Entre sus propias ruinas y el mar, La Habana mira todavía la huella gloriosa de su pasado.

A sus 500 años, la capital de Cuba sigue siendo una metáfora en piedra del país, una ciudad que muere y que renace, un sitio que se ahoga y sobrevive.

Tuvo, en algún momento, más lujo y vida que Nueva York, algunos incluso la comparaban con París: a ella llegó el ferrocarril primero que a España, el cine poco después de su invención, las primeras y las últimas creaciones imperiosas de la modernidad.

Luego, llegó la Revolución cubana, pasaron los años y la capital en muchos sentidos se convirtió en una máquina del tiempo, un baúl de memorias donde pasado y presente se difuminan en un mismo espacio.

Y de esos tiempos que han marcaron la historia de cinco siglos de la ciudad, todavía se conservan diversos monumentos que dan fe de la historia y los azares de este medio milenio.

Con motivo del aniversario de la ciudad, consultamos con arquitectos, profesores universitarios, restauradores, historiadores del arte y urbanistas para elegir los edificios que, en alguna medida, cuentan la historia de glamur, gloria y decadencia de La Habana.

A algunos de los edificios seleccionados los separan siglos y a otros solo años, los criterios se trastocan y van de lo arquitectónico a lo histórico, pero todos representan, en mayor o menor medida, la metáfora de un lugar y tiempo, una idea, una poética, un movimiento, el testimonio de un tiempo o de una forma de vida.

Castillo de la Real Fuerza (1558-1577)

Es el vestigio más antiguo del pasado colonial de La Habana.

Está en una esquina de la Plaza de Armas, que fue por siglos no solo el centro político de la ciudad: allí empezó La Habana.

Fue la primera gran fortaleza y es la construcción militar más antigua que se conserva, la defensora y vigía de La Habana por casi medio siglo.

Desde una de sus cúpulas, la Giraldilla, el símbolo femenino y guerrero de la ciudad, recuerda una vieja historia de amor: la de Isabel de Bobadilla, la única mujer que ha gobernado Cuba y que murió con la nostalgia de la espera de su amado, Hernando de Soto, que se fue a conquistar Florida y nunca regresó.

Siglos más tarde, La Habana sigue mirando hacia al mar, como metáfora de una ciudad marcada por nuevos exilios, nuevas separaciones y por la gente que sigue esperando qué noticias les traen, desde otros lados, las olas de entonces, las de todavía.

¿Qué dicen los expertos?

"Fue la primera fortaleza con baluartes que se levantó en América y tuvo una importancia tremenda, porque no solo inició las construcciones militares que caracterizarían la ciudad siglos después, sino que marcó la política, la economía y la sociedad habaneras durante varios siglos".

Nelson Nelson Herrera Ysla, arquitecto e historiador del arte

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

La Fuerza fue por siglos la residencia del capitán general y ahí era donde guardaba el oro y las riquezas que traían las flotas de toda América, por lo que tuvo una importancia decisiva para el comercio de España con sus colonias, pero también para la política de Cuba durante sus primeros siglos de colonización y conquista.

Convento de Santa Clara (1638-1644)

Hasta su reciente restauración, obra de la Oficina del Historiador de la Ciudad, fue una de las joyas menos conocidas y más deterioradas de la ciudad y, tal vez, uno de los mejores exponentes de su arquitectura religiosa.

Fue el primer convento femenino de La Habana y, todavía, sigue siendo el mayor que se construyó en la ciudad: ocupa dos manzanas y las autoridades coloniales tuvieron que cerrar varias calles para su construcción. Tuvo la primera fuente pública de La Habana y sus techos son todavía uno de los mayores exponentes del estilo mudéjar en América en el siglo XVII.

Desde que las monjas clarisas lo abandonaron a inicios de la década de 1920 no fue solo motivo de escándalos de corrupción, sino también de leyendas.

Cadáveres encontrados allí de niños revelaron el oscuro pasado de sus inquilinas: generalmente jóvenes habaneras que eran enviadas por su familia o por "voluntad propia" para escapar de los "vicios y las juergas" de la entonces escandalosa ciudad.

Luego de que las monjas se mudaran, pasó a ser una oficina del gobierno y luego acogió equipos de la Oficina del Historiador mientras se caía a pedazos y sus jardines, fuentes y techos sufrían las inclemencias del tiempo y el olvido.

¿Qué dicen los expertos?

"No nos queda otro ejemplo tan espléndido de la arquitectura conventual y religiosa. Es quizás el edificio que más valores tenga en sus techados de toda la arquitectura colonial habanera y sin dudas uno de los de carácter religioso más importante que tenemos. Es sin dudas la construcción más notable del siglo XVII habanero".

