Hay pocos trabajos hoy día que los robots no sean capaces hacer, incluso aquellos más delicados, como recolectar espárragos silvestres o plantar semillas.

En muchas ocasiones son necesarios porque los humanos no pueden -o no quieren- hacer esas labores.

Ese era el problema que tenía Marc Vermeer. Le estaba resultando difícil encontrar personas para recolectar su cosecha de espárragos blancos en los Países Bajos.

Los empleados que contrataba lo dejaban rápidamente, así que siempre estaba entrenando a gente nueva.

Los espárragos blancos necesitan ser arrancados en un momento particular, cuando todavía están bajo la tierra, o de lo contrario se vuelven verdes.

A menudo resulta complicado controlarlos y pueden dañarse fácilmente.

Así que en el año 2.000, harto de esta situación, Marc decidió proponerle un reto a Ad, su hermano inventor: que creara un robot capaz de reemplazar a los humanos en esta tarea.

Alta tecnología

Ad llevaba décadas diseñando máquinas complejas de la industria de semiconductores. Tenían algunas ideas para probar, pero nada funcionaba.

Catorce años más tarde -y ante el aumento de los problemas laborales- Marc le insistió a Ad para que creara una máquina que pudiera "ver" en las profundidades de la tierra y arrancar los espárragos como lo hacen los humanos.

Esta vez, Ad pensó en una nueva manera de usar la tecnología.

"La recolección selectiva es muy compleja, así que se necesitan sensores de alta tecnología, electrónica y robótica", explica.

"Pero estas complejas máquinas se vuelven cada vez más factibles de desarrollar porque la tecnología está mejorando".

Ad y su mujer, Therese van Vinken, una experta en obtener fuentes de financiación, fundaron la start-up de robótica Cerescon.

"Marc conocía a los agricultores de espárragos y tenía experiencia en ventas", dice Van Vinken.

"El acuerdo era que Marc se encargaba de la parte comercial, Ad hacía el desarrollo y Therese gestionaba lo económico".

El día de la tragedia

Pero un día después de celebrar la incorporación legal de la empresa el 11 de diciembre de 2014, ocurrió una tragedia.

Marc, de 51 años y padre de tres hijos, contrajo repentinamente meningitis. Estuvo varios días en coma inducido.

"Una de las primeras cosas que su mujer, Anita, nos dijo cuando Marc salió del coma fue que él hablaba constantemente sobre la máquina", dice Van Vinken.

Pero Marc nunca vivió para ver al robot trabajando en su campo. Sufrió una hemorragia cerebral tras dejar la unidad de cuidados intensivos y murió 10 minutos más tarde.

En estado de shock y sin tener ni idea sobre el aspecto agrícola del negocio, Therese y Ad pensaron en darse por vencidos.

"Sobre todo al principio hubo muchos momentos en que pensé: 'Olvidémonos, no hay manera'", recuerda Van Vinken.

Pero después de haber gastado cientos de miles de euros en subsidios, sabían que debían seguir adelante.

Y la muerte de Marc fue un aliciente importante.

Una revolución

Hoy día ya han vendido su primera máquina comercial a un granjero en Francia. La versión de tres hileras es capaz de reemplazar a entre 70 y 80 recolectores.

"Es la primera cosechadora selectiva que existe en el mercado", dice Ad Vermeer.

"Estoy segura de que será la primera de un nuevo tipo de máquinas y habrá muchas más máquinas de de recolección selectiva en el futuro".

Para "ver" los espárragos, el robot inyecta una señal eléctrica en la tierra. Los sensores cavan a través del suelo y captan la señal a medida que se acercan a los espárragos.

"Los espárragos, de hecho, conducen la señal eléctrica porque hay mucha agua allí", explica.

"Básicamente, la diferencia entre el agua que contienen los espárragos y la que tiene la arena hace que podamos detectarlos".

El robot de Cerescon es una de las máquinas que se están desarrollando en el mundo para reemplazar los trabajos más delicados de los agricultores.

"Con el paso de los años, estamos viendo muchas tareas que son asumidas por los robots", dice Rick van de Zedde, de la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos, donde están desarrollando soluciones automatizadas para trabajos en el sector del suministro de frutas y verduras.

"Si nos fijamos en la manera en que se desarrolla la producción agroalimentaria actual, vemos que hay escasez de mano de obra, pero también faltan de personas motivadas o capacitadas", dice Van de Zedde.

El problema es que muchos de los trabajos son "repetitivos y bastante aburridos", explica, pero requieren un manejo hábil cuando se trata de flores y plántulas delicadas.

Pero incluso en esos casos, los robots están aprendiendo a adoptar un toque suave.

Tecnología para plantar flores

Dentro de la fábrica de Florensis, uno de los proveedores de flores más grandes de los Países Bajos, se escucha con fuerza el sonido de robots trabajando duro.

Colocar los esquejes en macetas diminutas es algo que debe hacerse con mucho cuidado y suele ser un trabajo que hacen los humanos.

Hay una fila de mesas manejadas por humanos, pero también seis máquinas autónomas en el otro lado del almacén.

Estas máquinas pueden plantar hasta 2.600 esquejes en una hora. Un humano capacitado para ello podría gestionar entre 1.400 y 2.000.

Y la máquina no se cansa, raramente se rompe y planta a la misma profundidad todo el tiempo.

"Como falta mano de obra tenemos que buscar alternativas", dice Marck Strik, director de desarrollo de producto en Florensis.

"Este tipo de avances son los que todo el mundo ha estado buscando en la industria y tienen grandes posibilidades en el futuro".

"A fin de cuentas, te permiten trabajar 24 horas al día y ahorrar, más o menos, el 60% de los costes laborales", agrega.

"Yo creo -y estoy convencido de ello- que este es solo el comienzo y que los robots terminarán reemplazando por completo a los humanos".

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