“La gran pregunta que deberá hacerse el mundo de la centroderecha será cuáles son los mínimos comunes, en caso de que José Antonio Kast pase a segunda vuelta”. Esa es la principal tesis que desarrolla, en entrevista con T13.cl, el director del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Claudio Alvarado, en torno a lo que se juega el oficialismo en la elección presidencial y parlamentaria de este domingo 21 de noviembre.

El abogado sostiene que, para evitar la irrelevancia, Chile Vamos no debe entregarse a Kast sino confluir en cambios para el futuro plan de gobierno. En ese sentido, dice, es crucial dejar de lado los temas morales e intentar frenar, por ejemplo, el cierre de instituciones como el INDH o Flacso.

Antes que eso, eso sí, Alvarado, en más de una ocasión, repite que el escenario presidencial aún está abierto. “Acá no hay nada claro”, señala.

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—¿Por qué no da por sentada una segunda vuelta entre Gabriel Boric (Frente Amplio) y José Antonio Kast (Frente Social Cristiano)?

—En las distintas elecciones que hemos tenido en el último tiempo, se ha visto que estamos viviendo en el reino de la incertidumbre. Si bien hay ciertas tendencias que han venido marcando las encuestas y que es probable que se den, aquí nadie puede celebrar o anticipar nada a ciencia cierta, hasta el último minuto. Dicho eso, es verdad que hemos tenido muchas encuestas -ni una ni dos- que han venido mostrando ese escenario que tú indicas y, si eso se cumple, va a ser un hecho político de la mayor importancia, porque sería la primera elección desde el retorno a la democracia en que quienes pasan a segunda vuelta no pertenecen a las dos grandes coaliciones que han conducido el país. Eso obviamente va a terminar de remecer el tablero político.

—¿A qué responde el auge de José Antonio Kast, un político que renunció a la UDI y que se salió de la coalición? No solo su popularidad sino este tránsito de una candidatura de nicho al abanderado con más posibilidades en la derecha…

—Si se confirma el resultado que se viene augurando en las encuestas, uno podría leer que el electorado le está dando el beneficio de la duda a quienes, a sus ojos, no han tenido la posibilidad de gobernar y eso no es extraño. En Chile, primero, comenzó a caer la centroizquierda y luego, con este gobierno, termina por caer en descrédito la centroderecha, entonces, lo que termina ocurriendo es que se opta por alternativas diferentes. Ese es el cuadro en el que se inserta el auge de la candidatura de Kast. Ahora, respondiendo tu pregunta, veo al menos tres consideraciones más al auge de Kast. El primero: un oficialismo muy debilitado luego de este segundo paso de Sebastián Piñera por La Moneda. Uno puede discutir las causas, pero es un hecho: todas las proyecciones que hizo el piñerismo para volver a La Moneda se derrumbaron como castillos de naipes. Acá se hablaba de un gobierno que tenía un programa para los próximos ocho años, se prometió reactivación económica, una clase media protegida, tiempos mejores, en fin, puras cosas que no se cumplieron. Los problemas de este gobierno venían desde antes del estallido social, después solo se agudizaron. Segundo factor: los problemas que ha tenido la candidatura de Sebastián Sichel. No cumplió las expectativas, se proyectó un aire de renovación y la verdad es que, bueno, son públicas las peleas que hubo entre los partidos y el comando, las dificultades que tuvo para instalarse, las acusaciones en torno a su pasado. Tercero: las prioridades ciudadanas y el ánimo de renovación tenían un flanco olvidado, que es el orden público, el anhelo de mayor seguridad en ese ámbito de la vida. Si uno mira las encuestas de los últimos diez años es indudable que se espera mayor seguridad en salud, pensiones, pero también en temas como orden público, delincuencia. Luego de la brutal violencia que se observó este último 18 de octubre, creo que ese aspecto de las prioridades ciudadanas agarró más vuelo. Y más allá de que uno coincida con sus propuestas, es bastante claro que Kast logró encarnar una promesa muy fuerte en esa línea.

—Con esa cuadro de que la ciudadanía le está dando espacio a la renovación, ¿qué tanto le complica o le suma a Kast los respaldos del oficialismo? Gabriel Boric tiene una coalición detrás, guste o no, mientras Kast tiene solo un partido recién formado y un movimiento cristiano...