Daniel Taboada Espiniella. Arquitecto-restaurador, profesor universitario e investigador cubano. Premio Nacional de Arquitectura

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

El Convento de Santa Clara ha sido un testigo callado de la vida en el centro histórico de La Habana, del poder de la religión sobre la moral y la vida de la época y un testimonio tardío del papel de la mujer habanera durante los primeros siglos de la colonización.

Palacio de las Ursulinas (1913)

Otra de las joyas desconocidas y en ruinas de La Habana, no solo fue testigo de un periodo de experimentación y de rejuego arquitectónico, sino también uno de los primeros edificios civiles de la naciente república.

Diseñado por el arquitecto José Toraya en uno de los centros de la ciudad tras el derrumbe de sus murallas, recuerda por momentos a una pequeña mezquita de Córdoba al otro lado del Atlántico: fachada de arabescos, arcadas moriscas y azulejos sevillanos se mezclan en un palacio ahora decadente convertido en cuartería, donde viven hacinadas decenas de familias.

El palacio de las Ursulinas es un testimonio tardío de la influencia de la cultura hispana en Cuba: fue construido solo 15 años después de la salida de España y una de las primeras expresiones internacionales del estilo neomudéjar.

¿Qué dicen los expertos?

"Creo que es uno de los grandes ejemplos de esa Habana abandonada, sin mantenimiento, llena de barbacoas y llena de intervenciones foráneas, uno de esos edificios que nos recuerda que hay partes de La Habana que son como Roma, cuando entran los bárbaros, destruyen todo y las vacas terminan pastando en las plazas de mármol".

Rafael Fornés, arquitecto y profesor de Estudios sobre La Habana de la Universidad de Miami

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

El Palacio de las Ursulinas es una muestra de la transición entre la arquitectura religiosa y civil de La Habana y un ejemplo de las llamadas cuarterías, grandes edificaciones o viviendas de lujo de la ciudad que se convirtieron en núcleos multifamiliares donde viven decenas de personas en condiciones muchas veces inhabitables.

Edificio Bacardí (1930)

La subida de los precios del azúcar tras la I Guerra Mundial llevó a una época de gloria a la arquitectura de Cuba, los estilos de vanguardia comenzaron a florecer en la ciudad y La Habana se volcó a las formas macizas y elegantes del Art Déco.

Un pequeño grupo de grandes familias controlaban la economía del país y una de ellas, los Bacardí, creadores del ron que lleva su nombre, quisieron dejar en La Habana una muestra de la gloria de su imperio.

El edificio que construyeron como oficinas de su ronera utilizó algunos de los materiales de mayor calidad y las técnicas más revolucionarias de su momento, desde acero y hormigón hasta granito natural, terracota, ladrillos prensados, mármol rojo, loseta de gres cerámico o tejas policromadas...

Intervenido tras la Revolución cubana, actualmente acoge diversas oficinas con ventanas y puertas rotas, materiales carcomidos y filtraciones.

¿Qué dicen los expertos?

"El Bacardí, que pertenecía a esa familia, de gran historia y linaje. es una de las grandes joyas del Art Déco mundial, un edificio a la escala de Nueva York. Hecho con granito, con doble puntal, con esculturas. Es realmente una construcción alucinante, una de las edificaciones más importantes de la arquitectura cubana de todos los tiempos.

Nelson Nelson Herrera Ysla, arquitecto e historiador del arte

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

El Bacardí no es solo el símbolo más extraordinario del estilo Art Decó en La Habana y el recuerdo de un tiempo en que las grandes fortunas construyeron algunos de los edificios más vistosos de la ciudad sino también el testimonio de las confiscaciones de la Revolución de Fidel Castro y del fin de la propiedad privada.

El Capitolio de La Habana (1929)

Fue por casi 30 años no solo el núcleo de la vida política cubana, sino el centro simbólico de la ciudad.

Terminado en 1929 bajo las órdenes del arquitecto Eugenio Raynieri y durante el régimen de Gerardo Machado, estaba destinado a albergar las dos cámaras del Congreso de la República.

Para su edificación se utilizaron alguno de los materiales más costosos de su tiempo y cuenta con numerosas esculturas y arte en relieve.

En uno de sus salones, un diamante que perteneció a la corona del último zar de Rusia, marcaba el inicio de todas las carreteras de Cuba (la joya fue robada en una ocasión antes de la Revolución, apareció poco tiempo después y cuando llegó Fidel Castro al poder fue retirada sin que se conozca su paradero).

Es considerada por muchos la construcción más importante que se ha erigido en Cuba, aunque estuvo por años olvidado dado que el gobierno de Castro consideró que su arquitectura imitaba la del Congreso de Washington, enemigo de los comunistas.

