-Ha escalado la violencia en colegios como el Instituto Nacional, el Barros Arana y el Barros Borgoño. ¿De dónde viene?

-Las causas de esta violencia son múltiples. Entre otras, padres que engendran hijos sin ningún sentido de la responsabilidad y a mansalva, mecánicamente, se diría, y con criterio cortoplacista, para después abandonarlos a su propia suerte (como a las mascotas consideradas inútiles), aunque compartan un mismo espacio físico. Además, la pésima educación pública, debido a la negligencia, desidia y autocomplacencia de todos los gobiernos de la postdictadura, que permitieron la decadencia conducente a la obscena destrucción de colegios y liceos históricos, como el Instituto Nacional y el INBA, lo cual implica la destrucción de tradiciones y memorias.

El único referente de esos gobiernos ha sido el crecimiento económico y la “democratización del consumo”, con su industria del envilecimiento, de la que nunca se hicieron cargo. Educación de personas, nunca. Sólo entrenamiento para el mercado, la renta, el productivismo y el analfabetismo funcional. Que tantos niños hayan terminado siendo agentes de la violencia barbárica es alarmante y, ciertamente, se conecta con la asonada de octubre de 2019.

Desde que Boric fue investido Presidente, ha recrudecido, adquiriendo formas monstruosas: niños que se acuchillan entre ellos, o emiten amenazas desde las sombras anunciando masacres en liceos, o saquean una morada a mansalva. Son muestras patentes de un fascismo incubado, abierto a un futuro sin sustancia, ni rostro humano. Con seguridad, la permisividad, obsecuencia y descaro ante la impune escalada de la violencia en curso, desde 2019, ha incidido en el avance de esa barbarie protagonizada por niños.

-El Presidente Boric, que fue líder estudiantil, dijo que “quien crea que a través de la violencia puede lograr avanzar en sus reivindicaciones está equivocado”. ¿Qué impresión te causa esta declaración?

-No creo en la sinceridad de sus expresiones. Parecen forzadas por su obligación de ajustarse a la dignidad del cargo que ocupa, a cuya altura no está, ni estará, debido a su inconsistencia permanente. No ha mostrado una especial preocupación por la violencia y sus consecuencias. Y, hasta ahora, no ha hecho nada significativo por controlarla. Ésta continúa, latente y manifiesta, desde 2019. Con Boric y su gente, termina de instaurarse la anomia en el corazón mismo del Gobierno y del Estado, lo cual implicaría un proceso de disolución de lo que queda del Estado de derecho.

 -De acuerdo al relato del rector del Barros Arana, que fue pateado por encapuchados, los violentistas no tenían una demanda política sino una rabia antisistémica.

-Una acción cobarde, vil, miserable e indigna como ésta no puede ser la base de una demanda política, ni siquiera de una rabia “antisistémica”. En efecto, son hordas: con éstas se acaba lo humano, la capacidad de conciencia, la condición de persona, pues son expresiones de una instintividad sin espíritu, un pensamiento que no piensa, y un completo vacío del alma. E impronta de una descomposición moral y espiritual largamente incubada, desde dentro y desde abajo. Ésta coincide con la consolidación de la sociedad de consumo, que necesita ese vacío para proliferar sin límites.

-En estas protestas estudiantiles, también volvieron los “overoles blancos”. En términos analíticos, ¿qué representan las capuchas y este tipo de uniformes?

-Lo más evidente es cobardía y ocultación. El blanco les otorga, además, una apariencia como espectral. Más a fondo, la capucha aparece frecuentemente en la iconografía antigua y medieval. Como envuelve casi toda la cabeza, adoptando una forma esférica, Jung la comparó con el mundo celeste, la esfera superior. Cubrirse la cabeza significa desaparecer y morir, más que sólo volverse invisible. De ahí que sea parte de ritos de iniciación.

Pero, en el caso de los actuales encapuchados, sólo podría significar desaparecer y morir, sin más. Su presencia es expresión de un proceso de descomposición y decadencia espiritual. Aquí no hay una esfera celeste, que es el lugar de Dios, ni ritos de iniciación. Más bien, se vanaglorian de ser agentes de la disolución y de la muerte. No tienen nada que aportar, porque en su interior no hay nada, excepto su voluntad de aniquilación en lo indiferenciado y sin rostro.

 -Boric usa la Ley de Seguridad del Estado para los camioneros, pero no para los violentistas mapuche. Izkia Siches no presentó acciones judiciales por el ataque a balazos que recibió en Temucuicui. ¿Ves un trasfondo común?

