Mientras la pandemia de la covid-19 sigue sacudiendo a los estadounidenses, sus vecinos de Canadá están cada día más preocupados de que quienes los visitan desde Estados Unidos puedan llevarles el virus a través de la frontera.

El Arco de la Paz, un monumento de unos 20 metros de alto, se levanta exactamente en el límite entre ambos países: donde termina la ciudad de Blaine, en el estado de Washington, y comienza la ciudad de Surrey, en la provincia canadiense de Columbia Británica.

En la base del monumento se lee "Que estas puertas nunca se cierren", un pequeño recordatorio de cómo funciona la frontera de 8.891 kilómetros, mayormente sin control militar, que comparten ambas naciones.

Por más de 100 años esas palabras fueron ciertas.

Hasta que llegó la pandemia del nuevo coronavirus y la frontera efectivamente se cerró por tiempo indefinido.

El cierre, concertado por ambos gobiernos, se hizo efectivo el pasado 21 de marzo.

Y la fecha de reapertura, después de varias postergaciones, es el 21 de agosto.

Pero muchos temen que las restricciones vayan a extenderse una vez más.

"Nunca pensé que iba a estar aquí, a mediados de agosto, con la frontera todavía cerrada", le dice a la BBC Len Saunders, un ciudadano con doble nacionalidad que vive en Blaine.

"Todo parece que se está alargando sin que haya un final a la vista", agrega.

Aunque el cierre ha tenido serias repercusiones económicas para los millones de personas que viven a ambos lados del confín, lo cierto es que la mayoría de los canadienses quiere que las cosas se mantengan así.

Una encuesta realizada por Ipsos Reid encontró que ocho de cada 10 quieren que la frontera permanezca cerrada al menos hasta finales de 2020.

Y como la pandemia se ha extendido y los casos aumentado en todo EE.UU., así han crecido también las tensiones entre los camioneros estadounidenses y los residentes en Canadá.

Mientras los viajes no esenciales están prohibidos, el transporte comercial de productos y el paso de personas que cumplen tareas esenciales están permitidos en ambas direcciones.

Sin embargo, algunos conductores de vehículos con placa de EE.UU. han denunciado acoso o han visto sus automóviles vandalizados, a pesar de que tienen permitido su acceso a suelo canadiense.

Saunders, un abogado especializado en inmigración con muchos clientes que cruzan la frontera regularmente para trabajar, señala que estos hablan de que tienen miedo.

"Tienen miedo de que les dañan el vehículo, les miren mal o los traten de 'estadounidenses detestables'", le explica Saunders a la BBC.

Uno de sus clientes, un arquitecto a quien se le autorizó hacer sus prácticas durante el confinamiento, le confesó que en Canadá le habían dicho que "se regresara a casa", solo porque su carro tenía matrícula estadounidense.

Las tensiones están en un punto tan crítico que el gobernador de la provincia de Columbia Británcia, John Horgan, sugirió a los canandienses cuyos autos tengan placa estadounidense tomar el bus o moverse en bicicleta.

En la región de Muskoka, provincia de Ontario, donde muchos tienen casas de verano, la hostilidad ha comenzado a llamar la atención de las autoridades.

La policía de Ontario señaló en la localidad de Huntsville un canadiense denunció que dos hombres lo habían acosado porque su vehículo tenía matrícula del estado de Florida, EE.UU.

"Este último fin de semana, un hombre le estaba echando gasolina a su automóvil cuando otros dos se le acercaron y le dijeron: 'Eres estadounidense, regresa a tu país'. Y él respondió: 'Soy canadiense, vivo aquí', y ellos literalmente le dijeron que no, que no le creían, que les mostrara el pasaporte".

Así se lo dijo a la cadena CP24 el alcalde de la localidad fronteriza de Kuskoka Lakes, Phil Harding.

"La gente está un poco más agresiva, porque teme por su vida", añadió.

El incremento de la seguridad fronteriza también condujo a notables arrestos.

En la localidad de Grand Forks, Columbia Británica, la policía montada de Canadá pasó dos horas persiguiendo a un hombre señalado de haber cruzado de manera ilegal la frontera en un vehículo robado el pasado 24 de julio.

El hombre se había bajado del carro y había escapado a través del río.

La persecución terminó cuando el "fugitivo flotante" fue alcanzado por la policía en un punto donde el río se estrechaba.

Hasta ahora no han presentado formalmente cargos en su contra, pero cualquier persona que viole las restricciones en la frontera puede recibir una multa de US$566.000 y una sentencia de seis meses de cárcel.

O una multa de US$1 millón y hasta tres años de cárcel si sus acciones "ponen en riesgo inminente de muerte o pueden causar lesiones de gravedad" a otras personas.

Esas multas tan altas no son solo para quienes infringen deliberadamente las reglas.

El pasado miércoles, la policía también lanzó una advertencia a los ciudadanos estadounidenses que planeaban participar en un evento de barcas hinchables en el río St Claire, en la zona limítrofe con Michigan.

