El accidente nuclear de Fukushima en Japón fue el peor desde el desastre de Chernóbil en 1986.

El 11 de marzo de 2011 un terremoto de magnitud cercana a 9 causó un tsunami con olas de 14 metros que inundaron partes de la central nuclear de Daiichi en la prefectura de Fukushima, en la costa noreste del país.

El tsunami causó fallas en la planta nuclear y la liberación de contaminación radioactiva.

Pero más allá de las víctimas directas del accidente nuclear, fue una decisión de las autoridades japonesas la que causó más de 1.280 muertes adicionales. Y esos fallecimientos no se debieron a la radiación sino al frío.

Eso es lo que afirman en un artículo investigadores del IZA, el Instituto de Economía Laboral de Alemania, según los cuales el caso de Fukushima incluye una lección vital para los gobiernos de todo el mundo.

Principio de Precaución

El artículo se titula "Cautela con elPrincipio de Precaución: la evidencia del accidente nuclear de Fukushima Daiichi".

"Una definición generalmente aceptada del Principio de Precaución es que determinadas actividades no deben realizarse si la amenaza de daños potenciales no se comprende por completo", explicó a BBC Mundo uno de los autores del artículo, Matthew Neidell, investigador del IZA y profesor de la Escuela de Salud Pública y Administración de la Universidad de Columbia en Estados Unidos.

Tras el accidente nuclear en Fukushima, la mera posibilidad de un apocalipsis radioactivo en un país traumatizado por dos bombas nucleares provocó una decisión drástica.

Todas las centrales nucleares del país, que eran responsables del 30% de la electricidad consumida a nivel nacional, se cerraron en poco más de un año.

"En el plazo de 14 meses después del accidente la producción de energía nuclear cesó totalmente en Japón", señaló Neidell.

"Y esa reducción en la producción de energía nuclear fue compensada con un aumento en la importación de combustibles fósiles. Eso llevó a su vez a un incremento en el precio de la electricidad hasta del 38% en algunas regiones".

En ese aumento de precios, según Neidell, está la clave para comprender las muertes adicionales.

Muertes por frío

Neidell y sus colegas señalan que el apagón nuclear y el aumento en el precio de la electricidad llevó a una reducción del consumo de energía eléctrica, del que muchas personas dependían para calentarse.

La gente encendió menos la calefacción y eso generó muertes por enfermedades vinculadas a la exposición al frío, según los investigadores.

Entre 2012 y 2013 se registró una caída en el consumo de electricidad de hasta el 8% con una media del 4,9% en los meses de invierno.

Los autores establecieron una correlación mediante modelos matemáticos y estiman que el cese de la energía nuclear provocó hasta 1.280 muertes en las ciudades analizadas, que representan un 28% de la población total de Japón, por lo que la cifra total sería varias veces mayor.

"Usamos modelos econométricos para vincular el aumento de la mortalidad con los cambios en los precios de electricidad y excluimos otros factores que podrían haber llevado a muertes adicionales", afirmó Neidell.

La principal lección

"No hay muertes que hayan sido atribuidas directamente a la exposición a la radiación, pero algunos estudios hablan de 130 muertes", afirma el artículo.

"Se estima también que 1.232 muertes fueron resultado de la evacuación después del accidente", se agrega.

Neidell señaló a BBC Mundo que en solo 4 años, "las muertes debido al aumento en el precio de la electricidad superaron probablemente a las muertes derivadas del accidente nuclear".

Pero los altos precios de la electricidad continuaron más allá del estudio, "por lo que es casi seguro que cesar la producción de energía nuclear contribuyó a más muertes que el accidente mismo".

El caso de Fukushima demuestra que las decisiones de política energética pueden tener graves consecuencias en la salud y vida de las personas.

"Debemos recordar que el Principio de Precaución hace que nos centremos solo en los posibles riesgos de una acción", dijo Neidell a BBC Mundo.

"Pero ese principio no tiene en cuenta que la alternativa, en este caso, no proseguir con la energía nuclear, también puede ser peligrosa".

De acuerdo a Neidell, es crucial tener en cuenta que "algo que abandonamos por precaución será reemplazado por otra opción, pero esta alternativa también tiene sus propios riesgos riesgos".

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