Cuando Christian Rodríguez llegó por primera vez a las montañas mexicanas de Sinaloa, se preocupó por la pista de aterrizaje clandestina corta y los hombres con armas largas. Luego conoció a su nuevo cliente: Joaquín "El Chapo" Guzmán.

Era el comienzo de 2008. Rodríguez era apenas un veinteañero. Vivía en Colombia y estaba desarrollando su propia empresa en ciberseguridad, por la cual había abandonado los estudios en ingeniería de sistemas.

Quien lo llevó a conocer a "El Chapo" fue Alex Cifuentes, un narco colombiano socio del líder del cartel de Sinaloa para cuya familia Rodríguez había instalado un sistema seguro de comunicaciones, a prueba de interceptaciones.

Guzmán quería lo mismo para él. Y Rodríguez aceptó dárselo.

Ese fue el comienzo de una relación entre ambos que duró hasta 2012, con una docena de encuentros cara a cara y "cientos" de comunicaciones telefónicas, según dijo Rodríguez este miércoles como testigo del juicio a "El Chapo" en Nueva York.

El joven colombiano se volvió tan confiable para Guzmán que éste también le solicitó un software espía para calmar una obsesión personal: vigilar a personas de su entorno, incluida su propia esposa Emma Coronel y una amante.

"Me llamaba todo el tiempo para pedirme cosas para el software espía", señaló Rodríguez, hoy con 32 años y vestido con una elegante chaqueta azul, en la corte federal de Brooklyn.

En un giro dramático, el técnico de confianza pasó a colaborar en cierto momento con las autoridades de Estados Unidos. Y les abrió paso a las comunicaciones íntimas y comprometedoras del narco, que ahora son pruebas contundentes en su contra.

Un servicio especial

Los narcos quizá sean eficaces en mover drogas, disparar armas o sobornar autoridades. Pero algo que ha mostrado el juicio a "El Chapo" es que la tecnología puede ser un punto débil para ellos.

Rodríguez contó que Cifuentes (cuyo hermano Jorge fue testigo cooperante antes en el juicio) lo llevó a México para que le resolviera problemas básicos, como una conexión a internet inestable y lenta.

En la primera reunión que tuvo con Cifuentes y "El Chapo", Rodríguez propuso instalar un sistema de internet de alta velocidad mediante un cable desde la ciudad hasta un punto cercano y luego vía inalámbrica hasta el campamento en las montañas de Sinaloa donde se ocultaban.

Guzmán advirtió que "no le gustaba escribir en la computadora, prefería hablar", testificó Rodríguez.

Cuando regresó un mes y medio después al mismo campamento, ya con el sistema de internet instalado, Rodríguez les propuso colocar un sistema seguro de llamadas sobre internet.

Y la idea fue bienvenida.

El sistema funcionaba con un servidor principal protegido por firewall, conectado a internet, mediante el cual se podían comunicar de forma encriptada un teléfono con otro marcando tres dígitos, como las comunicaciones internas de una oficina.

También instaló un adaptador para que teléfonos convencionales análogos se pudieran conectar a la red, así como un servidor de troncales que les permitía hacer llamadas seguras a cualquier teléfono, ya fuera de línea o móvil.

A Guzmán "le gustó" cómo funcionaba todo aquello y le dio instrucciones para configurar los teléfonos de personas que trabajaban con él, dijo Rodríguez, que instaló cerca de un centenar de extensiones al sistema.

El costo de todo aquello fue de US$100.000 que "El Chapo" le pagó en efectivo, precisó.

Pero claro, a un trabajo de esos es difícil renunciar.

"Juguete"

Rodríguez dijo que cuando volvió a México poco después, siempre aterrizando en la pista clandestina con hombres armados, Guzmán le pidió el software espía para celulares y computadoras.

El técnico le mostró una aplicación que se instala para monitorear las actividades de un dispositivo, obtener su ubicación o registro de llamadas, copiar sus mensajes o correos electrónicos.

"El Chapo" lo aprobó y pidió que también pudiera abrir remotamente el micrófono del dispositivo. Rodríguez lo habilitó y en adelante instaló el software en unos 50 teléfonos que Guzmán repartiría entre los suyos, sin advertirles que servían para espiarlos.

"Le gustaba mucho", dijo Rodríguez.

Contó que los allegados de Guzmán comentaban que el software era "como su juguete". Pasaba tanto tiempo espiando gente, que llegó a asignarle la tarea a uno de sus hombres para que le reportara lo relevante.

Pero todo aquello pronto se volvería contra "El Chapo".

Cuando el Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) supo a través de una fuente confidencial sobre el trabajo que Rodríguez hacía para los narcos en 2009, le tendió una trampa.

Un agente encubierto del FBI se hizo pasar por un gángster y grabó al colombiano en un hotel de Manhattan hablando de sus servicios.

Ante el riesgo de ser acusado de conspirar para el narcotráfico y pasar el resto de su vida tras las rejas, Rodríguez aceptó colaborar activamente con el FBI.

"Gastos y servicios"

Por un lado, Rodríguez facilitó el acceso de los investigadores al servidor que recibía las llamadas encriptadas de Guzmán y sus hombres, dijo Stephen Marston, un agente especial del FBI que participó de la operación.

En esas llamadas, algunas de las cuales fueron oídas esta semana en la corte de Brooklyn, "El Chapo" se refiere a negocios de drogas, violencia, sobornos a autoridades y cómo tratar con policías.

Por otro lado, Rodríguez alertó al FBI sobre el uso de software espía. Los investigadores obtuvieron autorización para acceder a esos registros entre 2011 y 2012.

Entre el material descubierto hay mensajes de texto del propio Guzmán a su esposa Coronel, en los que se refiere a negocios de droga con su suegro o dice (aparentemente en broma) que comprará un fusil AK-47 a su pequeña hija, para que pueda acompañarlo.

También hay mensajes sobre narcotráfico entre Guzmán y una amante suya, Agustina Cabanillas Acosta, incluido un envío de 550 kilos de marihuana a California que fueron decomisados por las autoridades.

Los textos intercambiados mezclan negocios con declaraciones de amor.

"Eres la persona más importante para mí", le escribió "El Chapo", según las pruebas presentadas en el juzgado.

Sin embargo, en un mensaje a una amiga suya, la mujer dice sospechar que Guzmán la espía a través del BlackBerry que le había dado y se muestra molesta. "Soy mucho más lista", señala.

Como ha sido costumbre desde el inicio del juicio, Coronel estuvo presente en la corte este miércoles y siguió las revelaciones sin inmutarse. Ante una solicitud de BBC Mundo, declinó formular declaraciones sobre las pruebas presentadas.

Tras su colaboración con el FBI, Rodríguez nunca tuvo que responder a cargos en su contra. Por el contrario, recibió un pago de US$460.000 por "gastos y servicios" prestados, indicó el agente Marston.

Agregó que el colombiano fue relocalizado en EE.UU., donde vive actualmente en un lugar desconocido, debido a una "amenaza" contra su seguridad.

Documentos presentados por la fiscalía sugieren que el testigo habría sufrido una crisis nerviosa en 2013 por trabajar para "El Chapo" y más adelante porque los hombres del narco podrían intentar localizarlo.

Uno de los abogados de Guzmán, Jeffrey Lichtman, indicó que Rodríguez tuvo un "pase libre" en EE.UU. en vez de habérsele requerido que se declarara culpable de cometer "crímenes serios".

También cuestionó otra de las revelaciones del agente del FBI Marston: que, por haber contribuido a la captura de Jorge Cifuentes, Rodríguez puede ser elegible para recibir una recompensa de hasta US$5.000.000.

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