Quien cruce la línea fronteriza, aunque sea de manera accidental, se enfrentará también a una cuantiosa multa, les dijo.

En 2016, en tiempos menos restrictivos, la policía canadiense de manera muy cordial hizo regresar a 1.500 flotadores estadounidenses que habían cruzado la frontera durante el evento, cuando el viento los hizo desviar el curso.

Mientras, el efecto del cierre en las pequeñas localidades fronterizas no es anecdótico.

Antes de la pandemia, cerca de 300.000 personas cruzaban el borde todos los días, contando a los canadienses que acudían a EE.UU. hacer compras en los centros comerciales o a por gasolina.

Asimismo, desde EE.UU. llegaban miles que querían conocer las cataratas del Niágara, situadas sobre la divisoria.

Desde marzo, el tránsito en este mismo cruce disminuyó en casi un 95%, de acuerdo a la Agencia Fronteriza de Canadá (CBSA, por sus siglas en inglés).

"Esto va a diezmar todo en esta zona del país", señala Sauders.

Sin embargo, para el profesor de economía de la Universidad de Toronto Ambarish Chandra, el impacto económico de cerrar la frontera a los viajeros casuales no es comparable con lo que pasaría en Canadá si otra ola de coronavirus obligara a ordenar una segunda cuarentena.

"Estos viajes tienen un impacto económico en las comunidades que reciben a los viajeros", señala Chandra.

"Pero teniendo en cuenta la dimensión de la pandemia en EE.UU., el número de casos allí, tiene mucho sentido que se limiten los viajes desde y hacia EE.UU., incluso de forma indefinida", señala.

El académico apunta que el gobierno debe proveer ayuda a estas poblaciones cuyas economías dependen mucho del turismo, pero que se deben mantener los cierres en la frontera hasta que la pandemia se termine.

"Alargo plazo es mucho más barato ayudar a poblaciones como Niagara Falls que confinar otra vez a Toronto por tres o cuatro semanas", explica.

Después de meses en los que la mayoría de los negocios se vieron gravemente afectados, los casos de coronavirus en Canadá comenzaron a mermar y el país se encuentra en proceso de reabrir su economía.

Los casos bajaron de 2.760 por día -registrados el 3 de mayo- a unos pocos de cientos a principios de agosto.

Las tiendas y los restaurantes han estado abiertos en las últimas semanas en las principales ciudades de Canadá, y aún no se ha presentado un resurgimiento de los contagios.

Mientras tanto, EE.UU. está intentado controlar el brote, que alcanzó su pico el pasado 17 de julio cuando se presentaron 75.821 casos en un solo día, y todavía registra cerca de 40.000 diarios.

Esas cifras son la razón detrás de la animosidad de muchos canandienses contra los viajeros estadounidenses.

"Montana está al otro lado de la frontera y en este momento está teniendo una segunda ola de casos. Y voy a decirlo de esta forma: no siento pena por nadie que sea parado en la frontera", le dice a la BBC Jim Willet, el alcalde de Coutts, provincia de Alberta.

"Temo que si abrimos la frontera muy pronto, tal vez tengamos peores números y mayores problemas que los que están registrándose en Montana", agrega.

Su localidad es una de las cinco poblaciones por las que los residentes de EE.UU. que están viajando a Alaska pueden entrar a Canadá, desde que la CBSA tomó medidas a finales de julio contra lo que ha sido considerado una "laguna jurídica de Alaska".

Dado que Alaska no comparte frontera con otros estados de EE.UU., los estadounidenses que viajan por tierra deben llegar allá a través de Canadá. Es ahí donde se crea esta "laguna jurídica".

Después del cierre fronterizo, muchas personas expresaron su preocupación de que los viajeros estarían explotando esta "laguna jurídica" para llegar en realidad a algunos de los lugares más pintorescos de Canadá como la isla de Vancouver, Jasper y el lago Louise.

En junio, la policía de Canadá multó a varias visitantes en puntos turísticos de la provincia de Alberta.

"No se detenga. Siga directo hacia Alaska", instruyó el gobernador Horgan durante una conferencia de prensa, en julio.

Las quejas sobre la "laguna jurídica" y la falta de aplicación de las normas llevaron a implementar mayores restricciones.

A fines de julio, la autoridad fronteriza anunció que los viajeros con destino a Alaska solo tenían estos cinco puntos de entrada al país, que debían tomar la ruta más directa y exhibir etiquetas en sus vehículos que los identificaran como conductores estadounidenses que se dirigían al estado del norte.

También están limitados a un "período razonable de estadía" en Canadá y tienen prohibido visitar parques nacionales, lugares de ocio y otros destinos turísticos.

Y los infractores podrían enfrentar duras sanciones.

Con las reglas más estrictas, Willett dice que no está "demasiado preocupado" por el tráfico que cruza la frontera.

"Tenemos personas que cruzan en todo momento del día y de la noche. La mayoría coopera con nosotros", dice.

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