El Capitolio de La Habana siguió en realidad el modelo del Panteón de París, de la iglesia San Pablo de Londres y del Capitolio de Estados Unidos, aunque su cúpula es más alta que este último.

Restaurado recientemente con apoyo del gobierno de Rusia, acogerá otra vez al parlamento cubano, la Asamblea Nacional, que se reúne solo dos veces al año.

¿Qué dicen los expertos?

"Yo diría que es el edificio de La Habana que podría sobresalir sobre cualquier otro. Tiene una calidad de ejecución, de materiales y representatividad que no tienen otras construcciones. Es lo último de la modernidad constructiva y funcional de la ciudad".

Daniel Taboada Espiniella. Arquitecto-restaurador, profesor universitario e investigador cubano. Premio Nacional de Arquitectura

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

El Capitolio fue el símbolo de la vida política de la Cuba de la República (1902-1959), pero su historia no solo marca el intento de construir un cuerpo legislativo democrático en una nación marcada a lo largo del siglo XX por dictaduras e intervenciones militares, sino que también fue una víctima callada del conflicto ideológico que ha marcado la relación de Cuba con EE.UU. durante los últimos 60 años.

La Plaza de la Revolución (1958)

Es sin dudas uno de los símbolos políticos y arquitectónicos de La Habana y el lugar por antonomasia de las grandes marchas de la Revolución y los interminables discursos de Fidel Castro.

El proyecto final, llamado Centro Cívico, resultó de la mezcla de dos obras que se presentaron a un concurso y que buscaban crear un monumento que homenajeara a José Martí, el héroe de la independencia de Cuba, y que creara un nuevo centro para La Habana.

Las obras, que se inspiraba en diseños de la Italia de Mussolini según los arquitectos, nunca se terminaron, pues su finalización coincidió con el inicio de la Revolución cubana en 1959.

Sin embargo, Fidel Castro transformó el destino del proyecto y convirtió al lugar como centro del gobierno y del poder militar de Cuba (las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior fueron ubicadas en sendos edificios, cerca de donde también opera el Consejo de Estado y de Ministros).

¿Qué dicen los expertos?

Desde su propia concepción fue un proyecto muy extraño que nunca se logró terminar. El urbanismo allí no logró consolidarse, es un lugar difícil que nunca pudo resolverse en su totalidad, pero su importancia política supera en toda medida su importancia arquitectónica.

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

La Plaza de la Revolución ha sido el epicentro del proceso político que inició Fidel Castro en 1959 y que aún continúa, 60 años después. Ha sido testigo de los grandes acontecimientos que estremecieron el país durante el último medio siglo y, también, un ejemplo de los grandes edificios que la Revolución reutilizó, transformó y nunca terminó.

Escuela Nacional de Arte de Cubanacán (1961)

El proyecto de la naciente Revolución de llevar lo más alto de la cultura a toda Cuba llevó a la construcción de una serie de escuelas para la enseñanza del arte.

Para un propósito de tal magnitud, fueron convocados tres renombrados arquitectos, Ricardo Porro, Roberto Gottardi y Vittorio Garatti, para transformar los terrenos del antiguo Country Club de La Habana.

El diseño de grandes cúpulas conectadas por pasillos encapsulados en bóvedas catalanas es todavía visto como un juego maravilloso de la imaginación.

Sin embargo, el proyecto nunca llegó a terminarse.

A poco tiempo de su terminación, el gobierno de Fidel Castro consideró un gasto innecesario invertir fondos en unas construcciones "artificiosas" que eran "incompatibles" con "los ideales de la sociedad socialista".

Abandonas a la vegetación y a las inclemencias del tiempo, tres de las cinco escuela quedaron sin terminarse y muestran estados notables de deterioro.

¿Qué dicen los expertos?

"Son un símbolo emblemático del movimiento moderno de los años 60 y 70. Hubo una campaña muy negativa porque se decía que se estaba gastando mucho dinero en ellas en un momento en el que se debía hacer viviendas o escuelas. Se optó de una manera mecánica asentar ese tipo de crítica de tipo político y se detuvieron esas construcciones, lo que fue algo dramático porque hubieran sido un ejemplo indiscutible de lo mejor de la arquitectura cubana de la revolución".

Nelson Nelson Herrera Ysla, arquitecto e historiador del arte

¿Qué cuenta de la historia de La Habana?

Las Escuelas de Arte son consideradas el símbolo de la arquitectura moderna de los 60, pero también una muestra del cambio de político e ideológico de la Revolución cubana hacia la influencia soviética, que marcaría la vida, la política, la economía y la arquitectura hasta inicios de 1990.

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