AFP.

Oficiando como '9' y en reemplazo de su querido amigo y suspendido capitán, Paolo Guerrero, un inspirado Jefferson Farfán conectó un certero disparo a los 27 minutos, que puso a volar al portero Stefan Marinovic y elevó al cielo a 30 millones de almas que comenzaban a ver a su país de vuelta en una Copa del Mundo.

"Paolo, esto es para ti, Paolo está por ahí", dijo "La Foquita", al final del juego, señalando a las tribunas.

En la segunda mitad, a los 65, un tiro de esquina se escurrió por entre las torres neozelandeses y llegó a los pies de la "sombra" Christian Ramos, quien, también en posición de '9', metió un zapatazo que dejó sin garganta al Estadio Nacional.

Después de su último Mundial en España-1982, el sueño de Rusia-2018 se hacía realidad.

En una noche de homenajes a Guerrero, Perú se reencontró con el juego al ras del piso, de pase rápido, desequilibrante, con juego de cintura, que abría la cancha con efectivos laterales y dejaba sin argumentos a una Nueva Zelanda por ratos replegada y que complicó con chispazos de su estrella Chris Wood en el segundo tiempo.

La visita llegó a Lima a proponer un juego similar al que ofreció en Wellington. Arrancó apurado, con presión y aplicando el pelotazo, con marcas de a tres y un juego brusco que les hizo llevarse faltas.

Los laterales y Farfán

En la ida, en Wellington, el equipo peruano fue cauteloso y jugó aún dolido por la ausencia de Paolo Guerrero, suspendido por un resultado adverso en un examen antidopaje. Pero ahora estaban en su casa, con un estadio Nacional de Lima pintado de blanco y rojo. Había que salir a matar.

Así que el DT de Perú, Ricardo Gareca, optó por un esquema desequilibrante y colocó al marcador Luis Advíncula por la banda derecha, un hombre con una velocidad que le permitió cambiar de lado a discreción. Y dejó sus intenciones claras. A los dos minutos un disparo suyo sacó astillas al arco de Marinovic.

"Vaaamos, vamos peruanos, que esta noche, tenemos que ganar", coreaban las graderías del Nacional.

A los doce, "El rayo" volvería a avisar y, tras sacarse de encima a Wynne puso un centro rasante que el portero controla. Por la banda izquierda, Miguel Trauco detectaba las carencias de la zaga visitante. Y el gol tenía que llegar.

Christian Cueva picó por la izquierda, controló la pelota y puso un pase certero a la zona del '9'. Tal vez creyó ver a su compañero Guerrero, pero era "la foquita" Farfán quien llegaba para recibir el balón y acomodar un misil en las redes de Marinovic.

La celebración fue con la camiseta de Guerrero, que le lanzaron desde la banca. Perú soñaba. "Cómo no te voy a quereeeer, como no te voy a quereeer....". Farfán se reivindicaba así con una hinchada que le había sido adversa, tras un irregular historial.

"Tenía convencimiento en la calidad del jugador peruano. Me fijo en el jugador y no en el lugar donde está y eso abre oportunidades para todo el mundo", aseguró el "Tigre", quien armó su equipo escarbando en los clubes locales, con pobres resultados internacionales y con problemas económicos. Consiguió una escuadra sin estrellas pero con hambre de triunfo.

Nuevamente los incas probaron a los 41 vía Trauco, con un disparo que se fue de las manos del cancerbero de los "All Whites" y que controló antes de que Farfán reaccionara. 

Nueva Zelanda apostaba por un frágil juego aéreo que Perú devolvía a ras del gramado y abría la cancha. 

Renace desde la "Sombra"

Si bien fue dueño del primer tiempo, el inicio del segundo fue más impreciso para Perú. El DT neozelandes, el estadounidense Anthony Hudson, colocó a su mejor arma: Chris Wood, que envalentonó a su equipo. Empezaron a ganar los espacios en el medio y a rearmar un juego aéreo que casi le da resultado a los 49 minutos con centro que el propio atacante del Burnley de Inglaterra conectó sin éxito. 

Perú no tardó mucho para volver a la carga. Recuperaba el toque, amagaba. Un tiro de esquina de Cueva sellaría el destino. Farfán saltó para conectar pero fue finalmente la "Sombra" Ramos quien conectó y subió al Perú en el avión a Moscú.

Faltando diez minutos Perú olió la sangre e intentó ir por más. Buscaba la contra con Cueva y Edison Flores, pero la emoción por el triunfo parecía jugar en contra. 

En tanto, Wood se ofuscaba al no encontrar complicidad en sus compañeros. Una desinteligencia de los incas a los 90 minutos obligó al portero peruano Pedro Gallese a achicar. Pero ya todo estaba dicho.

Atrás quedó el dolor de haber perdido a Paolo Guerrero. Atrás quedaron tres décadas de fracasos, frustraciones, del jugamos como nunca y perdimos como siempre, del "qué bonito juega Perú que pierde por goleada". Hoy, Perú jugó bonito. Y ganó.

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