Barack Obama realiza este lunes y martes la primera visita de un presidente estadounidense a Etiopía, el segundo país más poblado de África después de la vecina Kenia, patria natal de su padre

Obama, que como momento culminante de la visita pronunciará el martes un discurso en la sede de la Unión Africana (UA), fue recibido la noche del domingo en la pista por el primer ministro etíope Hailemariam Desalegn y su esposa.

Como en Kenia, su visita se centrará en la lucha contra el terrorismo. Etiopía también es un socio clave de Estados Unidos en materia de seguridad en el Cuerno de África.

Adís Abeba tiene un papel clave en la lucha contra los insurgentes islamistas somalíes shebab, con un contingente de 4.400 hombres en la fuerza de la UA en Somalia (Amisom). Esta fuerza africana apoya al frágil ejército somalí frente a los insurgentes afiliados a Al Qaida, contra los que Estados Unidos lanza ataques regulares de drones.

Los defensores de los derechos humanos esperan que el diálogo sobre seguridad no impida un discurso firme sobre los derechos humanos. Etiopía, donde la coalición en el poder desde hace 25 años acaba de arrasar en las elecciones legislativas, es acusada regularmente de impedir las críticas.

El propio Departamento de Estado estadounidense hablaba en su informe anual sobre Etiopía, publicado en junio, de "restricciones a la libertad de expresión", "acoso e intimidación a miembros de la oposición y a periodistas" y "juicios políticos".

"No queremos que esta visita sea utilizada para borrar las violaciones de los derechos humanos por parte de las autoridades y que la transformen en una recompensa. Animamos a Barack Obama a que hable de los derechos humanos", instó Abdulahi Halaje, de Amnistía Internacional.

En la capital etíope, Obama también celebrará este lunes una minicumbre sobre Sudán del Sur, devastada por 19 meses de un conflicto civil que ha dejado decenas de miles de muertos. Participarán los líderes de Etiopía, Kenia y Uganda, así como el ministro sudanés de Exteriores Ibrahim Ghandur.

La idea consiste en intentar obtener un consenso de cara a unas sanciones si no da resultado el ultimátum lanzado a los beligerantes para que firmen un acuerdo de paz antes del 17 de agosto. Siete treguas han sido firmadas ya por el campo del presidente Salva Kiir y los rebeldes dirigidos por su ex vicepresidente Riek Machar.

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