Inundaciones en Texas, un potente terremoto en México, una estela de destrucción y muerte tras el paso de Irma por el Caribe y Estados Unidos...

La lista de desastres naturales en los últimos días ha sido realmente notable.

Pero ¿existe una forma de prepararnos para ellos y evitar sus consecuencias más nefastas?

Todo indica que sí.

Sin embargo, el problema radica en que las alternativas requieren que los políticos, las empresas e incluso, nosotros mismos, cambiemos nuestra forma de pensar sobre el futuro.

Malas costumbres

Según la periodista de la BBC Amanda Ruggeri, para entender qué podríamos hacer para evitar los efectos más negativos de los desastres naturales, deberíamos comenzar por pensar que, a veces, el problema está en nuestra forma de ver las cosas.

"Parecería que es parte de la naturaleza humana posponer la preparación para algo que creemos que es relativamente poco probable que suceda", asegura.

Esto es particularmente cierto cuando esas preparaciones cuestan dinero.

Y es que muchas personas prefieren pagar para tener un techo para la noche, pero no por una póliza de seguro de vida quizás no necesiten durante años.

Así como muchas personas no pagan por un seguro de salud y luego enferman, pagar para estar preparado para una catástrofe natural podría ahorrar mucho dinero en el futuro.

La periodista Ruggeri explica que en Estados Unidos, por ejemplo, un estudio mostró que por cada US$1 que la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (Fema, por sus siglas en inglés) pagó por la preparación para desastres, ahorró US$4 en costos de recuperación más tarde.

Una encuesta reciente sobre los esfuerzos de mitigación de desastres en todo el mundo (desde la elevación de los pisos en casas propensas a las inundaciones en Samoa hasta las instalaciones de monitoreo de volcanes en Filipinas) mostró que la mitigación de desastres es, de hecho, rentable.

En México uno de los problemas es la diferencia que existe entre las normas y las infraestructuras urbanas (en especial México) y las zonas rurales.

"Existen buenos códigos de construcción en Ciudad de México, adecuados, según los aprendizajes. En particular tras el temblor de 1985. Pero esta práctica no se ha extendido al resto del país" dijo a BBC Mundo Luis Álvarez, director del Instituto de Ingeniería de la Universidad Autónoma de México.

El ejemplo de Florida

En Florida la devastación del huracán Andrew en 1992 demostró la importancia de planificar para una catástrofe.

La serie de cambios de políticas que esto trajo consigo conllevó a que la mayoría de las casas en ese estado ahora sean más fuertes: incluyen materiales resistentes a los huracanes, tejados más sólidos y refuerzos de pilares de hormigón.

"Luego del huracán Andrew, aprobamos algunos códigos muy agresivos para impedir los efectos de los vientos", aseguró Nichole Hefty, jefe de sostenibilidad del condado de Miami-Dade, a la periodista de la BBC Amanda Ruggeri.

"Muchos constructores se opusieron y decían que era demasiado costoso. Pero lo hicimos. Ahora nuestra comunidad está mucho más protegida que otras y tenemos uno de los códigos de construcción más fuertes en términos de protección de todo el país ", afirma.

Sin embargo, con los recortes de presupuestos, con desarrolladores que se resisten a las regulaciones y con muchos políticos para los que el futuro solo llega hasta el fin de sus mandatos, las sociedades no suelen considerar una prioridad la mitigación de desastres.

El mal ejemplo de Houston

Houston ha sido un ejemplo reciente y trágico.

Parte de la razón de las inundaciones se encuentra en que la ciudad es muy plana, baja y tiene un deficiente sistema de drenaje.

Pero también hubo otros motivos "artificiales", como el reciente auge de la construcción en zonas donde antes existían protecciones contra inundaciones y deficiencias en las regulaciones de edificación y de los sistemas de alcantarillado.

Según Amanda Ruggeri, los políticos fueron advertidos desde hace tiempo de que algo así podría pasar, pero no actuaron para evitarlo.

Otro ejemplo es la reticencia de individuos, comunidades e incluso corporaciones a protegerse financieramente de los desastres naturales.

El año pasado, sólo el 26% de las pérdidas económicas por desastres naturales en todo el mundo estaban cubiertas por seguros.

Y el monto de esas pérdidas fue notable: solo en Estados Unidos representaron alrededor de US$210.000 millones de dólares, lo que hizo de 2016 el año más costoso desde 2012.

Sin embargo, muchas personas consideran los desastres naturales como eventos únicos y esporádicos.

Pero esta temporada ciclónica ha demostrado que no lo son.

De hecho, los huracanes son cada vez más poderosos.

Según la NASA, algunos estudios indican que actualmente, los huracanes aumentan su potencia, la velocidad de sus vientos y la fuerza de sus lluvias más rápido que hace 25 años.

Todo esto en una época en que ha aumentado la población mundial y, también, los valores de la propiedades en zonas propensas a huracanes, lo que contribuye a que los desastres naturales sean extremadamente costosos y más frecuentes.

Pero incluso los lugares que no han sido históricamente propensos a huracanes tampoco quedan inmunes.

Cualquier zona está en peligro

A primera vista, parecería lógico que Houston no estuviera preparado para los huracanes: hay una posibilidad anual de 1 sobre 500 de que un huracán de categoría 4, como Harvey, llegue a esta ciudad.

Pero ya se han visto tres de esas poderosas tormentas en los últimos 10 años.

Quizás ciudades como Houston, e incluso Miami, no vuelvan a ver huracanes como Harvey e Irma por otros 10, 50 o incluso 250 años.

Pero nadie tiene una bola de cristal.

Por eso, mejor invertir dinero desde ya en nuevas regulaciones, códigos de zonificación, sistemas de drenaje y diques más fuertes para frenar mareas altas.

Para los desastres naturales es mejor estar preparado.

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