Este lunes 1 de mayo se cumplen 23 años de la trágica muerte del brasileño Ayrton Senna, considerado como uno de los más grandes pilotos de la historia de la Fórmula 1 y del automovilismo en general.

El nacido en Sao Paulo falleció en un choque, cuando tenía 34 años, mientras disputaba el Gran Premio de San Marino de 1994.

El brasileño murió al impactar contra un muro a más de 200 kilómetros por hora en la curva Tamburello, una de las más rápidas del circuito del Autódromo Enzo e Dino Ferrari en la ciudad de Imola, Italia.

El piloto fue rápidamente trasladado en helicóptero hasta el Hospital Maggiore de Bolonia. Sin embargo, el parte médico señaló que el piloto sufría un "traumatismo craneal, shock hemorrágico y coma profundo".

Finalmente, luego de unas horas se confirmó la inevitable muerte de Senna que, según los médicos, había fallecido a las 14:17, en el momento exacto del accidente.

El deceso del piloto provocó un profundo pesar en el mundo del automovilismo y en el pueblo brasileño, donde era, y sigue siendo, muy querido no solo por sus logros deportivos, sino que también por su personalidad, su cercanía con la gente y su ayuda en múltiples causas benéficas.

Ayrton Senna compitió durante 10 años en la Fórmula 1 en cuatro escuderías diferentes (Toleman, Lotus, McLaren y Williams) y se coronó campeón en tres oportunidades (1988, 1990 y 1991).

Además fue dos veces subcampeón de la categoría, ganó 41 carreras, logró 80 podios y alcanzó 65 “pole positions”.

Destacó por su agresividad y velocidad al competir, y por su rivalidad con el francés Alain Prost, quien declaró luego del fallecimiento de Senna que “honestamente, es muy difícil para mí hablar de Ayrton, y no solo porque ya no esté aquí. Era tan diferente, tan completamente diferente a cualquier otro piloto y de cualquier otra persona que haya conocido”.

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