El presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, atiende el teléfono desde Guayaquil, a donde trasladó la sede de su gobierno ante la llegada de miles de manifestantes a Quito.

"La mayoría de ellos venía por mí", afirma.

Las protestas surgieron como reacción a un plan de austeridad que impulsa su gobierno y que implica un aumento sustancial en el precio de los combustibles, al eliminar los subsidios que recibían durante décadas, entre otros ajustes.

Pero Moreno defiende la medida en entrevista con BBC Mundo y acusa a su antecesor Rafael Correa y al presidente venezolano Nicolás Maduro de instigar la violencia en las calles, con una estrategia que admite que le sorprendió.

Más aún, Moreno asegura que Correa está detrás de un ataque a la sede de la Contraloría del Estado en Quito el lunes, para eliminar pruebas de casos de corrupción en su gobierno que indaga la justicia (un extremo que su antecesor niega).

Además, sostiene que se están tendiendo puentes de diálogo para lograr una salida a la crisis y, aunque niega tener en carpeta el reclamo de Correa de convocar a elecciones anticipadas en Ecuador, amaga con recoger el guante: "Tal vez en algún momento no sea mala idea", manifiesta.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo telefónico.

Presidente, el disparador de esta crisis que vive Ecuador fue la decisión de su gobierno de impulsar un plan de austeridad que incluye la eliminación de los subsidios a los combustibles. Pero usted ya venía con una popularidad baja. ¿No calculó que una medida así, una de las más impopulares en años en su país, generaría esta resistencia?

No, bajo ninguna circunstancia es real lo que usted manifiesta. En primer lugar, la popularidad que pueda tener un presidente no está determinada por lo que diga una encuesta bastante sesgada. La popularidad de un presidente la representa su presencia cotidiana en la calle.

Usted lo puede sentir en este momento en las redes, en la calle, que las personas, con excepción de quienes están participando en la movilización, están completamente de acuerdo con las medidas de su presidente.

Es que es una medida justa, que beneficia a los más pobres y va en detrimento de aquellos que se han estado beneficiando de un subsidio de lo más injusto. Es un subsidio que beneficiaba a los más ricos y a quienes traficaban con el esfuerzo de los ecuatorianos para subsidiar el diesel y la gasolina.

No se olvide que en Ecuador se consume en su gran mayoría un diesel y gasolina que se tienen que importar a precios internacionales y que se los vende a menos de la mitad de su costo. Los traficantes llevaban la gasolina por barco hacia las fronteras, son los que se beneficiaban. Es decir, el beneficio hacia la delincuencia en detrimento de los más pobres.

¿Usted entonces no previó que hubiera este nivel de protestas en las calles de Ecuador?

Sí, lo teníamos previsto porque no es casual que la semana pasada Correa, (Ricardo) Patiño, (Virgilio) Hernández y (Paola) Pabón, integrantes del gobierno anterior y todos aquellos que saquearon los recursos del Estado, hayan estado en Venezuela, seguramente para recibir las órdenes del sátrapa, del dictadorzuelo, del sinvergüenza de Caracas que tiene sumida a su población en el hambre y la desesperación.

Estuvieron recibiendo órdenes y seguramente estrategias para poder conservar el poder, que hay que reconocerlo, no lo ha hecho mal él en su país.

Ellos son los que, con el dinero que saquearon al pueblo ecuatoriano, están financiando las protestas pero principalmente los actos agresivos.

Nuestros indígenas no tienen por costumbre ser agresivos. Son gente fundamentalmente de paz. Y como son gente de paz, en este momento su derecho a la protesta social se ve terriblemente afectado por la injerencia de grupos violentos pagados por los correístas.

Es por eso que frente a los actos de violencia están unos jóvenes con las caras cubiertas. No son indígenas, no tienen las características físicas de nuestros indígenas. Son personas asalariadas que están agrediendo a la gente.

Usted ha acusado al expresidente Rafael Correa y al presidente venezolano Nicolás Maduro de haber activado un "plan de desestabilización" y un "intento de golpe" en su contra. ¿Qué pruebas tiene de esto?

Todas. Son los asambleístas, exfuncionarios, la perfecta de Pichincha que están azuzando de manera permanente a la gente a que cometa actos de agresión.

