Escondido en medio de la extensa entrevista que Donald Trump le dio al diario New York Times el miércoles, había un dato interesante.

¿De qué, exactamente hablaron el presidente de Estados Unidos y el mandatario ruso, Vladimir Putin, cuando intercambiaron "cumplidos" durante una cena en la recién concluida Cumbre del G-20?

El tema, respondió Trump, fue "la adopción".

Parece un asunto extraño para una plática de sobremesa, pero éste nos ayuda a entender que, en lo que se refiere a las relaciones de Estados Unidos y Rusia, una conversación sobre adopción no es realmente sobre adopción.

Es sobre sanciones.

En particular, es sobre las restricciones impuestas en funcionarios rusos de alto nivel por la llamada Acta de Magnitsky, una ley aprobada en el Congreso estadounidense en 2012 después de que el abogado y crítico del gobierno Sergei Magnitsky murió en dudosas circunstancias cuando estaba detenido en una prisión rusa en 2009.

Desde que fue publicada el Acta sobre la Ley de Responsabilidad del Estado de Derecho Sergei Magnitsky, como se llama formalmente, Putin ha tenido una espina clavada.

Con ésta se impusieron restricciones de visa y se congelaron los activos de 18 altos funcionarios rusos que, según el gobierno estadounidense, habían cometido abusos de derechos humanos.

En ese momento, Putin llamó a la ley "una medida puramente política y hostil" y una intrusión inapropiada en una asunto interno ruso.

Desde entonces, tanto el presidente como otros funcionarios estatales, han estado trabajando diligentemente para revocarla.

El asunto de la adopción viene a juego porque, en represalia al Acta de Magnitsky, Rusia suspendió un programa que permitía a los estadounidenses adoptar a niños huérfanos rusos.

Los rusos llamaron la medida la Ley Dima Yakolev, en honor de una rusa adoptada que murió en Estados Unidos debido a exposición al calor después de que su padre adoptivo estadounidense la dejara en el auto.

Cuando Trump y Putin sostuvieron esa conversación, que sólo fue divulgada recientemente, frente a otros 18 líderes mundiales y sus esposas y con sólo un traductor ruso al tanto de lo que se dijo, los dos mandatarios pudieron muy bien haber estado discutiendo lo que se necesitaría para que tanto la ley Yakolev como la Magnitsky fueran abolidas.

No hubiera sido la primera vez que un Trump y un representante ruso discuten el tema, como el mismo presidente lo dejó en claro al New York Times.

"En realidad yo hablé sobre adopción rusa con él (Putin), lo cual es interesante porque fue parte de la conversación que Don (el hijo de Trump) tuvo en esa reunión", le dijo el presidente al diario.

"Esa reunión", en este caso, se refiere al sumamente controvertido encuentro en junio de 2016 en el que el hijo de Trump, Don, su yerno, Jared Kushner, y el entonces jefe de su campaña, Paul Manafort, se reunieron con una delegación de abogados y miembros de grupos de cabildeo para quienes la abolición de la Ley Magnitsy es una de sus prioridades.

La reunión fue organizada por Rob Goldstone, un socio de Don Trump, quien la presentó como una oportunidad para la campaña de Trump para obtener información perjudicial sobre la candidata demócrata Hillary Clinton, como parte de un esfuerzo oficial del gobierno ruso de ayudar a que Donald Trump fuera elegido presidente.

Sí, es esa reunión.

Trump Jr. dijo inicialmente que la reunión fue principalmente para hablar sobre adopción.

De la misma forma hoy, casi medio año después, el ahora presidente Trump dijo que la reunión con el presidente Putin en la cena del G-20 en Alemania, fue para hablar principalmente sobre adopción.

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