Un joven empresario, asiduo a las redes sociales y que rompe con el esquema político instalado en El Salvador desde hace casi tres décadas.

Nayib Bukele, de 37 años, se convierte este sábado en el nuevo presidente del país centroamericano en un momento de grandes desafíos y ante una gran expectación popular.

El político dio la sorpresa el pasado mes de febrero al ganar las elecciones en primera vuelta con más del 53% de los votos pese a que no tenía el respaldo de ninguno de los partidos más poderosos del país.

Esos partidos que se habían turnado el gobierno desde el fin de la guerra civil son el derechista ARENA y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), antiguo movimiento guerrillero al que pertenece el mandatario saliente, Salvador Sánchez Cerén, y previamente también Bukele.

Con su llegada al poder bajo las siglas de la conservadora Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), cambia la realidad política del país y se abre, según algunos analistas, "una nueva era" con promesas de cambios sustanciales en diferentes ámbitos, incluido en materia de política exterior.

De momento, este sábado ya se produjo uno "simbólico": la toma de posesión de Bukele en una plaza en el centro histórico de la capital -y no en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones como era habitual- con invitación extendida a "todo el pueblo salvadoreño" a través de Twitter:

Pero aparte de los símbolos, ¿qué más está por venir?

Una nueva forma de comunicación

Pese a que cómo se maneja Bukele como presidente aún está por verse, sus formas de comunicación se diferenciaron del resto de políticos desde la época de campaña, cuando priorizó sus intervenciones en Facebook a sus actos públicos.

Y esto se puso aún más de manifiesto en el camino hacia la transición de poder.

El político publica de forma asidua en sus cuentas de redes sociales y es en estas plataformas donde realiza importantes anuncios a la ciudadanía, como los nombramientos este mes de su gabinete de ministros, hasta el momento, conformado por mujeres.

Eso es parte de la "esencia de este nuevo proceso transformador: mecanismos directos de comunicación con la gente", según Walter Araújo, expresidente de ARENA y promotor de Nuevas Ideas, el movimiento del que Bukele se posicionó como líder de cara a las elecciones pero que no pudo concurrir a los comicios por no inscribirse a tiempo como partido político, lo que obligó al joven empresario a buscar una alternativa de emergencia.

Su actitud en redes como Twitter no siempre ha sido conciliadora y algunos de sus comentarios han generado polémica en este periodo, lo que ha llevado a algunos medios a compararle con Donald Trump.

Un ejemplo de ello es el comentario que publicó el pasado 7 de abril, en aparente respuesta a las críticas: "Relaje la dona":

En cuanto a las diferencias que marca el nuevo mandatario, Araújo también se hace eco del intento de Bukele por "borrar las ideologías".

El nuevo presidente se declaró en el pasado de izquierdas (inició su carrera con el FMLN), pero su ideología se ha ido desdibujando desde entonces.

"Aquí no es importante ya que sean de izquierdas o que sean de derechas, lo importante es ir a sacar sustancialmente los problemas que el país necesita: con ideas, con conceptos nuevos. Ese es uno de los elementos diferenciadores", destaca el expresidente de ARENA.

¿Una salida a la violencia?

Bukele toma las riendas de un país en una grave situación: con una tasa de homicidios que le sigue situando como uno de los más violentos del mundo -pese a que ha estado bajando desde 2015- o una de las tasas de crecimiento económico más bajas de América Latina, con un 37,8% de la población en situación de pobreza.

Su llegada precisamente responde en parte a esa difícil situación en la que viven sus seis millones de habitantes.

"Los antecedentes son importantes para entender este nuevo presidente: hartazgo, malestar de la población con los dos partidos grandes del país. Bukele ganó acumulando más votos que todos los demás partidos juntos", remarca Roberto Cañas, analista y excomandante del FMLN.

Cañas asegura que hay una "enorme expectativa popular" de que el nuevo mandatario resuelva los retos, aunque de momento no proporcionó muchos detalles sobre, por ejemplo, cómo atajará la rampante violencia, el "problema más sentido por la población" y que las autoridades atribuyen en gran medida a las pandillas.

La Mara Salvatrucha (MS-13), la principal pandilla en El Salvador, puso recientemente sobre la mesa la posibilidad de "detener la violencia por la vía del diálogo" con Bukele, según una entrevista a un vocero publicada por la revista Factum.

"Confiamos en Dios y en el nuevo presidente Nayib", dijo el vocero en nombre de toda la estructura, según recoge el medio.

El diario digital salvadoreño El Faro publicó el año pasado que Bukele pactó con estos grupos cuando era alcalde de San Salvador para ejecutar sus proyectos en zonas peligrosas.

Bukele niega haberles pagado y asegura que lo que hizo fue "ir a la comunidad e invertir en ella y generar beneficios", refiriéndose por comunidad a "las madres, los hermanos de los pandilleros".

"Por eso, una cosa es negociar con el pandillero y otra cosa es lidiar", aseguró al diario español ABC.

