Algunas de las cárceles más superpobladas del mundo están en América Latina: son muchas las que tienen a decenas de reos amontonados en pequeñas celdas.

En las prisiones latinoamericanas, el distanciamiento social es imposible y con las deficientes instalaciones médicas cualquier brote de coronavirus puede propagarse como un incendio forestal.

La ONU instó a los gobiernos a hacer más para proteger a los reclusos y sugirió que los más vulnerables sean liberados temporalmente para aliviar el hacinamiento.

Chile, Colombia y Nicaragua anunciaron el traslado de miles de prisioneros a arresto domiciliario, dando prioridad a los ancianos, las mujeres embarazadas y las personas con condiciones subyacentes.

Brasil ya comenzó a trasladar a los reclusos mayores de 60 años a arresto domiciliario y Perú planea otorgar una amnistía a los presos vulnerables.

Pero El Salvador, el país con la segunda tasa de presos per cápita más alta del mundo después de Estados Unidos, lleva décadas lidiando con la violencia de las pandillas y sus cárceles están a punto de estallar.

El fotógrafo Tariq Zaidi pasó dos años documentando las condiciones en las cárceles de El Salvador, antes de que el brote de coronavirus llegara a la nación centroamericana.

Obtuvo acceso a seis cárceles, así como a dos celdas de detención policial y consiguió algunas de las escasas imágenes de dentro de las instituciones penales del país.

Además de contar con una de las mayores poblaciones de prisioneros per cápita, El Salvador también tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo.

Aunque las cifras oficiales apuntan a un notable descenso en el número de homicidios en El Salvador, donde la tasa por cada 100.000 habitantes pasó de 51 en 2018 a 35,8 el año pasado.

El presidente, Nayib Bukele, quien asumió el cargo en junio de 2019, se adjudica gran parte del crédito por esa reducción.

Su política de tolerancia cero con la violencia de las pandillas también se extiende a las cárceles del país y a muchos miembros de pandillas encarcelados no se le permiten visitas ni acceso a teléfonos, además de que y están confinados en sus celdas las 24 horas del día, todos los días de la semana.

Si la situación tanto dentro y como fuera de las cárceles es tranquila, se restablecen los horarios normales y los derechos de visita.

Antes de que Bukele llegara al poder, un programa llamado "Yo cambio" ofrecía a los presos la oportunidad de aprender habilidades para aumentar sus posibilidades de lograr un empleo.

Algunos incluso crearon sus propios diseños y los mostraron en desfiles de moda en las prisiones.

Dado el grave problema de las pandillas en El Salvador y el hecho de que se cree que hasta el 80% de los ataques cometidos en el exterior son ordenados desde dentro de las prisiones, muchos temen que la liberación de presos aumente aún más la violencia.

Los guardias de la prisión usan pasamontañas de forma rutinaria para proteger sus identidades, para que ni ellos ni sus familias puedan ser atacados.

Pero las cárceles, completamente hacinadas, también podrían convertirse en focos de infecciones por coronavirus.

Las enfermedades respiratorias ya tienen una alta incidencia en las cárceles del país. La tasa de infección por tuberculosis en las cárceles de El Salvador es más de 50 veces mayor que la de la población en general, según un estudio de la Revista Panamericana de Salud Pública.

Dado que el coronavirus y la tuberculosis se propagan de manera similar, las autoridades se preparan para lo que el infectólogo Jorge Panameño ha calificado como una "bomba de tiempo".

Las autoridades salvadoreñas han realizado algunos cambios en su sistema penitenciario. El 26 de diciembre, antes de que el coronavirus se extendiera a El Salvador, el presidente Bukele anunció que la prisión de Chalatenango (en la foto de arriba) se convertiría en una universidad. Seiscientos reclusos fueron transferidos y el mandatario dijo en Twitter, sin ofrecer más detalles, que los 730 restantes se mudarían en los próximos días.

Pero aunque Bukele se apresuró a ordenar la cuarentena nacional y el toque de queda para frenar la propagación del virus, no ha anunciado una política oficial para la liberación de presos.

Las cárceles de El Salvador tienen una capacidad para 18.051 reclusos, pero el sistema actualmente tiene más de 38.000.

El calor extremo, las condiciones insalubres y la tuberculosis se cobraron la vida de muchos reos incluso antes del coronavirus.

La pandemia de coronavirus, por lo tanto, representa un problema importante para el presidente Bukele.

Para prepararse para un posible brote de coronavirus en las prisiones, el presidente ya ha tenido que levantar algunas de las medidas de emergencia que impuso para controlar mejor a los presos.

Además, los jueces en El Salvador argumentan que los mayores de 60 años y con enfermedades terminales deberían ser liberados temporalmente, pero los miembros de las pandillas no serían incluidos en esta medida.

El dilema al que se enfrenta es duro: liberar a los presos y arriesgarse a un aumento de la violencia por parte de las pandillas contra las que ha luchado o mantenerlos tras las rejas y enfrentar una posible explosión de coronavirus.

Todas las fotos son propiedad de Tariq Zaidi. Puedes ver más del trabajo de Tariq en su cuenta de Instagram, Facebook y en su página web*.

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