Eso es algo muy difícil que el mundo lo sepa, pero acá la gente lo sabe.

Correa está lejos de Ecuador y Maduro enfrenta una crisis inédita en su país. ¿Tanto poder e influencia les atribuye como para desestabilizar?

Claro que sí, todo el poder de US$35.000 millones que saquearon al pueblo ecuatoriano. "Poderoso caballero es don dinero", decía Francisco de Quevedo.

Si usted tenía la noción de que Correa y Maduro conspiraban para desestabilizarlo, ¿por qué habría usted de contribuir a esto tomando justo ahora una medida tan polémica como la eliminación de los subsidios a los combustibles?

Esa medida estaba tomada desde hace tiempo. Es una medida que no se ha atrevido a tomarla ningún gobierno.

Inclusive el expresidente Correa, en una entrevista que le hace al dictador Maduro, le manifiesta que es una medida justa y que lastimosamente los subsidios benefician a los más ricos y a los contrabandistas. Y ahora se pone a favor de quienes están en contra de la medida.

La falta de consistencia y de lógica es algo que caracteriza a aquellos que trataron de engañarnos mediante lo que llamaron el "socialismo del siglo XXI" y que no fue sino un embuste preparado y fabricado para tratar de sorprender a los ecuatorianos, engañarlos y expoliarlos.

El lunes se conoció además su decisión de trasladar la sede del gobierno de Quito a Guayaquil, justo cuando llegaban miles de indígenas a la capital para protestar. ¿Qué lo llevó exactamente a tomar esta decisión?

Quito en primer lugar es una ciudad patrimonial. Tiene un centro histórico que hay que cuidar, preservar, y que lastimosamente estos grupos malhadados han destruido durante estos dos días.

En segundo lugar, porque al ser una ciudad con características coloniales, el centro de Quito donde se encuentra el palacio de gobierno está bastante enclaustrado y se hace difícil llegar si es que está rodeada de militares y policías. Se hace fácil llegar a los manifestantes y difícil llegar a las personas que trabajan en el palacio de Gobierno.

Inclusive para evitar la tentación, porque al final la mayoría de ellos venía por mí. Y claro, para no darles ese gusto, la trasladé. Como dice nuestra Constitución, en determinados momentos, de acuerdo a las circunstancias, la sede de gobierno puede ser trasladada a cualquier lugar de Ecuador. En este momento estoy trabajando desde la ciudad de Guayaquil, pero mañana (miércoles) voy a Quito también.

Estoy yendo y viniendo. Ayer fui y regresé dos veces de Quito.

¿Usted dice que los manifestantes iban por usted?

Sí, claro. Si de eso se trataba. Porque realmente lo que yo hice con la malhadada revolución ciudadana fue denunciarlos, exponerlos ante la palestra pública y sobre todo los terribles actos que realizaron en contra de las finanzas de Ecuador.

¿Pero entiende que muchos pueden ver esto como una señal de debilidad: un presidente que abandona la capital justo en medio de una crisis?

No, porque mañana voy a estar ahí. El problema no es ese, porque adicionalmente yo tengo a las Fuerzas Armadas y la Policía que responsablemente me protegen.

Ese no es el asunto. Es la facilidad con la que uno puede gobernar, la facilidad para que accedan a las oficinas y los sitios donde está uno gobernando, las personas con las cuales uno tiene que dialogar o impartir las decisiones de gobierno.

Aparte de esta mudanza de la sede del gobierno, los militares están enviando alimentos y productos de primera necesidad para abastecer algunos puntos de Ecuador por vía aérea, ante la imposibilidad de hacerlo por vía terrestre. ¿Ha perdido su gobierno el control total del territorio?

No, en absoluto. Lo que pasa es que hay focos. Eso está sistematizado. Vuelvo a recalcar: tiene características muy especiales y novedosas. No todas ellas las preveíamos. Nosotros suponíamos que iba a haber una estrategia diferente.

En un principio nos sorprendió la estrategia. Pero en este momento estamos encontrando rápidamente las soluciones. Y por eso, a pesar de haber manifestado que iban a ingresar al centro de Quito hoy, no pudieron hacerlo.

Pero están siendo abastecidas las ciudades mediante puentes aéreos y el accionar de las Fuerzas Armadas y la Policía.

