Reino Unido lleva casi ocho años en medio de una profunda austeridad en el gasto público, como resultado amargo de la crisis financiera global.

Pero en Irlanda del Norte, una de las cuatro naciones que componen el reino, el panorama se vislumbra bien distinto: más boyante que el de Inglaterra, Gales o Escocia, los otros tres integrantes del país.

Más aún, Irlanda del Norte es una de las pocas excepciones de generosidad en el gasto estatal, en una Europa que en partes sigue sumida en brutales recortes en los presupuestos gubernamentales.

La razón es simple: política pura.

Supervivencia

Para mantenerse en el poder, la primera ministra británica, Theresa May, se aferra hoy a un acuerdo con el pequeño partido norirlandés de los Unionistas Democráticos (DUP, por sus siglas en inglés).

Sin el apoyo de los 10 escaños que mantiene el DUP en el Parlamento británico, el gobierno conservador puede perder el control del Parlamento y derrumbarse.

Pero a cambio de su apoyo parlamentario, el DUP consiguió de Londres la promesa gubernamental de un gasto adicional de mil millones de libras (unos US$1.300 millones) en Irlanda del Norte en los próximos dos años.

Una cifra nada despreciable, especialmente si se tiene en cuenta que los norirlandeses son apenas 1,8 millones de personas en un país de unos 65 millones.

La lluvia de dinero del contribuyente británico a Irlanda del Norte es particularmente bienvenida en esta región que se resignaba a sufrir más que muchas otras con la proyectada salida británica de la Unión Europea, el Brexit.

Irlanda del Norte es adyacente a la República de Irlanda y es por lo tanto la única parte del Reino Unido que tendría una frontera terrestre con la Unión Europea después del Brexit.

Con el agravante que esa frontera en el pasado no tan lejano fue una zona de conflicto.

Guerra

En el último tramo del siglo XX, la insurgencia del llamado Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) realizó por décadas una campaña sangrienta contra las autoridades británicas buscando reunificar a Irlanda del Norte con la República de Irlanda.

La frontera era un sitio militarizado, peligroso. Pero después de un tratado de paz en 1998, las barreras físicas en dicho límite casi desaparecieron.

Irlanda del Norte y la República de Irlanda se integraron económicamente en un entorno de prosperidad compartida, que el Brexit y el resurgimiento de barreras limítrofes podrían comprometer.

Los más pesimistas temen que la paz podría tambalear.

Y en ese contexto, se advertía que Irlanda del Norte iba a pagar una cuenta onerosa en términos de inversión económica perdida.

La realidad económica hoy se ve menos grave, en la medida en que el gobierno de Londres parece dispuesto a aumentar el subsidio que concede a Irlanda del Norte.

Ni tan nuevo

Un subsidio que, por cierto, no es enteramente nuevo.

Desde la década de 1970, Reino Unido dedicó recursos a Irlanda del Norte con la esperanza de amainar la violencia política que se ensañaba con esa región.

Como dice la revista británica The Economist en un reciente artículo, Irlanda del Norte goza desde esa época de "ventajas fiscales insólitas".

Uno de cada tres trabajadores es empleado del Estado, cuando la cifra para el resto del Reino Unido es de menos de 20%.

El servicio del agua fue por años gratuito, como también los medicamentos, y una porción significativa de las matrículas universitarias es asumida por el Estado.

El gasto público per cápita aquí siempre había sido el más alto en el país, y la austeridad fiscal apenas estaba empezando a llegar. Ahora parece espantarse por lo menos por los próximos dos años.

La calidad del gasto

¿Y que representará esa nueva bonanza para sus habitantes? La BBC ha informado que el dinero extra pagará por una mejoría importante en el servicio estatal de salud en Irlanda del Norte, así como para mayor gasto en educación e infraestructura. Este último aumentará en cerca de 20% anual.

"Los fondos adicionales obtenidos por el DUP podrían hacer una diferencia tangible a la economía de Irlanda del Norte, aunque depende de cómo se gasten", le dice a BBC Mundo el profesor Neil Gibson, director del Centro de Políticas Económicas de la Universidad de Ulster, ubicada en la capital norirlandesa de Belfast.

"Siendo una región de apenas 1,8 millones de habitantes, Irlanda del Norte ha disfrutado de altos niveles de inversión pública, de la Unión Europea así como del Reino Unido, y hasta la fecha eso no ha resuelto muchos problemas económicos de vieja data", le insiste Gibson a BBC Mundo.

El catedrático asegura que la asignación y el monitoreo adecuados del gasto serán indispensables para que esa generosidad en el presupuesto público tenga el efecto esperado.

El reto

Es, en cualquier caso, una situación promisoria para Irlanda del Norte. Por décadas, sus problemas políticos la convirtieron en un foco de violencia en medio de un Reino Unido que por lo general vivía en paz.

Pero después, muchas de esas mismas particularidades políticas han hecho que Irlanda del Norte sea una de las pocas excepciones al panorama desolador de la austeridad gubernamental en Europa.

Y hoy por hoy, su principal reto no es enfrentar la falta de recursos, sino administrar su relativa abundancia. Lo que es un problema que ya quisiera tener casi cualquier otra región europea.

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