—Si Kast aspira a conseguir el triunfo en segunda vuelta y no a tener simplemente una candidatura testimonial, va a tener que ofrecer una alternativa viable y creíble de gobierno y eso exige crecer y buscar apoyos más allá del Frente Social Cristiano. Este ejercicio va a ser desafiante para ambas partes. Por un lado, el mundo de Kast va a tener que abrirse a algo que, hasta ahora, le ha resultado difícil, y que tiene que ver con tener una vocación de mayoría, con una flexibilidad programática, estar dispuestos a salir del nicho. Por otro lado, los partidos de Chile Vamos o Chile Podemos Más también tendrán que preguntarse qué es lo que resulta exigible a Kast para que modifique. Porque él no va a poder modificar todo, entonces, la gran pregunta que deberá hacerse el mundo de la centroderecha será cuáles son los mínimos comunes en caso de que Kast pase a segunda vuelta. Sebastián Sichel tiene una intuición correcta cuando dice que aquí no puede haber cheque en blanco, pero creo que se equivoca en las banderas que han elegido para enfatizar en esa necesidad de acuerdo político. Han puesto el énfasis en los llamados temas morales, pero es lógico que en eso Kast no va a cambiar, además, la mayoría de Chile Vamos piensa así en estos temas. Creo que es mucho más importante que dentro de ese mundo la pregunta que se instale en torno a los puntos realmente programáticos de José Antonio Kast: el Estado de excepción, el cierre de instituciones, el tema económico y a mi juicio todo el tema discursivo, que me parece gravísimo, respecto a la historia reciente de Chile.

—¿Comparte esta sensación de algunos en la derecha de que Kast no será capaz de superar su techo de la primera vuelta para el balotaje?

—Acá nadie puede asegurar nada. Esto es muy incierto, ¿por qué? Si volvemos a las prioridades ciudadanas que se han manifestado incluso antes del estallido social, pero que se han agudizado después, podemos decir que hay un pack que nadie ha logrado ofrecer completo. La ciudadanía requiere mayores seguridades y certezas en los distintos ámbitos de la vida, el ser capaces de mostrar un proyecto político que encarne una promesa creíble y viable de terminar con la precariedad de la vida cotidiana en pensiones, en salud, pero también en delincuencia y orden público. Como no hay ningún político, hasta ahora, que haya ofrecido eso de modo conjunto, lo que tendríamos en la segunda vuelta es una invitación a optar por uno de los ámbitos. Y ahí uno no sabe cómo va a ser el comportamiento electoral. Hay muchos motivos para suponer que en Chile tiene muchas más posibilidades de ganar Boric que Kast, pero como el escenario está incierto, yo diría que si los porcentajes en primera vuelta son relativamente cercanos, el escenario va a estar abierto para cualquiera y dependerá entonces de los actores políticos y de cómo se terminen desenvolviendo los candidatos.

—¿Cree que Kast será capaz de convocar a la elite de la derecha moderada para poder fortalecer su plan de gobierno? ¿Cuánta fuerza va a tener Kast para enfrentar al menos a una izquierda que tiene una coalición amplia? Esta inquietud surge de hecho por su performance del último debate.

—Eso dependerá de cómo se comporte Kast y su mundo. Si Kast pone los énfasis adecuados y modifica aquellos aspectos de su programa que han sido criticados de manera transversal, adquiere un énfasis social creíble, y retoma una performance como la que tuvo antes del último debate, es un escenario. Pero si vemos que predomina el José Antonio Kast del último debate, más bien apocado, sin tanto aplomo, y además repitiendo errores graves como lo que ocurrió con la comparación entre Nicaragua y el fin de la dictadura en Chile, obviamente que es otro escenario. El resignarse a ser una candidatura de nicho depende de su propia decisión. Si persevera en cerrar Flacso, el Instituto de Derechos Humanos, en el Estado de excepción que se plantea en el programa, en negar los aprendizajes de la historia reciente o pasar a segundo plano los aprendizajes de Chile en la historia reciente en materia de Derechos Humanos, entonces obviamente que no va a tener ninguna posibilidad. Quien pase a segunda vuelta de la derecha, está compitiendo contra un proyecto de izquierda, no de centroizquierda, que representa un ánimo de renovación generacional, pero que en algunos temas también puede ser tildado de extremo. La disyuntiva es muy difícil de resolver, hay mucha gente a la que le va a costar mucho decidir si va a votar por Boric o Kast, de hecho, hay gente que jamás va a estar dispuesta a votar por uno o por otro, pero sabemos que el grueso de la ciudadanía no está ideológicamente movilizado y, en ese contexto, cualquier cosa puede pasar.

—¿Piensa que se va a diluir Chile Vamos o bien disolver ante el auge final de Kast?

