Las primeras elecciones primarias de la historia boliviana realizadas este domingo tuvieron escasa presencia de votantes. Así se deduce de los datos entregados por el Tribunal Supremo Electoral, que tras el conteo rápido reportó que el partido que convocó a la mayor cantidad de militantes fue el Movimiento al Socialismo (MAS), del presidente Evo Morales, con el 36,5 por ciento de sus partidarios.

Esto supone un duro revés para el oficialismo, toda vez que el Gobierno había hecho un llamado a través de todas sus autoridades para que el proceso fuera masivo. En cambio, la oposición decidió boicotear las votaciones, que consideran una forma de legitimar la candidatura a la reelección de Morales, que fue habilitada por un fallo constitucional a pesar de que el referendo de 2016 dijo "No” a un proyecto para permitir la reelección.

Dentro del oficialismo, que reunió a 362.119 de las 991.092 personas habilitadas para sufragar, la dupla formada por Morales y Álvaro García Linera obtuvo el 89,6 por ciento de los votos. Un 6,3 por ciento votó nulo y el 4 por ciento, blanco. Morales ni ninguno de los otros candidatos ponía nada en juego: una de las particularidades de este proceso, y a la vez una de las razones por la que recibió muchas críticas, es que ningún candidato podía perder dado que cada partido presentó solo un aspirante.

"Ridículo mundial”

Por esto mismo, los principales líderes opositores habían anunciado que no irían a las urnas en una votación que consideran un gasto inútil. Solo acudió a las mesas electorales el mínimo de militantes necesario para habilitar sus candidaturas para las elecciones generales de octubre, con porcentajes de un máximo del 7 por ciento, e incluso algunos se quedaron en poco más de 3 por ciento.

El mejor situado en las encuestas junto al propio Morales, el expresidente boliviano Carlos Mesa, candidato a la presidencia por la alianza Comunidad Ciudadana, logró el voto del 5,3 por ciento de su militancia.

Morales esperaba una "participación masiva", aunque asumía que esta "primera experiencia" podía mostrar "debilidades", que con el paso de las horas quedaron en evidencia, ante la escasísima presencia de votantes e incluso ante la inasistencia de los delegados. El mensaje opositor era bien distinto al de Morales, y sus dirigentes usaron calificativos como "fracaso", "fraude", "atentado a la democracia" y "ridículo mundial".

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