Es tal vez la construcción más emblemática de Estambul, una colosal catedral en la ribera occidental del Bósforo, con un fantástico domo y minaretes que dominan el panorama y cuyos muros contienen siglos de arte, conflictos políticos, disputas religiosas y efervescencia nacionalista.

Conocida originalmente como Santa Sofía de Constantinopla, en sus 1.500 de existencia ha sido lugar de culto tanto para cristianos ortodoxos y católicos como para musulmanes, ha estado bajo dominio de diferentes imperios y sufrido sendas transformaciones.

Aunque hoy es un museo, Santa Sofía fue primero una basílica y luego una mezquita.

Ahora una propuesta del gobierno del presidente Recep Tayyip Erdongan de reconvertirlo en mezquita no sólo enfrenta a Grecia y Turquía, sino que genera preocupación internacional por el destino de este patrimonio de la humanidad.

Santa Sabiduría

La actual estructura es la tercera Santa Sofia levantada en el sitio. Las dos anteriores fueron destruidas por incendios que las arrasaron en 404 y 532.

Ese mismo año comenzó a ser reconstruida por orden del emperador Justiniano I.

Ingenieros y materiales fueron llevados desde distintos puntos del Mediterráneo.

Con sus lujosas decoraciones y ornamentos, cuando fue terminada en tiempo récord en 537, se transformó rápidamente en la joya de Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino -también conocido como el Imperio Romano de Oriente- levantada sobre las ruinas de la ciudad griega de Bizancio.

Además de su belleza, cumplía un esencial: era sede del patriarca ortodoxo y las ceremonias imperiales bizantinas -como coronaciones- se realizaban en su interior.

De la construcción original no existe rastro, pero trozos de mármol de la segunda -destruida por el fuego durante unas revueltas en Constantinopla en 532- se pueden apreciar en la presente versión, le explica a BBC Mundo Dyonisious Stathakopoulus, profesor de la Universidad de King's College de Londres y especialista en historia bizantina.

Muchos creen que está dedicada a una santa llamada Sofía. Pero no. "Sofia es la palabra griega de sabiduría, así que quiere decir la Santa Sabiduría, que es una manera de describir la existencia de Dios", aclara Stathakopoulus

Por casi 900 años, Santa Sofía albergó a la Iglesia ortodoxa oriental, salvo un breve período en el siglo XIII en que fue una catedral católica bajo control de invasores europeos que saquearon y ocuparon Constantinopla durante la Cuarta Cruzada.

Aunque su función era primordialmente religiosa, su estatus icónico la elevaba más allá: simbolizaba el imperio Bizantino y su poder y quienes visitaban la ciudad quedaban maravillados ante su tamaño y arquitectura.

"Hay que tener en cuenta que su enorme domo no fue replicado por casi mil años, hasta la construcción de la Basílica de San Pedro, en Roma", señala Stathakopoulus.

Transformaciones

La suerte de Constantinopla cambió dramáticamente en 1453, cuando el Imperio Otomano bajo el sultán Mehmed II capturó la ciudad y la rebautizó como Estambul, poniendo fin al dominio bizantino. Para los griegos sigue siendo una fecha maldita que marca uno de los episodios más tristes de su historia.

Al entrar a Santa Sofía, Mehmed II insistió en que fuera renovada y convertida en mezquita. El primer viernes de oraciones se realizó pocos días después de que el lugar fuera saqueado por sus fuerzas.

Arquitectos otomanos retiraron o recubrieron con yeso los símbolos ortodoxos del interior y añadieron capiteles y minaretes a la estructura.

Fue la principal mezquita de Estambul hasta que se construyó la Mezquita Azul, en 1616, que como muchas otras mezquitas del mundo han sido influidas en su diseño por Santa Sofía.

El poderoso Imperio Otomano llegó a su fin tras la Primera Guerra Mundial y su territorio fue dividido entre los aliados victoriosos. De sus escombros nació también el Estado moderno de Turquía, gracias a un fuerte movimiento nacionalista.

Su fundador y primer presidente secular, Mustafá Kemal Ataturk, ordenó que Santa Sofía se convirtiera en museo.

"Los historiadores dicen que la recién establecida República de Turquía buscaba incluir los legados de todas las civilizaciones que formaron el país, incluyendo la bizantina y la otomana, al tiempo que reafirmaba su carácter secular con esa decisión", le comentó a BBC Mundo Irem Koker, periodista del Servicio Turco de la BBC.

