Rió 2016.

En los juegos derrotó al serbio Novak Djokovic en su debut y superó a Rafael Nadal en semifinales antes de caer en el partido decisivo frente al británico Andy Murray.

Después llegó la conmovedora ovación que recibió en su vuelta a Nueva York pese a perder en cuartos de final frente a Wawrinka.

Eso sirvió de estímulo para lograr su primer título en tres años en el Abierto de Estocolmo, triunfo que le sirvió de preparación para la mayor hazaña de su carrera, la Copa Davis.

Tras vengarse de Murray en semifinales, Del Potro guió a Argentina a la histórica victoria contra Croacia al ganar sus dos partidos de individuales, en especial su histórica remontada ante Mario Cilic tras ir dos sets abajo

Eso completó el mejor año de su vida, como lo reconoció el mismo tenista argentino.

Ahora falta ver si lo puede superar.

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