Corriendo entre las llamas para salvar tanto como fuera posible.

Así pasaron varias horas algunos funcionarios, profesores y técnicos del Museo Nacional de Brasil durante los momentos en que ardió esta importante institución de la ciudad de Río de Janeiro en la madrugada de este domingo.

El profesor Paulo Buckup se unió a un grupo que rompió puertas de gabinetes y logró rescatar del fuego tantos cajones de moluscos como pudo.

Pero esta es solo una pequeña parte del inventario de decenas de miles de especímenes de la fauna de América del Sur, mapeados y guardados en el acervo del museo, donde ocurrió el grave incendio que arrasó con la mayor parte de la historia que contenía.

"Estos ejemplares fueron usados ??en las descripciones originales de especies de la fauna sudamericana de moluscos, tanto marinos como de agua dulce", afirma Buckup.

"Ese material es único porque es la base para conocer las especies descritas a lo largo del último siglo. Sin eso, este registro está perdido".

Buckup calcula haber logrado salvar "algunos miles" de especímenes de moluscos, una cantidad "ínfima" si se tiene en cuenta la escala de esta colección.

"Se perdieron no sé cuántas decenas de miles de insectos como, por ejemplo, todo el material de arañas y crustáceos", dice.

Y aún más ínfima considerando las momias andinas, la sala con mobiliario del imperio portugués, las muchas bases de datos, los registros de idiomas de pueblos que ya no existen.

"Cosas que ya no existen"

El Museo Nacional de Brasil -además de ser el más grande y antiguo del país- albergaba una de las colecciones de antropología e historia natural más grandes de la región.

Fue fundado por el obispo Juan VI en 1818.

En 1892 se trasladó a la dirección actual, el Palacio de San Cristóbal, que sirvió de residencia a la familia real portuguesa a lo largo del siglo XIX.

Actualmente el museo está vinculado a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y servía de sede a seis cursos de postgrado, entre ellos los de Antropología Social, Arqueología y Zoología.

Buckup, quien forma parte del equipo de investigadores del Departamento de Vertebrados de la UFRJ, dijo sentirse "desolado" al hablar con la BBC en el exterior del edificio, en la madrugada después del incendio.

En ese momento los bomberos todavía luchaban para apagar el fuego, que estuvo finalmente bajo control después de unas seis horas ardiendo.

"La pérdida más grande son las importantes reliquias antiguas, cosas que ya no existen", dice, citando a un pez sierra de unos cinco metros en peligro de extinción, que estaba siendo preparado para exponerlo al público por su exotismo.

Buckup cuenta que llegó al lugar cerca de una hora después del inicio del incendio, para intentar salvaguardar algunas de las muchas piezas "insustituibles" del museo.

"Es lamentable. Pero los bomberos no tenían condiciones para hacer nada, para combatir nada", afirma.

"No tenían agua, no tenían escaleras, ni equipo", dice el investigador.

"Por eso tomamos la iniciativa de entrar y tratar de salvar lo que fuera posible. Echamos las puertas abajo y los soldados nos ayudaron a cargar las cosas," recuerda.

Rescate

Buckup cree que se podría haber salvado mucho más si la operación hubiera sido más ágil.

Y también si el museo hubiese contado con una política de modernización de sus edificaciones.

En 1996, el Departamento de Vertebrados al que pertenece este investigador fue separado del edificio principal y obtuvo una nueva sede en la misma calle donde se localiza el museo: la Quinta da Boa Vista, Río de Janeiro. Lo mismo sucedió con el Departamento de Botánica.

Ambos se salvaron gracias a eso.

"En aquella época, el gobierno tuvo la lucidez de invertir en la preservación de nuestro acervo, después la fuente se secó y la iniciativa fue interrumpida", afirma.

"Me da mucha tristeza por mis colegas, pues algunos tienen 30 ó 40 años de trabajo aquí, y ahora todo ese trabajo está perdido".

Ahora los desafíos que Buckup ve por delante son innumerables: acomodar a los investigadores para que puedan continuar desempeñando sus actividades, acomodar a todos los alumnos de los programas de postgrado de la UFRJ, recuperar la infraestructura de investigación y restaurar el edificio.

"Tal vez queden entre los escombros algunos minerales y fósiles, y eso exigirá un trabajo complejo de rescate", dice.

Queda por evaluarse la dimensión real de los daños y comenzar a trabajar en la reconstrucción de museo, según el director de la institución, el arqueólogo Alexander Kellner.

"Hace años que luchamos para conseguir los recursos que hubieran prevenido los que ocurrió aquí hoy", asegura.

"Es un día triste para Brasil, pero necesitamos seguir adelante. Mañana nuestros equipos van a entrar a ver lo que queda," agregó.

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