¿Le preocupa que toda esta situación pueda llevar a Ecuador al caos o a un baño de sangre en las calles?

Yo creo que no. No es que no deba preocuparme la posibilidad. Pero creo que eso no va a ocurrir. Y nosotros estamos empeñados en que eso no ocurra. Las Fuerzas Armadas están haciendo ejercicio de la fuerza de manera progresiva.

Creo que va a haber entendimiento, racionalidad. Nadie quiere ser una víctima. Por supuesto ni campesinos, ni indígenas, ni militares, ni policías quieren ser víctimas. Y eso va a ayudar a que haya una solución rápida.

Estamos abriendo puentes de diálogo. Inmediatamente han acudido para ello la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, las universidades de Ecuador, las Naciones Unidas están siendo puente de diálogo.

Y nosotros, como lo hemos dicho desde el primer momento, estamos decididos a dialogar.

Desde la última semana surgieron advertencias e incluso quejas sobre la represión y escenas de uso la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad. ¿Qué consigna le ha dado usted a los militares y policías de Ecuador?

Defender la integridad de las personas fundamentalmente. Y defender también los bienes que mucho esfuerzo les cuesta a los ecuatorianos conseguirlos.

Hasta ahora lo que ha hecho no ha conseguido aplacar la crisis. Usted dice que hay intentos de diálogo. Pero, ¿cómo piensa controlar la situación y destrabar las rutas?

Pues únicamente diciendo la verdad. ¿O conoce usted algún mecanismo diferente? El único mecanismo que conozco para destrabar los temas es decirle la verdad al pueblo ecuatoriano: ese subsidio era un subsidio miserable, que espoliaba a los pobres en beneficio de los ricos y los delincuentes.

Ahora todo ese dinero será conducido, ojalá mediante un fidecomiso, a procurar sacar de la pobreza y la extrema pobreza a sectores sensibles como son los campesinos y nuestros indígenas, mediante la provisión de créditos, bonos de desarrollo humano, maquinaria, equipos, semillas que les ayuden a producir.

Hay quienes sugieren compensaciones económicas para algunos sectores ante las medidas tomadas, para abrir el diálogo. ¿Está dispuesto a eso?

Lo que no habrá es compensaciones económicas para dirigencias ni para los más ricos. Las compensaciones económicas que sí vamos a entregar, para eso es ese dinero, estarán dirigidas a los sectores sensibles de la sociedad.

¿Maneja la posibilidad de convocar a elecciones anticipadas, como sugieren algunos opositores o el propio Correa?

Bueno, es el propio Correa nomás el que maneja esa posibilidad. No veo por qué dice que son algunos opositores, no he conocido de otros.

De todas formas, eso es algo que les conviene a ellos para procurar dejar lo más pronto posible en cero todo lo que hicieron en el gobierno pasado.

Mire, nunca antes se había dado un asalto a Contraloría, que hace la auditoría de las cuentas del Estado. Contraloría tiene todas las pruebas, los trámites, juicios que se están siguiendo en contra de los rateros del gobierno anterior.

Precisamente para eso ayer intentaron quemar Contraloría y, por supuesto, quemar las pruebas que existen del asalto que se hizo de los recursos del pueblo. Para eso quieren volver.

¿Usted señala que Correa está detrás de ese intento de quemar pruebas?

Claro que sí. Así es. O si no, dígame usted: ¿los indígenas para qué habrían de quemar Contraloría, quemar pruebas, si ellos no tienen proceso allí?

Los únicos que tienen proceso allí son quienes en el gobierno anterior se llevaron los dineros del pueblo. Es por eso que les interesa dejarlos en cero: porque es muy difícil, si es que no se tiene ese conjunto de pruebas, volver a comenzar los procesos.

¿Entonces usted descarta cualquier posibilidad de elecciones anticipadas? ¿No es algo que usted vaya a hacer?

No está en mi carpeta el asunto. Pero, ahora que lo dice, tal vez en algún momento no sea mala idea.

Pero habrá que tomar la decisión en su determinado momento.

¿Tal vez en algún momento no sea mala idea dentro de su mandato? ¿Es una posibilidad entonces?

Siempre existe esa posibilidad, pero no la he pensado. Si es que en algún momento la pienso, se la comunico.

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