Todos los analistas consultados por BBC Mundo descartan la posibilidad de que el nuevo gobierno vaya a entablar un diálogo con la Mara Salvatrucha y remarcan el consenso en El Salvador en torno a la inviabilidad de esa opción, que fracasó en el pasado.

En su programa de gobierno, Bukele centró su propuesta en la prevención (brindar oportunidades para jóvenes en riesgo de ingresar a las pandillas), el combate al crimen (con mejora de las condiciones de las fuerzas de seguridad) y la reinserción de los exmiembros de estos grupos.

Corrupción y crecimiento

Se espera que sus planes contra la violencia marquen su discurso en la toma de posesión, así como su propuesta estrella contra la corrupción, otro de los grandes problemas del país: crear una Comisión Internacional Contra la Impunidad, con apoyo de la ONU y la OEA.

"El presidente va a estructurar y presentar el proyecto de la formación de esta comisión, en lo que compete al órgano ejecutivo, y lo deberá enviar a la Asamblea Legislativa", avanza Araújo.

Ahí, no obstante, es donde pude frenarse esa iniciativa, pues Bukele gobernará con un Parlamento que hasta las elecciones de 2021 estará dominado por la oposición (liderada por ARENA, junto a sus aliados del PCN y PDC).

"Se vende como la piedra filosofal que va a llegar a terminar con la corrupción (...) pero no se detienen a pensar que solo instalarla puede tomar años", en el caso de que se encuentre la manera de avanzar sin pasar por el legislativo, apunta por su parte Cañas.

Entre los desafíos que enfrentará Bukele también está la compleja situación económica del empobrecido país, con una baja recaudación fiscal y un alto endeudamiento.

Entre otras cosas, el nuevo presidente propuso modernizar el sector agrícola de la franja norte del país, donde según su programa de gobierno se concentra el 75% de la pobreza extrema severa del país, y llevar a cabo proyectos como la construcción de un aeropuerto en la zona sur, la cercana a la costa del Pacífico, para reactivar el turismo, si bien no está claro cómo se financiarán.

Para el economista César Villalona, la victoria de Bukele "significa que lo que va a llegar al gobierno es un grupo económico empresarial, que no está representado por las familias más ricas del país -que están en el partido ARENA-" y augura que se producirá una "disputa por el control del Estado para fortalecer proyectos políticos y económicos".

"No veo que se vaya a desatar una expansión económica. Creo que va a ser un gobierno con limitaciones a quitar las trabas estructurales del crecimiento (que, para el analista, es la dolarización de la economía) y del empleo y que por su naturaleza empresarial intentará fortalecer a un grupo".

No obstante, eso no quiere decir que no pueda tener un impacto positivo en el crecimiento económico, según Villalona, "si se genera inversión extranjera, inversión privada".

Un cambio en política exterior

En ese sentido, el peso de Estados Unidos, primer socio comercial del país, sigue siendo crucial y ahí se evidencia uno de los primeros virajes del presidente en materia exterior.

Según los datos del gobierno, alrededor de "un tercio" de los salvadoreños vive fuera del país, el 80% de los cuales está en Estados Unidos. Sus remesas constituyen un pilar fundamental de la economía del país centroamericano.

Bukele ya ha dado pasos para estrechar su relación con la Casa Blanca, pese a las amenazas y descalificaciones de Donald Trump hacia El Salvador y los inmigrantes que llegan a EE.UU. de ese país.

"Hay algo muy importante y por eso estamos aquí. La relación de El Salvador con EE.UU. se ha erosionado en los últimos diez años por temas de ideología o por falta de pragmatismo (...) Nosotros no queremos ser ayudados, queremos hacer negocios con ustedes", dijo en su primer discurso público desde que fue elegido, en la Heritage Foundation de Washington.

Las ausencias a la toma de posesión dan fe de los otros cambios de Bukele en esta área, en concreto, con sus vecinos centroamericanos.

Ni Nicolás Maduro (Venezuela), ni Daniel Ortega (Nicaragua) o Juan Orlando Hernández (Honduras) fueron invitados a la ceremonia, un "distanciamiento claro y total" que, según el promotor de Nuevas Ideas Walter Araújo, marca la ruptura con la política exterior del anterior gobierno del FMLN.

En Twitter, Bukele se mostró muy crítico con los tres mandatarios y aseguró: "Dictadores como Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua y Juan Orlando en Honduras jamás tendrán ninguna legitimidad, porque se mantienen en el poder a la fuerza y no respetan la voluntad de sus pueblos".

Bukele también criticó al presidente de Guatemala, Jimmy Morales, al considerar el pasado mes de enero que tanto el mandatario y sus aliados "ya traspasaron los límites de la legalidad varias veces", por el conflicto con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).

No obstante, según la Agencia Efe, Morales si fue invitado a la toma de posesión de Bukele.

¿Podrá alguno de estos enfriamientos de las relaciones llevar a una completa ruptura de relaciones? Los analistas de la política salvadoreña no coinciden en este aspecto, pero para averiguarlo, advierten, habrá que estar atentos a Twitter.

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