Muchas veces tomamos decisiones estúpidas cuando apostamos, pero si observamos cómo actúan los monos en la misma situación, puede que encontremos una buena razón para explicar este comportamiento.

Cuando apostamos, muchas veces nos encontramos con situaciones extrañas y a simple vista irracionales. Una de ellas es la denominada falacia de la "mano caliente" -la creencia de que la suerte viene en rachas- y puede costarnos mucho dinero.

Si ganamos una vez en la ruleta, las posibilidades de volver a hacerlo no aumentan sino que se mantienen constantes.

Pero algo en la psicología humana se resiste a ver esto y la gente suele apostar con la idea de que la suerte continuará, algo llamado la "mano caliente".

Suerte por rachas

La superstición opuesta es apostar a que una buena racha se acabe, basado en la falsa creencia de que sucesos independientes y contrarios tienen que compensarse.

Esto es conocido como la "falacia del jugador", y alcanzó notoriedad en el casino de Monte Carlo el 18 de agosto de 1913.

La bola cayó en el negro 26 veces seguidas, y a medida que la jugada avanzaba la gente perdió millones apostando al rojo, creyendo que la suerte cambiaría de lado.

Pero, ¿por qué actúa la gente así una y otra vez? Una manera de investigarlo es reclutar monos y hacerlos apostar.

Si estos animales toman decisiones estúpidas como nosotros, a lo mejor también podemos aprender sobre nuestro comportamiento. Primero, sin embargo, hay que observar por qué algunos juegos provocan estos efectos y otros no.

Azar

Los resultados de muchos juegos se basan en la capacidad de los que participan, por esto tiene sentido apostar que un goleador como Messi tiene más posibilidades de marcar durante un partido que un defensa, por ejemplo.

Pero muchos otros juegos contienen elementos de azar importantes. En la ruleta o la lotería, no hay manera de saber qué puede salir.

Podemos también tomar como ejemplo lanzar una moneda al aire: aunque haya salido 10 veces cara, las posibilidades de que salga una vez más siguen siendo 50:50.

Las falacias del jugador y de la mano caliente muestran que tendemos a tener una fe poco razonada en que el universo no es tan aleatorio, como si no nos pudiéramos creer que esa moneda realmente tuviera las mismas posibilidades de caer de un lado o del otro.

Eso un resultado que muchas veces nos hace despreciar la parte irracional de la psicología humana, pero esta conclusión puede que necesite revisión.

Apuesta entre especies

Un experimento llevado a cabo por científicos de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, demostró que los monos en un juego de azar también pueden guiarse por el fenómeno de la 'mano caliente'.

Este estudio se basó en el comportamiento de tres monos que controlaban un dispositivo electrónico con sus ojos, y sus elecciones eran distintas si miraban a la izquierda o a la derecha.

En el experimento se les daba dos opciones, aunque solo una de ellas tenía recompensa. Cuando la opción correcta era al azar (50:50 de posibilidades) los monos igual tenían tendencia a elegir la opción que acababa de salir, como si la suerte fuera a continuar.

La razón que hace que este resultado sea tan interesante es que a los monos no se les enseña teoría de la probabilidad en la escuela. Nunca aprenden teorías de azar, o ideas complejas sobre posibilidades de que se repitan los mismo eventos.

Las elecciones de los monos deben estar basadas por tanto en instintos primitivos sobre cómo funciona el mundo, ya que no pueden creer en probabilidades irracionales: no pueden tener falsas creencias.

Realidad subyacente

Lo que pasa aquí, según el estudio, es que este comportamiento es de alguna manera beneficioso.

En la mayor parte de los acontecimientos de nuestra vida una cadena de sucesos exitosos o fallidos suelen estar conectados por buenas razones: hay días que realmente uno tiene una buena racha en la cancha de tenis por estar muy concentrado, y otros en los que al auto no deja de dar problemas porque todos sus componentes están conectados.

En estos casos los sucesos reflejan una realidad subyacente, algo que te permite apostar en lo que va a venir después.

Un ejemplo que funciona bien con los monos es la comida. Si encuentras una fruta en un árbol hay muchas posibilidades de que haya más, por eso vale la pena seguir buscando.

La lección para aquellos que se dedican a estudiar la naturaleza humana es que no deberíamos apresurarnos en llamar irracionales a algunos comportamientos.

Por supuesto que creer en la 'mano caliente' te puede llevar a perder mucho dinero, pero también puede ser que creer que la suerte se repite resulte más beneficioso que contraproducente en algunos casos.

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