-¿Cómo analiza los primeros dos meses del gobierno del Presidente Kast?

-Con gran coherencia entre lo que se dijo en campaña y lo que se ha pretendido, no necesariamente lo que ha resultado. Emergencia, recuperación del principio de autoridad y de la iniciativa económica, conformación de equipos profesionalmente aptos y políticamente conectados.

Me molesta mucho cuando se quejan de los primeros 70 días con la perspectiva que uno tiene que tener cumplidos los cuatro años. Eso es injusto. Lo que hay que hacer no es mirar los 70 días, sino las semillas que se están poniendo para cuatro años y ojalá para ocho años.

-¿Cómo se conjuga eso con la promesa de mostrar resultados en los primeros 90 días?

-Pensemos en seguridad. Zanjas, operativos con miles de detenidos en las principales ciudades del país, operativos en La Araucanía. ¿Por qué esos hechos no han sido suficientemente valorados como señales claras de los primeros 90 días?

En recuperación económica, ¿puede alguien decir que no ha habido celeridad y que las dos cámaras están en estado de shock? Por el contrario. “¡Esto ha sido muy apurado! ¡Son demasiadas cosas!”, dicen en la oposición. Seamos coherentes con la crítica.

Una tercera dimensión es la conformación de los equipos. Esos equipos todavía tienen carencias, y se ha notado con el cambio de gabinete. ¿Quién acierta con miles de nombramientos? Lo que hay que hacer es mirar a mañana y pasado mañana, sabiendo que lo que ha sucedido para atrás cambia ya el rumbo del país.

-¿Hay que bajar las expectativas, entonces?

-No hay maquinaria que resista un shock completo. ¿Por qué se habló de emergencia? Porque hay aspectos que tienen que ser rápidos y enérgicos. E incluso, si es necesario, cambiar el gabinete. ¿Cómo es posible que a los 69 días haya cambiado el gabinete? Si el nuevo ministro es capaz de sacar adelante la seguridad, la anterior queda en el pasado. Así de simple.

-¿El problema, cree usted, ha estado más en la comunicación o de la coordinación, que en la gestión?

-Ha habido virtudes, pero también problemas concretos. Uno es el lenguaje. En un discurso de un Presidente se van a cometer errores siempre. Pero un buen analista no se fija si la palabra debiera haber sido hipérbole y no metáfora, sino en el mensaje de fondo. La frase “hay libros que quedan en una biblioteca que nadie lee”, es tomada como ridícula. El mensaje del Presidente es que hay investigación superflua, y eso es lo que hay que discutir. El mensaje es que perdemos muchísima plata, y lo dice un investigador.

-Más allá de la discusión de si era metáfora o hipérbole, lo que termina instalándose es que una promesa central de la campaña no era tal.

-Esa es la discusión de fondo interesante. En qué medida la promesa era instantánea o había que ir aplicándola en el tiempo. El Presidente tendrá que aclarar en qué medida la metáfora o la hipérbole sigue estando vigente.

Estoy seguro de que de ninguna manera quiso decir “los engañé, esto no se va a hacer”. El planteamiento de campaña requiere ahora ser aterrizado y eso no puede suceder en un chasquido de dedos. Aterrícelo en el tiempo entonces, Presidente. Que sus funcionarios hagan el calendario de expulsiones.

En la coordinación de la comunicación claramente ha habido fallas. Si el Presidente ha decidido cambios en Seguridad y Vocería, es porque una es sustantivamente decisiva y la otra adjetivamente decisiva.

-Usted ha sido sindicado como uno de los mentores del Presidente Kast. ¿Qué características de su liderazgo ha visto en estos meses?

-Tres cosas. La primera es mantenerse en el contacto personal con regiones. La segunda es dejar trabajar a las personas que él escoge, no atosigarlas con indicaciones o reuniones, no ser Piñera. Quienes trabajaron con el Presidente Piñera, sabían que tenían que estar con los ojos abiertos las 8 horas de sueño, y tenían que llegar con una preparación hasta los últimos detalles, porque él -entre comillas- sabía más que ellos. El Presidente Kast deja trabajar.

Y tercero, conserva un estilo simple, sencillo y ladino en su comunicación, que le va a traer los problemas que le ha traído, pero que no va a cambiar, porque es ir en contra de su ser. Kast es la confluencia curiosísima de un alemán con un huaso colchagüino. Tiene el rigor mezclado con esa cosa chilena profunda de reírse, de jugar con las palabras, le resulte o no. Eso no lo debiera cambiar, es un activo de sencillez.

-Se ha cuestionado que el Presidente delegue y, por ejemplo, no tenga bilaterales con sus ministros.

Es un esquema perfectamente válido. Las bilaterales tienen la ventaja de ir a un grano, pero pierden perspectiva. Las reuniones sectoriales no van a granos específicos, pero logran mejor coordinación. El estilo del Presidente se adapta más a articular en reuniones. Su liderazgo es muy amable y poco autoritario, muy de oír, tomar notas. No estar en el detalle no significa no gobernar.

El Presidente tiene un muy buen diseño, de darle a sus colaboradores, y en particular al Segundo Piso, que se ha ido afiatando, tareas de relato y contenido y de control de gestión. Ambas tareas son muy delicadas porque hay que relacionar contenido con emergencia. Ahí hay una dimensión que es muy sensible: cómo el Presidente, en sus discursos, va marcando una línea que corresponda a un relato, y no solo a la emergencia. Después está el control de gestión, que el Presidente la ha dejado en manos de Alejandro Irarrázaval. Es ahí donde la maquinaria con los ministros tiene que afiatarse.

-¿Usted cree que esa fue una buena decisión?

-Imagino que sí. Alejandro es un hombre de gran capacidad ejecutiva, y es el alter ego de los bilaterales. Lo imagino haciendo ese trabajo de “el Presidente quiere esto”, sin que el Presidente tenga que estar ahí diciéndolo. Otra persona no habría tenido la confianza que el Presidente tiene en él.

-¿Cómo ve el relato que se ha desarrollado desde el Gobierno hasta ahora?

-Precario, porque no están articulados elementos decisivos: identidad nacional, autoridad, libertad responsable, fortalecimiento de la familia y los cuerpos intermedios, trascendencia de la vida. La némesis de lo que fue la Convención es el relato de este gobierno, y ese contrario absoluto hay que cristalizarlo como eje ordenador más allá de la emergencia. Le sugeriría al Presidente articular su relato y ceñirse a él.

-Hace unas semanas se dio una pugna entre los partidos y el equipo que dirige Irarrázaval. ¿Cómo ve usted ese conflicto?

-El Segundo Piso tiene que articularse mucho mejor. La sola existencia de centros de poder distintos es positiva, pero es de la esencia de una coalición heterogénea que haya tensiones por la administración del poder.

Lo que no me gusta nada es que esas tensiones se manifiesten en público. Apunto particularmente a los parlamentarios de RN, que en vez de ir a la sede que corresponde cuestionan por la prensa. Quien realmente tiene sentido del bien común se calla la crítica pública, acude a la sede respectiva y dice lo que corresponde. Lo otro es parafernalia.

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