La excepcional inmunidad de los murciélagos les permite convivir con el coronavirus sin caer enfermos. Y el secreto puede estar en su código genético.

Es por eso que un grupo de científicos, tras haber secuenciado el genoma de seis especies de murciélagos, espera poder usar esa información para abrir caminos para el tratamiento de esta y futuras pandemias.

Emma Teeling, profesora del University College de Dublín, señala que las "exquisitas" secuencias del genoma que han descifrado sugieren que los murciélagos tienen "sistemas inmunes únicos".

"Si pudiéramos imitar la respuesta inmune de los murciélagos a los virus que pueden tolerar, entonces podríamos apuntar a encontrar una cura", dijo a la BBC.

La experta señala que ahora se tienen las herramientas para poder entender los pasos que se deben tomar.

"Necesitamos desarrollar los medicamentos para hacerlo", añade.

Teeling es cofundadora del proyecto Bat1K, cuyo objetivo es decodificar los genomas de las 1.421 especies de murciélagos conocidas.

"Estos genomas son las herramientas necesarias para identificar las soluciones genéticas desarrolladas en los murciélagos que en última instancia podrían aprovecharse para aliviar el envejecimiento y las enfermedades humanas", afirmó.

Se cree que la covid-19 surgió en murciélagos y pasó a los humanos a través de otro animal, aún no identificado.

También se estima que una serie de otras enfermedades víricas, como SARS, MERS y el ébola, saltaron a los humanos de esta manera.

Los ecologistas y conservacionistas han advertido que los murciélagos no deben ser perseguidos y que cuando no se les molesta en sus hábitats naturales representan poco riesgo para la salud humana.

Y son vitales para el equilibrio de la naturaleza.

Muchos son polinizadores, dispersan las semillas de la fruta y otros son insectívoros, comen millones de toneladas de insectos por noche.

¿Qué revelan los genomas?

Fueron secuenciadas seis especies de murciélagos:

  • el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum),
  • el murciélago egipcio de la fruta (Rousettus aegyptiacus),
  • el murciélago de nariz de lanza (Phyllostomus discolor),
  • el murciélago ratonero grande (Myotis myotis)
  • el murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhlii)
  • y el murciélago de cola libre aterciopelado (Molossus molossus).

Al comparar los murciélagos con otros 42 mamíferos, pudieron descubrir dónde se encuentran estos animales dentro del árbol de la vida.

Los murciélagos parecen estar más estrechamente relacionados con un grupo que consiste en carnívoros (perros, gatos y focas, entre otras especies), pangolines, ballenas y ungulados (mamíferos con pezuñas).

Un rastreo de las diferencias genéticas identificó regiones del genoma que evolucionaron de manera diferente en los murciélagos, lo que puede explicar sus habilidades únicas.

El trabajo de investigación reveló genes que pudieron contribuir a la ecolocación (calcular distancias a través del sonido), que los murciélagos usan para cazar y navegar en la oscuridad completa.

¿Cómo podría ayudar esta información a combatir la actual y las futuras pandemias?

El estudio tiene implicaciones para la salud y las enfermedades humanas, al revelar una gran cantidad de cambios genéticos que brindan protección a los murciélagos contra los virus.

Los investigadores piensan que el conocimiento de los genomas de los murciélagos podría ayudar a explicar cómo los mamíferos voladores toleran las infecciones por coronavirus, lo que, en el futuro, puede ayudar a combatir las pandemias.

"Estos cambios pueden contribuir a la inmunidad excepcional de los murciélagos y apunta a su tolerancia a los coronavirus", afirmó Michael Hiller, del Instituto Max Planck de Biología y Genética Celular Molecular de Dresde, Alemania.

En muchas infecciones virales, no es el virus en sí el que conduce a la muerte, sino la respuesta inflamatoria aguda provocada por el sistema inmunitario del cuerpo.

Los murciélagos pueden controlar esto. Entonces, aunque pueden estar infectados, no muestran signos visibles de enfermedad.

Esta investigación se publica en la revista Nature.

 

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