—Chile Vamos -y me refiero a la institucionalidad de la derecha- debe ser capaz de no comportarse como el votante promedio de centroderecha. El votante que típicamente vota por candidatos de la UDI, Evópoli, RN, ante la amenaza de Gabriel Boric y el Partido Comunista, lo lógico es que no se cuestione mucho y opte por votar por Kast. Si Chile Vamos simplemente se pliega a Kast, se va a volver irrelevante, entonces, institucionalmente deben poner sobre la mesa exigencias programáticas. Ahora, esas exigencias deben ser las adecuadas. Para la centroderecha debiese ser impresentable el programa de Kast en materias de Estado de excepción, en cerrar ciertas instituciones, hay que revisar la cuestión económica. La centroderecha se va a ver debilitada, es obvio, y va a tener que entrar a un ejercicio de introspección, pero en política ocurre que las decisiones de los actores van configurando a su vez el escenario. Entonces, diría que no está necesariamente condenada a pasar a la irrelevancia en la medida en que se comporte de un modo que la haga políticamente relevante. Si pone exigencias que no apuntan a lo medular, como me parece que ocurre con algunas de las exigencias que ha planteado el entorno de Sebastián Sichel, podría quedar fuera de juego. La centroderecha viene siendo muy crítica respecto del comportamiento de un sector importante de la izquierda desde el punto de vista de su compromiso con la democracia constitucional y por eso la derecha es tan crítica en la Convención Constitucional, por ejemplo, en las sanciones al negacionismo. Por eso, además, defienden de manera muy robusta la libertad de enseñanza, de educación, de asociación, de expresión, bueno, en el mismo sentido de ese puñado de principios, la derecha debe preguntarse cuáles aquellas cosas del programa de Kast que debieran modificarse para poder prestarle un apoyo que sea justificable. 

—¿Entonces en ningún caso las colectividades de Chile Vamos y el Partido Republicano deberían pensar en unirse en una coalición?

—Es difícil, porque son proyectos que se han perfilado de manera diferente. Cuando los procesos se apuran, en general, no terminan bien. Aquí sería más sensato pensar en un pacto electoral y después ver cómo se desenvuelve ese escenario. E insisto: debe ser un pacto electoral sujeto a las exigencias que ya señalé.

—En Chile no está en el ideario el cómo operarían eventualmente dos derechas en distintas coaliciones, ya sea como oposición o como oficialismo...

—Va a ser un escenario novedoso. Sin embargo, en Chile hace mucho tiempo que ya existe una izquierda más allá de la Concertación, de hecho, se supone que aquí hay dos proyectos, uno de izquierda y otro de centroizquierda, entonces, claro, no es que en Chile no tengamos experiencia sobre esto... A nivel global son muchos los países donde existe una centroderecha y una derecha distinta. Eso, de hecho, nos ayuda a entender bien estas dos derechas. Eso tiene que llevar a ambos sectores a preguntarse cuáles son las lecciones que sacan de ese escenario global y cómo comportarse de cara a lo que sigue.

—¿Cree que se va a exacerbar esta lucha interna entre la derecha dura y la derecha entreguista?

—Es muy probable que haya personas que se apresuren en sacar lecciones a la luz del auge de José Antonio Kast y que incurran en esto que tú preguntas, pero sería muy paradójico, porque sería cometer el mismo error que cometió Piñera, de confundir una mayoría electoral puntual con una mayoría sociológica o cultural en una determinada agenda política, respecto de la cual no hay ningún indicio. De hecho, lo único que a mí me parece que da a entender el auge de José Antonio Kast es la masiva aspiración para tener seguridad en los distintos ámbitos de la vida. Entonces, claro, ahí hay un mundo de derecha -incluso en el documento ruta republicana- en el que se incurre en una paradoja: se aprovechan percepciones ciudadanas relevantes en materia de migración, seguridad y orden público, pero, al mismo tiempo, se niegan esas mismas percepciones cuando tienen que ver con el malestar social, como si eso no hubiese existido o hubiese sido un invento. Si eso ocurre, la derecha dura terminaría cometiendo el mismo error de Piñera y ya sabemos cómo terminó este gobierno.

—¿Cuál es el relato que debe recuperar la derecha? Hubo una discusión entre Gonzalo Cordero y Josefina Araos sobre el futuro de la derecha y de cuáles principios adoptar finalmente...

—No es un ningún misterio que estoy de acuerdo con lo que ha planteado Josefina Araos en esa discusión, porque ha apuntado los dardos al lugar correcto. Y dice relación con lo siguiente: desde los propios principios que inspiran al mundo de centro y de derecha, ser capaces de preguntarse, de leer, examinar y dialogar con la sociedad chilena. Eso debiese ser algo obvio para la centroderecha porque dice relación con tomarse en serio el protagonismo de las personas y de la sociedad civil organizada. A la derecha le ha costado tanto volver a mirar a esa sociedad, reconstruir esos vínculos. Aquí no se trata de renunciar a los principios, sino que, desde los propios principios, ofrecer una interpretación a la altura de lo que demanda el Chile post transición. La derecha no tiene que negar el malestar social, sino tomarlo en serio y construir su relato a raíz de las distintas percepciones de las personas como la seguridad, el orden público, pero también en pensiones y salud. Es decir: no es que la derecha tenga que tomar algunas prioridades y la izquierda otras, sino que tener la capacidad de hacer frente a todas esas prioridades y ofrecer un proyecto de cambios. La centroderecha no puede seguir con la misma receta.

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