 -El Gobierno muestra un doble estándar, al aplicar unilateralmente la Ley de Seguridad del Estado a los camioneros, y no a los agentes de la CAM y otros grupos, que han actuado descaradamente. Así favorece la impunidad, tal como ha ocurrido durante la postdictadura, tanto en casos de DDHH como de innumerables delitos comunes. En cuanto a un trasfondo, tengo la impresión de que esa permisividad tendría que ver con no tocar intereses indigenistas, a los cuales es funcional la Convención Constitucional, de la que este Gobierno depende.

La violencia está desatada en el Sur de Chile, pero dudo que se trate sólo de “violencia mapuche” o de “violentistas mapuche”, pese a las amenazas explícitas al Gobierno de la CAM y otras organizaciones. La situación allá es de una complejidad laberíntica, que incluye otras variables, como el crimen organizado. Desde acá, sólo veo el avance de una escalada de la violencia de proporciones. Y las medidas del Gobierno, como levantar el estado de excepción, y la fallida visita de Siches a Temucuicui, sólo han empeorado la situación. Ahora hay incluso más de un atentado incendiario o armado cada día. Es una guerra civil de baja intensidad. Y me pregunto si una situación así no pudiera extenderse a otras zonas de Chile.

-Un día antes del cambio de mando, el gobierno dijo que retiraba 139 querellas por la Ley de Seguridad del Estado a los llamados presos del estallido. En un ensayo dices que es una decisión escandalosa. ¿Por qué?

 -Porque deja en la impunidad delitos gravísimos contra la propiedad pública y privada, con graves consecuencias morales, culturales, espirituales y, desde luego, económicas y materiales. Esta calculada selectividad de la violencia implica una permisividad, cuyo alcance se muestra ahora, de modo más virulento que antes, y no sólo en el Sur. Pero Boric es consecuente con el origen del proceso que lo condujo al poder: la asonada de octubre de 2019 y su violencia barbárica.

 -En “Epitafio: horda de perros y narcofascismo”, escribes que “el origen barbárico de la Constitución de 1980 no será superado por la Convención Constitucional”.

 -Porque la Convención Constitucional ha sido incapaz de superar su propio origen barbárico, ya que sus líderes –Atria, Bassa, Loncón, entre otros–, y los como ellos, han validado la violencia desde el principio, selectiva y convenientemente. Y porque defiende intereses que no estuvieron contemplados al inicio del proceso constitucional, tales como la plurinacionalidad y los escaños reservados en todos los niveles. Se trata de una Constitución pensada en función de los intereses y privilegios de unos pocos colectivos. En consecuencia, de ninguna manera será capaz de superar el origen barbárico de la Constitución de 1980, ni el suyo propio.

 -En el mismo ensayo, haces una comparación provocativa entre el desprecio a los huesos de los detenidos desaparecidos por parte del pinochetismo con la profanación a la tumba del Soldado Desconocido durante el estallido. ¿Es una violencia fascista?

 -Desde luego. Esto está más ampliamente explicado en “Ancla del alma, disolución y barbarie”. Tiene que ver con la quema de los huesos, que era la intención de la horda respecto de los restos del Soldado Desconocido. Al igual que los agentes de la dictadura, la horda no respecta ni a los muertos. Su carácter fascista tiene que ver, además, con esa reducción a la nada, a lo indiferenciado, que se place y se agota en la aniquilación, sin más.

 -Postulas que “el narcofascismo se radicaliza en su avance triunfal y obsceno”. ¿Eres pesimista sobre el futuro de Chile y la Convención? ¿Votarás Rechazo?

– Llamo “narcofascismo” al crimen organizado y el narcotráfico, por su carácter expansivo y totalitario de horda indiferenciada, tribal y mafiosa, cuyo único motor es el poder absoluto unido a la disolución y la aniquilación. Es la apoteosis de la sociedad de consumo fomentada como modelo de humanidad y progreso, pero cuya culminación es la extinción de lo humano.

El futuro de Chile es sombrío y siniestro. Votaré “Rechazo”, no porque estime que la Constitución de 1980 tenga alguna dignidad, o que la dictadura tenga algún mérito, lo cual sería aberrante para mí, que debí crecer bajo ese régimen, sino porque la actual Constitución en proceso será infinitamente más injusta, debido a su carácter mezquinamente racista, tribal, disolvente, excluyente y, en este sentido, fascista. Pero, sobre todo, debido a la violencia barbárica que ha emanado del proceso en su conjunto, desde octubre de 2019 hasta la fecha, lo cual ha terminado siendo funcional al avance del narcofascismo, que es el mal absoluto.

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