Cuando el exenfermero Niels Högel fue condenado a su segunda cadena perpetua por la muerte de 85 personas, se confirmó como el mayor asesino en serie de la Alemania de la posguerra.

Högel, de 42 años, fue encarcelado de por vida el pasado 6 de junio, aunque ya cumplía condena por otros dos fallecimientos. Durante el último juicio se declaró culpable de 43 de esas muertes.

Es el último de una larga lista de profesionales de la salud encarcelados por quitar la vida de quienes están a su cuidado.

Högel, quien trabajó en las clínicas de Oldenburg y Delmenhorst, en el norte de Alemania, inyectaba tóxicos a sus pacientes que les provocaban paros cardíacos y luego trataba, sin éxito, de reanimarlos. Fue descubierto por primera vez en 2005 por un compañero del hospital.

Sus víctimas tenían entre 34 y 96 años, las elegía de forma arbitraria. Se cree que la cifra real de asesinados podría alcanzar los 300.

Una sencilla pregunta surge respecto al caso de Högel y de otros como él: ¿cómo pasa un cuidador a ser un asesino en serie?

Los delincuentes rara vez hablan y si lo hacen "debemos ser cautelosos en cuanto a si creerles", le dice a la BBC Elizabeth Yardley, profesora de criminología en la Universidad de Birmingham, Inglaterra.

Pacientes difíciles

Un criminal podría decir, por ejemplo, que acabó con la vida de un paciente para evitarle sufrimiento.

Así fue como el estadounidense Charles Cullen, quien admitió haber matado a unos 40 pacientes durante sus 16 años como enfermero, explicó su comportamiento. Pero fue desacreditado, pues varias de sus víctimas estaban en estado de recuperación. "Sus palabras no son verdades, sino actuaciones", explica Yardley.

Otros podrían matar para deshacerse de quienes consideran "pacientes difíciles".

En una confesión, la enfermera asesina canadiense Elisabeth Wettlaufer dijo que se sintió profundamente enojada hacia ocho de sus víctimas a quienes había inyectado dosis fatales de insulina.

Su primera víctima fue James Silcox, un hombre de 84 años que sufría demencia senil. Lo asesinó en septiembre de 2007.

"Esa noche sentí la urgencia de inyectarle una sobredosis a James", escribió Wettlaufer.

"Aproximadamente hacia las 7:30 pm decidí inyectarle una sobredosis de insulina, esperando que muriera".

Síndrome "del héroe"

El criminólogo David Wilson dice que Högel mostró indicaciones de que podría tener el síndrome de Munchausen por poder.

Se trata de una forma de abuso infantil en la que los cuidadores inducen deliberadamente o inventan enfermedades en los niños para llamar la atención.

Los fiscales dijeron que Högel atacó a sus pacientes para impresionar a sus colegas al tratar de revivirlos después. Incluso llegó a ganarse el apodo de "Resuscitation Rambo", algo así como el "Rambo resucitador".

La psicóloga forense Katherine Ramsland dice que hay diferencias respecto a por qué mata un médico, en comparación con un enfermero.

Los doctores suelen matar "por el deseo de sentirse todopoderosos respecto a los pacientes o por curiosidad experimental", le cuenta Ramsland a la BBC.

"Los enfermeros, en cambio, a menudo se sienten abusados e infravalorados", añade.

"Sus asesinatos pueden parecen tener otros motivos, como llamar la atención, encontrar un pequeño espacio de poder donde no lo tienen, aliviar la depresión, vengarse de un sistema que creen injusto o descargar la frustración o la carga de trabajo".

Kenneth V. Iserson, autor de Demon Doctors: Physicians As Serial Killers, ("Doctores demonios, médicos como asesinos seriales"), 2002, le contó a la BBC que los médicos que analizó "parecen sentir que todas las personas en el mundo existen solo para su propio beneficio".

¿Cuáles son las señales de peligro?

Ramsland creó una lista de 22 "señales de alerta" que deben asociarse con los asesinos en serie que se dedican a la atención médica.

Entre ellos se incluyen predecir que un paciente va a morir, cambiar de un hospital a otro, preferir los turnos nocturnos, tratar de evitar que otros revisen a sus pacientes y estar vinculados a accidentes en otros hospitales.

Aunque algunos de ellos no serían alarmantes por sí solos, Wilson dijo que un "cúmulo" de cinco o más podrían ser motivos de preocupación.

Cullen mostró la mitad de esos 22 puntos, de acuerdo con un informe elaborado por Wilson y Yardley.

Cuando los asesinos seriales médicos son finalmente desenmascarados, entonces resulta evidente que mucha gente reconoció esas señales de peligro con el tiempo, dice Iserson.

Pero añade: "Algunos de los perpetradores se libraron de la cárcel con varios asesinatos simplemente porque las autoridades en varias jurisdicciones no se comunicaron entre ellas".

La escasez de enfermeros tanto en Reino Unido como en Estados Unidos también son citadas como una razón para que se pasen por alto los controles adecuados.

"Con derecho a matar"

Es difícil decir si los asesinos en serie de la salud ingresan o no en esa industria para matar.

Unos "pocos casos raros" eligen la profesión para convertirse en "ángeles de la muerte", mientras muchos se convierten en asesinos mientras desarrollan el trabajo, dice Ramsland.

Yardley dice que a menudo es una mezcla de las dos cosas.

"Son individuos que sintieron poder y placer al herir a otras personas en el pasado y ven la oportunidad de escalar ese comportamiento en un hospital cuando se dan cuenta del acceso y las oportunidades que ofrece ese entorno", dice la criminóloga.

Un ejemplo de ello sería Beverley Allitt, quien trató de matar o herir gravemente a 13 niños que estaban a su cargo en un periodo de ocho semanas en Lincolnshire, Inglaterra, en 1991, dice Yardley.

Allitt mostró un comportamiento especialmente controlador y represivo hacia una expareja antes de matar a los niños.

Yardley destaca que los asesinos seriales eligen matar por la sensación de poder que les genera.

"Esas personas tienen control sobre la vida y la muerte. Tienen una sensación de propiedad, posesión y control sobre sus pacientes", explica.

"Se sienten con derecho a herirles y matarles".


 

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