Cuando Francisco Franco murió hace 45 años, lo hizo tras haber esquivado decenas de intentos de atentado en su contra mientras gobernó España con mano de hierro.

Algunos de esos planes, muchos de ellos a cargo de grupos anarquistas, son de conocimiento público. Pero otros pasaron más inadvertidos.

La obsesión de Lezo Urreiztieta por acabar con la vida de quien lideró aquel gobierno militar durante casi cuatro décadas es probablemente tan poco conocida como insólita. Al igual que casi toda su vida.

Este nacionalista vasco nacido en 1907 se dedicó a trasladar a Francia, escondidos en sus barcos, a cientos de republicanos españoles que temían ser fusilados tras la Revolución de octubre de 1934.

Esos barcos regresaron después al norte de España, cargados esta vez de miles de fusiles e incluso torpedos, para apoyar en la resistencia ante la sublevación franquista durante el inicio de la guerra civil española (1936-1939).

Pero ni en una época tan convulsa, Urreiztieta renunció a su otro gran sueño: lograr la independencia de su País Vasco natal.

Y para ello, ideó un plan aún más sorprendente: trasladar su nación hasta una isla deshabitada de México. Allí, a miles de kilómetros del original, proyectó construir un nuevo Euskadi que no dependiera de ningún Estado.

Obsesión contra Franco

Siendo solo un niño, Urreiztieta ya se dedicaba al contrabando de botellas de coñac gracias a los marineros que llegaban a su pueblo pesquero.

Años después, y tras conocerse sus hazañas en el mar en los inicios del franquismo, el nacionalista vasco y ministro durante la Segunda República española, Manuel de Irujo, lo definió como "un pirata del siglo XVI que había nacido por error en el siglo XX".

Precisamente uno de los mayores tesoros que dejó aquel "pirata" fueron horas de entrevistas que concedió unos años antes de morir y que sirvieron de base para el documental sobre su vida Jainkoak ez dit barkatzen ("Dios no me perdona", en euskera) estrenado en 2018.

"Cuando di con aquellas 35 horas de entrevista sonora a un personaje tan interesante y del que apenas se sabía nada, tuve claro que antes de recogiera la idea otro, lo tenía que contar yo", le dice a BBC Mundo Josu Martínez, director del documental.

De viva voz, Urreiztieta recuerda en las cintas cómo asesinar a Franco se convirtió en una de sus mayores obsesiones. "Solo tenía esa idea en la cabeza", reconoce.

Entre sus planes más singulares estaba el de colocar cientos de kilos de explosivos en un túnel bajo la residencia veraniega del militar en la ciudad vasca de San Sebastián, o incluso bombardear este edificio desde helicópteros.

"En todo caso yo prefería secuestrarle y atarle como un animal, desnudo, con un collar de perro", afirma en las cintas. Pero su venganza nunca pudo llevarse a cabo.

"Es muy difícil saber si se quedó a 2 milímetros o 40 kilómetros de lograrlo, ya que las acciones clandestinas se suelen dar a conocer cuando han tenido éxito, no cuando no llegan a buen puerto", reconoce Martínez, quien recogió algunos testimonios que corroboraron algunos de estos planes.

El investigador y profesor de la Universidad del País Vasco sí destaca como uno de los grandes logros de Urreiztieta "haber sido capaz de burlar 17 veces el bloqueo franquista por mar y meter barcos llenos de armas en el norte de España, sacar a 700 personas clandestinas hasta Francia tras la revolución de octubre del 34 o salvar a cientos de judíos de los nazis" en el país galo.

"Por eso, a mí no me extrañaría que fuera también capaz de poner en marcha un plan de esa envergadura", opina. "Más que una obsesión, para él era casi una obligación el intentar matar a Franco".

El País Vasco en México

Cuando alguna de estas ideas de atentar contra Franco llegó a los oídos de los servicios de inteligencia, a Urreiztieta le tocó huir apresuradamente de Francia, donde estaba exiliado en los años 50.

Su destino no fue otro que México, donde coincidió con un gran grupo de republicanos españoles e incluso cuenta que llegó a ser amigo íntimo de la actriz María Félix.

Aquellos años que pasó en el país los utilizó para tramar su otro gran proyecto frustrado: crear un País Vasco independiente en la isla mexicana de Guadalupe, localizada en la costa del Pacífico.

"Quería hacerlo en un lugar deshabitado porque tenía cierta conciencia anticolonialista. Así que no se trataba de ponernos nosotros para echar a otros de un lugar. Él decía que si México tenía no sé cuántas islas desiertas, pues que seguro les daría igual", recuerda Martínez.

Para lograr su sueño de trasladar a aquel lugar a millones de vascos y fundar "una Euskadi libre", Urreiztieta llegó a conversar con políticos mexicanos en un intento de comprar aquella isla cuyo clima y otras condiciones tenían poco que ver con las del País Vasco original.

Pero su sueño de una patria vasca en México, de la que llegó incluso a dibujar un mapa con los lugares donde se ubicarían las principales ciudades, nunca tuvo visos de prosperar.

Según Martínez, "era una iniciativa personal, no era un plan del gobierno vasco ni de los nacionalistas vascos. A todos les parecía una idea muy peregrina, aunque él lo veía claro y lo mantuvo hasta el final".

Tan extraordinario como desconocido

Con su segundo plan frustrado, Urreiztieta regresó al País Vasco a principios de los 60.

Atrás quedaron otras ideas rocambolescas como la de crear un casino flotante en aguas internacionales con el que planeaba hacerse rico.

"Llegó a ser tres veces millonario, y tres veces se arruinó. Tenía los bolsillos rotos y trataba de ayudar a todos, así que igual que le entraba el dinero, le salía", le dice Martínez a BBC Mundo.

Antes de publicar su documental, el cineasta contrastó las historias narradas por Urreiztieta con entrevistas a familiares y conocidos o a través de libros de memorias y publicaciones en prensa de la época.

"Pero, como decimos, hay cosas de su vida que tienen difícil comprobación por ser cosas que no se pudieron realizar y que se planearon de manera clandestina, por lo que se procura no dejar huellas", relata el investigador.

En 1981, Lezo Urreiztieta murió con muy poca de la riqueza que llegó a acumular y con aún menos reconocimiento público de su fascinante vida, que Martínez cree que bien daría para un libro o crear una serie sobre quien denomina "un lobo de mar".

"Me parece que a Lezo no se le ha hecho justicia, seguramente porque era un heterodoxo y un guerrillero de la utopía, que andaba por su cuenta y ayudó a todo el mundo: nacionalistas vascos, comunistas, anarquistas, socialistas, gente de centro-derecha?".

"Esa promiscuidad quizá ha provocado que no se reivindique su figura como otras. Y al final, cuando se escribe la historia, se piensa en santos, en gente inmaculada y que no tiene sombras. Y Lezo no era así", concluye el cineasta.

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