Desde su apertura como museo en 1935, Santa Sofía se ha convertido en una de las atracciones turísticas más visitadas de Turquía, incluyendo las de líderes y personalidades mundiales.

También ha aparecido en numerosas películas que han utilizado su espectacular arquitectura como fondo escénico. La base de datos fílmica IMDb registra 22 ocasiones en que sirvió de locación cinematográfica.

James Bond "la visitó" en dos ocasiones, con casi 50 años de diferencia, en "Desde Rusia con Amor" (1963) y "Skyfall" (2012).

"Argo", la cinta de intriga internacional que le dio el Oscar de mejor director a Ben Affleck, rodó allí unas escenas en 2012, y más recientemente, la serie turca de ciencia ficción en Nexflix "El Protector", presenta panoramas de la actual Estambul que incluyen el monumento.

Islamismo vs secularidad

Ahora, 85 años después de su reconversión, grupos islamistas y musulmanes devotos han reavivado el llamado para que el monumento sea transformado otra vez en mezquita, argumentando que mantener su estatus de museo socaba la soberanía de Turquía, y han realizado protestas contra una ley de 1934 que prohíbe que se lleven a cabo servicios religiosos en su interior.

Irem Koker, del Servicio Turco de la BBC, recuerda que en 2015 una ONG conservadora llamada Asociación Juvenil Anatolia realizó oraciones matutinas frente Santa Sofía y en 2018, el presidente Erdogan leyó versos del Corán dentro del museo.

Y en una campaña anterior a las elecciones locales de 2019, el mandatario dijo que había sido un "muy grave error" convertir a Santa Sofía en un museo.

"Como líder islamista, esto está en línea con su ideología y además es una acción apoyada por su base electoral", señala Irem Koker.

La decisión sobre la transformación del monumento ha quedado en manos de un tribunal turco, que podría comunicar su fallo este viernes.

Doble fractura

Bartolomeo I, líder de la Iglesia ortodoxa oriental, conocido como el Patriarca Ecuménico de Constantinopla -que sigue teniendo su base en Estambul-, advirtió hace unas semanas que la reconversión del lugar "desilusionaría a millones de cristianos" y fracturaría a dos mundos.

"Su estatus de museo permite que se desplieguen las obras bizantinas y las otomanas lado a lado. No es como si unas u otras hayan sido borradas. Coexisten pacíficamente. Cambiar eso crearía algo completamente diferente", sostiene el profesor Dyonisious Stathakopoulus, quien teme por la integridad histórica y artística del lugar.

"Muchos monumentos que han sido reconvertidos en mezquitas después de ser museos del Estado moderno de Turquía, han visto sus obras de arte y sus estructuras severamente cambiadas y dañadas", afirma el catedrático.

"Los cambios serían fundamentales. El lugar no se puede convertir en mezquita retirando sólo un par de cruces", concluye.

Desde el punto de vista geopolítico, la productora del Servicio Turco de la BBC explica que las tensiones entre Turquía y Grecia, están en un punto alto debido a las disputas por perforaciones de gas natural en el Mediterráneo, la crisis de refugiados y conflictos fronterizos.

"Si se da la reconversión, es muy probable que aumente la crisis diplomática entre dos aliados de la OTAN. Además, las relaciones de Ankara con EE.UU. y otros países de Occidente se deteriorarían", indica.

Además, uno de los símbolos de secularidad más importantes de Turquía dejaría de existir. Y, aunque se estaría reafirmando el sentido de apropiación por una parte de la sociedad turca, se acentuaría el sentido de pérdida por parte de los griegos.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, ha dicho que cualquier cambio al estatus de Santa Sofía reduciría la capacidad del templo de "servir a la humanidad como un vital puente entre esas diferentes tradiciones espirituales y culturales".

Y el embajador plenipotenciario de EE.UU. para asuntos de libertad religiosa internacional, Sam Brownback, instó a Turquía a dejar la catedral intacta.

Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu, insiste en que Atenas no tiene voz en las decisiones que afectan la estructura, pues esta se encuentra en territorio turco.

"Lo que hacemos en nuestro país y con nuestra propiedad es cosa nuestra", indicó a la estación turca 24 TV.

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