-El episodio del cable chino terminó tensionando la relación entre el gobierno de Gabriel Boric y el entrante de José Antonio Kast. Desde tu experiencia en dos traspasos de mando, ¿cómo observas esta situación?
-A mí me tocó participar muy activamente en los procesos de traspaso. En el primer gobierno del Presidente Piñera fui ministro de la Segpres por un período breve y en el segundo fui jefe del Segundo Piso. En ambos casos recibimos instrucciones muy claras del presidente Piñera: el traspaso tenía que ser ejemplar.
Eso significaba entregar toda la información al gobierno entrante y, cuando correspondía, pedir toda la información al gobierno saliente. El propio presidente Piñera se reunió personalmente con muchos ministros del gobierno anterior para conocer los temas en profundidad.
Recuerdo, por ejemplo, que me explicó largamente la reunión que había tenido con José Antonio Viera-Gallo por su experiencia en el tema de La Araucanía.
Ese era el estándar. Y lamentablemente hoy ese modelo de traspaso no lo hemos visto.
-¿Qué es lo que te parece más problemático de este proceso?
-En el caso del cable chino el Presidente Boric actuó con frivolidad. Estamos hablando de un tema de enorme incidencia para Chile. Hoy el mundo vive una situación geopolítica que muchos analistas llaman una nueva guerra fría. En ese contexto, la discusión sobre el cable submarino y su eventual vinculación con China es un asunto extremadamente sensible.
Un tema así ameritaba dedicarle mucho tiempo en el traspaso de información al Presidente electo y a su equipo, lo que no se hizo.
-¿Por qué consideras que no se le dio la importancia necesaria?
-Porque según lo que se conoció de la conversación telefónica del 18 de febrero entre el Presidente Boric y el Presidente electo, el tema del cable se abordó por apenas unos minutos. Si uno hace el cálculo, no fueron más de cuatro. Un asunto de esta naturaleza requería una reunión especial, reuniones entre los equipos técnicos y un informe por escrito sobre la naturaleza del problema. Eso es lo que corresponde cuando se trata de temas estratégicos.
-El Presidente electo José Antonio Kast decidió suspender las reuniones de traspaso.
-Yo creo que ameritaba hacer un “parelé”. Eso es lo que yo veo que está haciendo el Presidente electo. Para Chile esto es extremadamente relevante. La mitad del comercio, y si agregamos la inversión extranjera, se divide entre dos grandes actores: China y Estados Unidos. Por lo tanto, para el país esto es demasiado determinante. Requería un proceso muy riguroso y serio.
-Este miércoles se dio a conocer el informe del Consejo Fiscal Autónomo (CFA) que cuestiona el incumplimiento de la meta fiscal por parte del gobierno. ¿Qué lectura haces de eso?
-Gravísima. Estamos hablando del mayor desvío histórico de la regla fiscal en un año en que no ha habido crisis. El costo de esa desviación se estima en alrededor de US$ 9.000 millones. Es una enorme cantidad de recursos.
Pero además aquí hay un problema más profundo que no veo que se esté discutiendo lo suficiente: el deterioro de reglas institucionales que influyen en el desarrollo económico y social de Chile.
-¿A qué reglas te refieres?
-Los países crecen y se desarrollan cuando tienen instituciones y reglas que se respetan decididamente, porque son claves para el empleo, la inversión y la productividad. Si uno analiza este gobierno desde esa perspectiva, el deterioro es muy grande.
Primero, intentó cambiar radicalmente la Constitución, introduciendo reglas que a mi juicio no permiten el desarrollo de los países. Segundo, deterioró gravemente la regla fiscal. Tercero, se deterioró el derecho de propiedad.
-¿En qué casos ves ese deterioro del derecho de propiedad?
-Un ejemplo muy claro es la ley de pesca. Ahí se cambiaron reglas que estaban acordadas y contenidas en una ley sectorial muy relevante. En la práctica, eso significa que no se respetó el derecho de propiedad.
También hubo cambios importantes en la política laboral. Estamos hablando de reglas fundamentales que afectan el empleo y el capital humano.
-¿Hay algo positivo que rescates de la gestión económica del gobierno?
-Sí. El mejor resultado ha sido la reducción de la inflación. Pero eso se debe fundamentalmente a que tenemos una institucionalidad muy sólida: el Banco Central autónomo.
El Banco Central hizo muy bien su trabajo y el gobierno respetó esa institucionalidad. Eso es lo positivo.
-El gobierno ha defendido su estrategia económica bajo el concepto de “desarrollo productivo sostenible”. ¿Qué opinas de esa visión?
-Si uno mira la columna en El Mercurio, que firmaron varios ministros, sobre ese concepto, francamente es para llorar. En lo esencial no hay nada sustantivo. Cuando uno analiza el desarrollo de Chile, el punto central es el crecimiento. Y hoy no hay ningún trabajo técnico que haya cambiado las proyecciones de crecimiento de largo plazo. Siguen en torno al 2%.
-El litio aparece como una gran oportunidad en este nuevo contexto global. ¿Cómo evalúas la política que ha seguido Chile?
-Ahí también vemos problemas. Chile tenía una posición privilegiada en el mundo. Durante mucho tiempo fue el país con mayores reservas de litio. Hoy ya la perdimos frente a Australia. Y vemos que otros países como Argentina, e incluso Bolivia en el corto plazo, están adoptando políticas mucho más efectivas y rápidas.
En Chile, en cambio, se ha optado por una política que yo llamaría estatista. No se quiere aplicar la ley de concesiones mineras al litio, lo que a mi juicio es un gravísimo error. En un mundo competitivo, eso significa perder oportunidades.